La ciudad
Sábado 15 de Abril de 2017

Un barrio que cada año late al ritmo de inagotables muestras de fe

Las historias de amor y agradecimiento se repiten en las zigzagueantes calles del complejo habitacional de la zona noroeste.

Agradecer y pedir. Como los mandatos tempranos de la infancia, decir por favor y gracias. Sólo que en esta ocasión no es cortesía cotidiana sino recados a lo sobrenatural, con la fe como salvoconducto. Así le hablan a Dios los miles y miles de fieles que acuden al Vía Crucis del Padre Ignacio, como ellos denominan a la liturgia más convocante de la ciudad y el país. Salud, curaciones, bienestar, paz en el corazón y que vuelvan a encarrilarse los que equivocaron el camino del bien. Así podrían resumirse los encargos y, como se ve, no quedaría mucho bajo el sol para desear profundamente, como los peregrinos en barrio Rucci.

   ¿Cómo es la mañana del Viernes Santo en la parroquia de Ignacio? De la tarde y la noche se conoce mucho, pero la mañana como preludio a la inmensa convocatoria tiene lo suyo. Llegan los primeros peregrinos. Algunos muy temprano, se los ve con camperas gruesas, termos y bolsas de plástico con sandwhich y masitas. Se convidan entre ellos, se sientan en los tapialcitos con las cosas que cargarán durante todo el día, unos a otros se comentan "están confesando", y de tanto en tanto cambian de lugar para iniciar una charla.

   El contorno de la Parroquia Natividad del Señor va tomando color desde temprano. En Camino de los Granaderos y Palestina, el Padre Ignacio da los últimos controles al palco, donde finaliza la marcha del Vía Crucis, mientras una canción religiosa ya ameniza la mañana de sol generoso.

En primera persona

Los primeros testimonios arrancan fuerte. Segunda Luna (80) y sus hijas Dora Aballay y Daniela Aballay (51 y 55) vinieron en familia desde Córdoba capital, Jesús María y Colonia Caroya. Se pasaron a buscar, como desde hace cuatro años, cuando fueron testigos de una sanación que definen milagrosa sin vueltas.

   "De esa curación nace mi creencia, por eso vengo a pedir por mí y mis hijos", dijo Dora. Fue Segunda la encargada de explicar. "A los 38 años mi hijo David tenía cáncer de pulmón, estaba ya para operarse, un día estábamos almorzando y se sentía mal, de pronto alguien dijo «por qué no vamos del Padre Ignacio» y ahí dejamos todo como estaba en la mesa, subimos a los autos y vinimos", relató la mujer mayor del grupo.

   "Era un domingo, y como él no creía en nada de nada, sólo en sus cosas, se quedó parado en la puerta de la Iglesia. Mientras pasaban las remesas él seguía paradito ahí, afirmado, porque ya no podía más", continuó contando Segunda. Al final pasó. "El Padre Ignacio lo abrazó y le puso la mano en la espalda y le dijo: «Decíle a tu familia que no se preocupe por tu enfermedad». Eso lo escuchamos nosotros que estábamos detrás", contó. Y David, que había llegado a la parroquia Natividad del Señor casi a los empujones, en ese instante fue otro. Pero faltaba la sorpresa más importante.

   "A la semana tenía las últimas radiografías para operarse y el médico le dijo: «No puede ser, no tenés nada, ¿qué haz hecho?». Y David le dijo: «He ido al Padre Ignacio»", relató Segunda y recordó que nadie lo podía creer porque "en las radiografías daba negro la mitad de un pulmón".

   Hasta hoy David está bien, aseguró su familia. Y Segunda agregó que en esta ocasión pedirá por su nieto, que es "muy buena persona pero se junta con compañeros que no andan bien, lo echan a perder, por eso pediremos a Dios". Ayer habían llegado temprano para ser de "las primeras", mientras mostraba mate y comida.

   La historia de Ramoncito también asombra y es Patricia Galván (46) la encargada de contarla. "Es un vecino que tenía problemas en los riñones desde que nació. Llegó a ver al Padre Ignacio con 30 kilos de peso. Tenía 17 años, no encontraban donante para él y llegó hasta la parroquia muy grave", contó.

   Inmediatamente trazó un paralelo con la actualidad. "Ahora vaya y véalo, es un chico normal y juega al fútbol", aseguró Patricia y dijo que los médicos se quedaron asombrados porque lo medicaban y lo internaban desde que era bebé.

Cuestión de fe

¿Qué es un milagro? Las mujeres piensan. "Por ejemplo, en el caso de mi hijo el milagro fue que Dios lo premió sacándole la enfermedad", reflexionó Segunda. Patricia fue la encargada de relacionar el tema con la fe, sin la cual "no hay nada".

   Sentada desde muy temprano, Martina Barreto, una instrumentadora quirúrgica de 55 años que llegó ayer hasta el barrio Rucci desde Rafael Calzada, desbordaba fe desde el saludo. "Qué Dios te bendiga", enfatizó.

   A renglón seguido, contó que su padre superó un cáncer de próstata. "Tengo comprobado el don que recibió el Padre Ignacio, Dios es todo en mi vida, más que mis hijos, mi madre y mi esposo". Para la mujer, las vivencias son las que cuenta. Ella puede aportar no sólo las personales, sino también la de Ely, su amiga y colega, que viajó después de muchos años de esperar un hijo, y lo logró.

   Norma Gorosito, José y Milagros Cejas llegaron ayer desde Buenos Aires por primera vez a pedir por su nietito y un hermano de la mujer, que se dializa. Con una fe generosa "vamos a pedir por las intenciones de todos los que están acá", aseguró. Y dijo que vinieron por un testimonio que conocieron de primera mano. "El Padre Ignacio sanó a la hija de una amiga mía que tenía epilepsia, hoy tiene 25 años y está perfecta", explicó. "Me parece bien venir, por mi tío y mi sobrinito, haber venido en familia a compartir", dijo Milagros, aunque aclaró que no tiene fe.

   Todos estaban ayer en las serpenteantes calles de barrio Rucci. Un sector de la ciudad que, cada año, vibra y se transforma con el Vía Crucis que encabeza el sacerdorte oriundo de Sri Lanka, que hace más de 30 años llegó a este extremo de la ciudad ha cambiar la fe de muchos para siempre.

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