La ciudad
Viernes 01 de Septiembre de 2017

Una mujer y su hijo vivieron un calvario a manos de ladrones

Cuando el padre bajó a comprar facturas, dos delincuentes le robaron el auto y tomaron a ambos de rehenes. Los liberaron 40 minutos después en una villa

Una familia rosarina atravesó ayer una jornada extremadamente angustiante en la zona sudoeste de la ciudad. En horas de la mañana, un matrimonio y su hijo de 10 años que se trasladaban en su auto particular vivieron un trance repleto de escenas de aflicción y extrema tensión. Cuando se detuvieron y el padre bajó para realizar compras en una panadería, dos delincuentes armados aprovecharon la ocasión y se llevaron el vehículo, con la madre y el niño dentro del mismo. Ambos fueron liberados un poco más de media hora después, en el interior de un asentamiento situado en la zona de Iriondo y Cagancha.

Fueron minutos de tremenda inquietud, de mucho miedo para los integrantes de esta familia. Afortunadamente, la madre y el chico fueron liberados unos minutos más tarde en buen estado físico, pero bajo un estado de shock y conmoción psicológica desestabilizadores.

Los malvivientes, por su parte, huyeron con el auto.

Teniendo en cuenta lo investigado por los agentes policiales, el episodio comenzó en Biedma e Iriondo, en el sector sudoeste de la ciudad. La pareja y su hijo de 10 años se movilizaban en un Fiat Idea color gris plata, y en ese tramo decidieron detenerse para efectuar unas compras en una panadería.

Querían comer unas facturas y eligieron pasar por el local donde habitualmente compraban este tipo de alimentos.

En ese momento, Claudio, el padre de esa familia, descendió de su auto e ingresó al comercio, donde compraba recurrentemente, sin imaginar lo que le estaba por ocurrir.

Allí, mientras entraba al negocio, dos delincuentes se subieron al Fiat y salieron a toda velocidad, con la mujer y el nene a bordo, privados de la libertad.

Al ser alertado de esta situación por los empleados de la panadería, el muchacho sólo atinó a salir corriendo detrás del auto secuestrado. Pero el intento fue inútil, los maleantes se perdieron rápidamente y el padre quedó masticando bronca, sin poder procesar debidamente lo que estaba observando.

En ese marco, todo era desesperación y nervios. Y ante la falta de claridad para tomar decisiones, ya que sólo pensaba en lo que le podía suceder a su mujer y su hijo, Claudio fue a realizar la denuncia a la comisaría de la zona, para arrancar desde ahí la búsqueda.

La odisea

Lo que debieron experimentar la mujer y el niño fue un verdadero calvario que duró alrededor de 40 minutos, pero que les pareció eterno.

Vivieron situaciones de robo y amenazas, trascendió que los ladrones les pidieron durante ese breve lapso las cosas de valor, dinero, celulares y todo lo que tenían encima en ese momento, y por suerte no hubo acciones de violencia mayores.

Así, ambos fueron liberados en una calle de tierra, en un asentamiento irregular ubicado en Iriondo y Cagancha, ilesos, pero envueltos en un apretado manto de nervios que no les permitió saber dónde estaban, y que también atentaba contra cualquier posibilidad de expresión.

El reencuentro con Claudio no fue nada sencillo. La madre y el hijo, con lágrimas en los ojos y llantos desconsolados, tuvieron que caminar varias cuadras en busca de ayuda, en un contexto de intranquilidad y de exposición total, hasta que pudieron dar con un vecino que los acompañó y acercó a la unidad policial más cercana.

iriondo y cagancha. La zona donde fueron liberados la madre y el niño

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