La ciudad
Domingo 30 de Abril de 2017

Un cambio de actitud en pleno año electoral

En una semana signada por las críticas derivadas del caos de tránsito en el centro de la ciudad, la intendenta Mónica Fein ratificó su decisión de no restringir totalmente el ingreso de vehículos a ese sector

En una semana signada por las críticas derivadas del caos de tránsito en el centro de la ciudad, la intendenta Mónica Fein ratificó su decisión de no restringir totalmente el ingreso de vehículos a ese sector y puntualizó que las obras en el casco histórico continuarán, a pesar del pedido de suspensión momentánea que impulsa un sector de comerciantes.

Ambas decisiones muestran un cambio de actitud en el Ejecutivo, que hasta no se hace mucho tiempo bregaba por consensos que terminaban plasmando situaciones por demás de conflictivas, como la polémica bicisenda de calle Salta.

Allí, para no entrar en cortocircuito con los comerciantes que pusieron el grito en el cielo cuando se quiso prohibir el estacionamiento, sumar el beneplácito de los ciclistas y extender la política de carriles exclusivos, conviven todos los actores: parking a la izquierda, ciclovía del mismo lado, carril rápido para particulares por el centro y exclusivo para transporte público a la derecha.

Demás está decir que frenar para estacionar un vehículo en esa arteria, entre Francia y Oroño, ocasiona más de un trastorno y no son pocos los ciclistas que resultan lesionados cuando alguien abre una puerta de un auto para descender. Claro resultado de la política del helado caliente. Es decir, un híbrido, una situación prácticamente caótica que conformó a los actores territoriales, pero que terminó resultando peligrosa para la seguridad vial.

Esa actitud es diametralmente opuesta a la actual. En un año electoral, donde la coalición gobernante pone en juego nada más, y nada menos, que cinco bancas en el Concejo Municipal, Fein enfrenta las críticas y ratifica su política de movilidad y patrimonio.

Era consciente de que una obra de la magnitud de la que se está realizando en calle Sarmiento iba a generar inconvenientes. Sin embargo, tomó la decisión de avanzar en un cambio integral de la fisonomía del casco histórico y sigue adelante. La política del helado caliente parece quedar atrás.

Es criticable la inexistencia de un mapa de tendidos subterráneos, lo que deriva en que los operarios que realizan los trabajos ya hayan rotos dos veces caños de gas y uno de agua. Sin dudas una falencia que alarga los tiempos de obra más allá de lo previsto, pero que sería muy injusto achacarle a esta gestión. El tendido subterráneo es en algunos casos más que centenario. Los pioneros de esta ciudad no lo tuvieron en cuenta y hoy se pagan las consecuencias.

Lo que no se entiende es cómo el Centro de la Movilidad no detectó antes que el tránsito sobre calle Santa Fe era un caos y sólo se actuó luego de que el hartazgo de los vecinos llegó a la tapa de este diario.

Más vale tarde que nunca, reza el viejo refrán. Y así aparecieron los inspectores y se enunció el desvío de recorridos de ómnibus para descomprimir la situación.

Puertas adentro del gabinete los reproches entre las distintas áreas que deberían haber actuado (Tránsito, Movilidad y Obras Públicas) están a la orden del día. Las grandes transformaciones urbanas generan inconvenientes, y más si se dan en el sector de la ciudad por donde circula el 90% de las líneas de colectivos y se mueven a diario más de 600 mil personas.

El municipio no actuó con celeridad, pero es justo reconocer que, a pesar de la demora en la implementación de los cambios, el jueves de esta semana la postal era distinta. Y en el Ejecutivo están convencidos de que con las modificaciones de recorridos de las líneas 125, 128 y 143 que empezarán a operar el próximo 7 de mayo, mejorará aún más. Resta entender que en algunas arterias será muy difícil que un futuro convivan todos los actores del tránsito.

Mientras tanto, se asumen las responsabilidades pero no se cambia un ápice el rumbo hacia el objetivo mayor: la renovación del casco histórico. Un dato no menor en una gestión en la que la constante búsqueda de consensos la ha llevado a trazar políticas erróneas. Y en un año donde los congestionamientos y las demoras que eso conlleva les vienen como anillo al dedo a candidatos opositores. Habrá que distinguir quién hace política de la coyuntura y quién traza lineamientos de largo plazo y estructurales, más allá de los cronogramas electorales.

Nuevos tiempos

Esta semana también trajo consigo otras postales de cambio. El ministro del Interior de la Nación, Rogelio Frigerio, llegó a Rosario para inaugurar junto al gobernador Miguel Lifschitz 244 viviendas en la zona noroeste. En la construcción de estas casas los tres estamentos del Estado trabajaron juntos: la Municipalidad aportó el terreno, la Nación financió el 53% de los 345 millones de pesos que implicó hacerlas y la provincia el 47% restante.

Algo parece estar cambiando. Un claro ejemplo de que administraciones de distinto color político también pueden trabajar juntas.

Un dato contrasta con esta realidad y le da aún más relieve a lo que se describe: durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner en Rosario no se hizo una sola vivienda con fondos nacionales. "Nos cansamos de golpear el despacho de Julio de Vido (ex ministro de Planificación Federal entre 2003 y 2015) y jamás obtuvimos respuestas", remarcó esta semana el ex gobernador y hoy presidente de la Cámara de Diputados provincial, Antonio Bonfatti.

Como se ve, la democracia madura, y eso es lo más importante.

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