La ciudad
Domingo 16 de Julio de 2017

Un hobby poco común: exploradoras de sitios abandonados

Vanesa Guzmán y Mariela Pereyra detectan, recorren y registran en imágenes distintos lugares. Forman parte de una movida internacional

Vanesa Guzmán enciende una luz led de emergencia, acomoda la mochila, sostiene la cámara y comienza a bajar por escalones ennegrecidos hacia un socavón oscuro. Un breve silencio precede al relato: "Es un sótano, dicen que había un polígono de tiro, hay un pasillo estrecho, no puedo avanzar más". La exploración había comenzado en una casa abandonada de una localidad cercana a Rosario. Una de las tantas del catálogo de fotos que actualiza en internet, para otros buceadores de misterios a la distancia.

En junio del año pasado, junto a Mariela Pereyra, Vanesa fundó el Club Rosarino de Exploradores de Lugares Abandonados (Crela). Desde entonces repiten el rito: detectarlos, recorrerlos y registrarlos en fotos y videos, eso sí, respetando cada sitio al que consideran una obra de arte cincelada por el tiempo.

El insólito hobby confluye en Urbex, un movimiento internacional que inició el joven canadiense Jeff Chapman, desde los lugares no transitados del hospital donde estuvo internado antes de su muerte. La movida lleva pocas décadas pero amplia difusión en internet y sus redes, algo ideal para compartir la actividad a través de siete mares.

La curiosidad es su primer argumento, pero como se sabe las primeras respuestas son iceberg. No tan explícita queda la fascinación frente a pasado, misterio, desolación y por qué no, franquear límites. Más. Hasta algo de satisfacción por ser originales, casi de juego cerrado en la acción, pero expectantes cuando a través de sus fotografías, miles de miradas exorcizan el olvido.

Imágenes de ayer

Crela tiene una página web que visitan sus seguidores (fan page) y un canal de YouTube donde suben sus incursiones diurnas y nocturnas, que son las menos pero también las hubo. Las exploraciones corren sólo por cuenta del dúo que se asume como de las "pocas mujeres" del hobby. Las salidas en grupo no pasan de cinco invitados para garantizar el respeto de sus reglas que son estrictas para preservar el lugar.

Según Guzmán y Pereyra, el movimiento surgió en Argentina en 2010, aunque en Europa ya está consolidado, en especial en España. A nivel nacional funciona el Club Argentino de Exploradores Urbanos (Caela), en Buenos Aires, y hay experiencias similares en Mendoza, San Luis y Córdoba.

"Allí hay mayor riqueza en sitios abandonados, en Rosario duran poco, los demuelen o los usurpan", explican. En la ciudad realizaron una decena de exploraciones en la zona centro y oeste y piensan compartir la acción con sus pares de otras provincias. Viven en barrio Triángulo, trabajan, en atención al cliente y en fotografías, respectivamente; el tiempo que les queda libre, va de lleno a Crela.

"Es una pasión, cuando era chica había una casa abandonada al lado y me gustaba recorrerla, como un sitio a la vuelta de la escuela secundaria", relata Vanesa. Para Mariela, el interés arrancó en 2008, cuando haciendo fotografía social llegó a una fábrica abandonada "fue una sensación especial, me atrapó el misterio", comenta.

Tiempo y enigma

A simple vista no habría más que eso. El viaje, el registro fotográfico y la exploración previa que resulta tan insólita como el hobby: en pleno domingo de Pascuas, mientras las sobremesas se alargaban en el mundo, el dúo con sus cámaras recorría Acebal, tras una intuición que al final dio resultado.

Claro que para los amantes de estos sitios de nadie, la experiencia es menos lineal de lo que parece. Para comenzar dicen que codearse con el pasado y el misterio no es para cualquiera, sólo para quienes puedan entender que están "descongelando el tiempo". "Disfrutamos de la paz y el silencio que los rodea, somos testigos de cómo la naturaleza se apodera nuevamente de sus dominios", dicen. Hay más son estrictos con las reglas autoimpuestas por el hobby: no tocan, no rompen, no vandalizan, no mueven nada del lugar y no fuerzan ingresos. Pero sobre todo, no dan la ubicación geográfica para no llamar la atención sobre los sitios de visitantes con menos código.

Hay un reto sutil entre esos enigmáticos oasis derruidos y la posibilidad de recorrerlos, aún con riesgos potenciales. Adrenalina consciente. "Tomamos todas las precauciones, en algunos lugares puede haber alguien inesperado u ocupantes, en otros casos pozos, alimañas o peligro de derrumbe", explican.

Pero no siempre se trata de ruinas. En ocasiones ven muebles u objetos abandonados; en ese caso la imaginación se eyecta hacia escenas arcanas. "Nuestro objetivo es conocer la historia del lugar, quiénes vivieron, qué pasó, pero nada de cuestiones paranormales", aclaran.

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