La ciudad
Lunes 12 de Junio de 2017

Un mundo oscuro, de adicciones y violencia, contado en primera persona

El viernes se presentará "La Comunidad. Viaje al abismo de una granja de rehabilitación", el libro de Pablo Galfré sobre la granja San Camilo.

"Hace ya tiempo que investigo a las «comunidades terapéuticas», las famosas «granjas de rehabilitación de adictos». Este mundo entrecomillado donde nada es lo que parece", arranca el periodista porteño Pablo Galfré en el prólogo de su libro "La Comunidad. Viaje al abismo de una granja de rehabilitación", que será presentado por el psicólogo social Ricardo Bergesio el viernes próximo, a las 19, en el Centro Cultural La Toma (Tucumán 1349). De entrada nomás el autor —también investigador del caso Carrera, nudo del documental "El Rati Horror Show"— se para en un lugar que no mitifica ni sacraliza nada: a la vez que denuncia abusos y vejamenes desgarradores, hipermedicalización, terapias arcaicas y represivas que lastiman e idiotizan a los pacientes, no disimula que sus dramas también despiertan rechazo: "Dolores de espalda, insomnio, pesadillas, asco".

   Por ejemplo, habla de "pendejos que vuelven locos a sus padres o que abandonan a sus hijos para irse a tomar falopa", "padres y madres que prefieren dejar encerrados durante años a sus vástagos antes de reconocer que son parte del problema".

   Sin contar los otros, "aquellos de la peor calaña, los conversos que se transforman en «operadores» y maltratan a sus ex compañeros. Otros que se creen prohombres en una lucha ficticia contra las drogas, pero que en realidad encarnan lo peor de este sistema".

   "La Comunidad" está estructurada por capítulos. "Episodios", los llama Galfré, bautizados con los nombres de cada paciente entrevistado. Axel, Lucas, Matías, Facundo, Mariel... Entre ellos también está Laura, rosarina, cuyo epígrafe reza: "Si te portás como un animal, te vamos a tratar como a un animal".

El "engomado"

   La chica, que permaneció "556 días y 10 horas" en San Camilo por orden judicial a pedido de su madre por abuso de sustancias "en plan after" (nada que ver su situación con la de los chicos supuestamente derivados ahora por Niñez), relata castigos como el "engomado": un encierro que se transita "dado vuelta de pastas (tranquilizantes) y sin visitas". O ser atados a colchones previamente rociados con gas pimienta. Para zafar, dice, había que "obedecer" y "traicionar".

   "Me fui encontrando constantemente con discursos que naturalizaban esa violencia, hasta de parte de los propios pacientes y de familiares, de padres hartos o desesperados que no podían asumir su responsabilidad y pedían que no los dejaran salir más", cuenta Galfré.

   Otro de los pacientes, Matías (24), una vida tremenda desde la primera infancia, pinta al lugar como una "mezcla de caretaje y pibes más bardo"; chicos pudientes, que consumen cocaína, éxtasis o pastillas, internados gracias a Osde, y otros que llegan por derivación judicial, adictos al paco o a lo que encuentren y con prontuario a la rastra. El relato de Matías es escalofriante. Habla de castigos hasta por electrocución.

Gas pimienta

   Otros pibes, como Facundo, logra zafar gracias a que su madre le creyó. Mariel relata abusos y gas pimienta directo a los ojos. Hasta que en la saga de Galfré aparece Mauro, o el recuerdo de Mauro: un pibe que supuestamente se suicidó el 14 de junio de 2013, mientras estaba "engomado" en una celda de aislamiento. Luego se devela su verdadero nombre, Saulo. Saulo Rojas.

   Por su muerte el Poder Judicial acaba de imputar por homicidio culposo al ex director terapéutico de San Camilo, Alejandro Jacinto, y a su actual director médico, Sergio Rey.

   Antes hubo otra muerte, la de Felipe Mariñiansky, un muchacho que arrastraba un retraso madurativo y varias enfermedades, y por cuya vida San Camilo no hizo demasiado, cuanto menos no lo que debía.


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