La ciudad
Domingo 01 de Octubre de 2017

Un juez lo dio en adopción sin el aval de su madre y él la buscó durante treinta años

Leandro tiene 33 años y hace unos meses se reencontró con su mamá biológica. Tenía un año y medio cuando su familia adoptiva selló los trámites para hacerlo su hijo.

Leandro tiene 33 años y hace unos meses se reencontró con su mamá biológica. Tenía un año y medio cuando su familia adoptiva selló los trámites para hacerlo su hijo. Sus papás le decían que era su "hijo del corazón", pero él recién terminó de entender que eso significaba que no compartía su sangre a los cinco años, cuando un vecinito de San Carlos Centro (donde se crió) le dijo que era adoptado.

Hace unos meses, supo que su mamá biológica no lo había abandonado. Y que hasta libró una infructífera batalla legal de tres años que llegó hasta la Corte provincial, pero no consiguió que le restituyeran el bebé que le habían sacado en 1985.

"Mi mamá era de Gualeguay, Entre Ríos, y por trabajo se fue a vivir a Santa Fe capital", contó Leandro. Se llevó con ella sólo al más chico de sus hijos. El tenía apenas un año y se llamaba Julio. "En un momento tuvo que volver a Gualeguay por una semana, y como no me podía llevar me dejó con la dueña de la pensión donde vivíamos". Pero tardó un poco más de siete días en volver y, cuando lo hizo, su bebé ya estaba en manos de la Justicia. El juez a cargo del caso entregó en adopción al pequeño Julio a una pareja que hacía mucho esperaba un niño. Desde ese día lo llamaron Leandro. La idea de intentar encontrar a la mujer que lo había llevado en el vientre estuvo con él siempre. "Yo sentía que si hacía esa búsqueda mi papá y mi mamá iban a pensar que era un desagradecido", reflexiona.

El primer movimiento lo hizo en 2006. "Me habían dicho que había estado en Casa Cuna de Santa Fe, así que fui, pero no me dieron respuesta y me frustré", contó Leandro, que abandonó la búsqueda hasta 2009. "Ese año me divorcié de la mamá de mi nene, que tiene diez años, y vine a Rosario a buscar trabajo", recordó el hombre que hoy trabaja en la planta impresora de La Capital y hasta ese momento lo había hecho en una empresa láctea y en algunos medios locales.

"Cuando me mudé volví a llamar a Casa Cuna", dijo. Tampoco consiguió información. "Pensé que no me iba a picar más el bicho. Y hace poco, cuando falleció mi papá, me animé de nuevo. Quizá porque sentía que al que más le iba a fallar si buscaba a mi familia biológica, era a él".

Dio con la Secretaría de Derechos Humanos al ver un spot en Facebook. Tras tramitar los legajos judiciales de su adopción, dieron con su mamá y una hermana, que viven en Gálvez. Los primeros contactos fueron telefónicos y después viajó a conocerlas. Se encontró con una mamá y seis hermanos que siempre esperaron volver a ver a Julio, y ahí lo tenían. "Ahora estoy construyendo mi historia, pero para adelante, porque no podemos hacer nada con lo que ya pasó. Me pregunto a veces qué hubiera pasado si el juez no tomaba esa decisión. Porque a mí nunca me faltó nada, mis padres me dieron todo, pero siento que me perdí de muchas cosas", reflexionó Leandro, que encontró en algunos gestos y en su costado más bohemio la conexión con su familia de sangre.

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