La ciudad
Domingo 18 de Diciembre de 2016

Un mamut incómodo en Pichincha

En esta ciudad son varios los que se mueven por espasmos y sin inmutarse ante noticias incómodas. La tan mentada convivencia es un rótulo que pulula sin cansancio por los discursos oficiales y se desarma a pedazos en los relatos de noches en vela que narran los rosarinos.

   Cuesta entender que los vecinos tengan que ir al Concejo para quejarse de los ruidos que genera un autodenominado "club social y cultural" que determinadas noches da rienda sueltas a fiestas con música a muy alto volumen. Advierten que varias veces llamaron a la GUM para quejarse al respecto, y no obtuvieron respuestas.

   Nómade, un reducto ubicado en Ovidio Lagos 68 bis y convertido en un sitio de culto por la juvenil militancia radical de Franja Morada, alteró la vida de varios en Pichincha. Y los vecinos se lo tuvieron que explicar a algunos concejales que tienen a ese sitio como un caballito de batalla para exigir que se lo encuadre como "bar cultural", lo que le permitiría acceder a exenciones y rebajas en el pago de impuestos y tasas municipales.

   Hasta el martes de esta semana, cuando un grupo fue a la comisión de Gobierno a pedir que alguien "hiciera algo" para que el bar al menos intentara desplegar una actividad que favoreciera la convivencia, la "agenda cultural" de Nómade incluía un extenso evento este fin de semana.

   "La fiesta del Mamut" (el bar cultural tiene una imagen de ese animal prehistórico como estandarte) era organizada por Franja Morada para despedir el año.

   Así, la agrupación que apoyó abiertamente la candidatura de una concejala radical que, casualidad o no, impulsa la ordenanza de bares culturales, proponía "revolear los apuntes" en una fiesta con "mucho cachengue para bailar".

   La Fiesta del Mamut se promocionaba en las redes sociales con entradas a 50 pesos, promos de Fernet, Campari, tragos y cerveza toda la noche y un "patio al aire libre" con barra y "el mejor cachengue".

   Para que no faltara nada, hasta incluía metegol y "sorpresas toda la noche". La frutilla del postre llegaba con el horario: arrancaba el viernes a las 23.30 y culminaba el sábado a las 6.

   Como se ve, todo muy cultural. La tuvieron que suspender (en rigor, anunciaron por las redes sociales que la hacían en la otra cuadra) luego de que La Capital publicó las quejas de los vecinos en la comisión de Gobierno.

A favor de la convivencia

El espasmo incluyó la cancelación de toda la agenda nocturna del bar por el plazo de 35 días y la puesta en marcha de una obra de insonorización del local.

   "Es nuestra vocación y compromiso generar todas las acciones necesarias para favorecer la convivencia con todos y entre todos", reza el comunicado que llevó la firma de Nómade, Club Social y Cultural.

   La tan mentada convivencia se podría haber pregonado desde abril, cuando se inauguró el bar, y no a fines de diciembre, cuando un título en el diario incomodó a varios. Más allá de esto, tal vez los vecinos puedan conciliar el sueño.

   Mientras tanto, sectores que se definen como "progresistas" parecen no ver lo que sucede con los bares que ellos apoyan abiertamente en su lucha por ser "culturales". Deberían recordar que esta ciudad es de todos, y no sólo de quienes les hacen el aguante en las campañas políticas.

   Seguramente esos mismos "radicales progresistas" apoyarán el pedido de informes que impulsan otros concejales para saber cuántas inspecciones se hicieron en el lugar y si se labraron multas al respecto.

   Por lo pronto, "la Fiesta del Mamut" se quedó sin cachengue.

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