La ciudad
Martes 06 de Junio de 2017

Un muchacho se cambió el nombre para no sufrir más

Un hombre vivió situaciones traumáticas gran parte de su vida a raíz de esto y ahora la Justicia lo autorizó a llamarse distinto

El nombre que le pusieron cuando nació no le hizo pasar una buena infancia. Cuando era chico, se aislaba del resto de los nenes de su edad y vivió "terribles situaciones traumáticas". Ya de grande, la tortura que para él implicaba llamarse de ese modo lo llevó a no tener nada registrado formalmente a su nombre, ni bienes, ni un trabajo en blanco. Ni siquiera iba al médico para que su nombre no quedara asentado en una planilla. En 2015 recurrió a la Justicia para terminar con esta situación. Ahora, el Juzgado Civil y Comercial Nº 3 lo autorizó a dejar en el olvido su primer nombre y cambiarlo por otro que no le cause malestar.

La jueza Marisa Malvestiti, que subroga en el Juzgado Civil y Comercial Nº 3, fue quien rubricó la resolución que autoriza a M. a cambiar su primer nombre por otro, manteniendo el segundo nombre y el apellido.

Según indicó la magistrada en el fallo, "la infancia del peticionante estuvo marcada por un fuerte rechazo hacia su prenombre y todo lo que implicara su utilización o rúbrica, como el aislamiento en las instituciones juveniles y sociales, manifestando que no sólo carece de cobertura social o bienes a su nombre, sino que también rehusa de atención médica hasta niveles alarmantes, únicamente por el hecho de no dejar registros de su identidad en los centros respectivos". Tampoco puede "concretar un trabajo registrado". Es que para el demandante, el simple hecho de que una persona se dirija a él "con el prenombre «M», lo sumerge en un estado de depresión y recrea tortuosamente en su fuero íntimo" hechos traumáticos.

Malvestiti entendió que el nombre es uno de los "pilares fundamentales de la identidad de las personas" y que éste representa "el primer rasgo no visual que define vínculos entre los integrantes de una comunidad".

"Todas aquellas cuestiones relacionadas con la identidad, que van desde el nombre hasta la elección del género, no pueden quedar al arbitrio y consideración de terceros", destacó la magistrada en su resolución.

Infancia traumática

En este sentido, la jueza remarcó que "el hecho generador por el cual el accionante solicita el cambio de su prenombre se funda en las terribles situaciones traumáticas que, según expone, tuvo que atravesar en su infancia".

Tal vez por eso el muchacho construyó su vida adulta en torno a un nuevo nombre que él mismo eligió. "El joven actor ha tratado de construir su personalidad, su identidad, su vida social y familiar con el nombre S. El hecho de que no sea este el que figura en su DNI y demás documentación le ha causado situaciones desvaliosas, impidiéndole desarrollar y disfrutar plenamente su vida, en todos los aspectos que la misma conlleva; inclusive contraer matrimonio y tener hijos", argumentó la jueza, que consideró que, de no concederle el cambio de nombre, su dignidad también se vería severamente afectada.

Por eso mismo, la magistrada hizo lugar a la demanda, autorizó a M. a cambiar su nombre por S., y ofició al Registro Civil para que lleve a cabo el trámite.

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