Estudiantes
Sábado 26 de Agosto de 2017

"Todos pueden producir su propia versión de un milagro ante un problema"

Nando Parrado, sobreviviente de la tragedia de los Andes, repasó la odisea en clave de aprendizaje para la superación personal

En una pantalla gigante una foto en blanco y negro muestra un grupo de jóvenes tirado en la nieve, junto al fuselaje destrozado de un avión con la leyenda Fuerza Aérea Uruguaya. Están flacos, barbudos, tienen la ropa ajada y los rostros marchitos por el frío y el hambre prolongados, pero miran a cámara y sonríen. El promedio de edad es 19 años. Es una versión retorcida, algo macabra, de las imágenes impresas en un cuadrito de madera que los estudiantes se traen de Bariloche. Porque la odisea que estos chicos pasaron no fue un viaje de estudios, pero vaya si no fue un aprendizaje.

Esta es la premisa de la disertación que "Nando" Parrado dio el miércoles pasado en el salón Metropolitano, invitado por el Club Atlético del Rosario en el marco de su 150º aniversario: desbloquear el trauma de una situación límite para reconvertirlo en una fuente motivadora, generadora de saberes utilizables para enfrentar otros conflictos de la vida cotidiana, quizás menos trascendentales pero sin embargo paralizantes.

"Ustedes pueden producir su propia versión de un milagro ante un problema amoroso, financiero o familiar", dijo mirando al público, unas 1.500 personas, el hombre que hoy tiene 67 años pero sólo contaba 21 primaveras cuando la colisión de un avión sobre la cadena montañosa más larga del mundo lo dejó —junto a un grupo de jugadores de rugby del club Old Christians— desamparado en el medio de la nada, sin equipos, experiencia ni entrenamiento.

Una historia de coraje

Parrado repasó la historia de su supervivencia en la nieve en clave de superación personal. El relato fue crudo y movilizador. Comenzó recordando que el error del piloto que apuró el descenso produjo, primero, la muerte de 16 de los 45 pasajeros que integraban el contingente en el choque sucedido ese 13 de octubre de 1972.

Una combinación de suerte, coraje y pericia involuntaria permitió que de los Andes volvieran sanas y salvas 16 personas, 72 días después, luego de soportar las peores condiciones posibles para un ser humano. "Logramos la excelencia sin saberlo. Todo lo que se aprende en las universidades: toma de decisiones, estrategia, trabajo en equipo, investigación de complicaciones, liderazgo; lo aplicamos sin conocerlo", afirmó el ahora empresario.

En el impacto, el uruguayo sufrió un golpe en la cabeza que lo dejó en coma durante cuatro días. Cuando despertó, le revelaron que su madre y su mejor amigo habían fallecido. Su hermana agonizaba. Murió en sus brazos. "El instinto de supervivencia no me permitió llorar ni sentir nada. Ya era un animal", aseguró con la voz afectada por la terrible imagen. Sin embargo, estaba vivo gracias al temple del capitán, Marcelo Pérez, que decidió tapar lo que quedaba de fuselaje y refugiar a todos dentro para capear las temperaturas bajo cero. "Dentro de un equipo siempre hay un líder que toma decisiones y organiza. Nos decía que ya llegarían los helicópteros de rescate, inventaba excusas para justificar la demora y que no nos desesperemos", rememoró con admiración.

Trabajo en equipo

A los 10 días del choque supieron a través de una pequeña radio que habían dejado de buscarlos. La sensación de abandono fue inmensa: "Sentí una condena a muerte en vida. Como estar frente a un pelotón de fusilamiento. Uno se cree inmortal a esa edad, no piensa que se va a morir", señaló Nando.

El capitán Pérez, quebrado por la responsabilidad, se recluyó en un rincón y no volvió a moverse. Pero otros líderes iban apareciendo. Cuando morían, eran rápidamente reemplazados. "Nadie quería comandar un grupo de jóvenes moribundos, pero alguien siempre tomaba la antorcha. Todos hacían algo por el equipo", subrayó el disertante.

Una noche una avalancha tapó el fuselaje. Por fortuna, casi todos salieron vivos gracias a la tarea coordinada de los que escaparon primero. Parrado detalló que "parecía que se movían por telepatía, sin hablarse".

Poco a poco se fueron convenciendo de que debían escapar de alguna forma. El hambre los carcomía y no tenían alimentos. Es conocida la historia de que sobrevivieron alimentándose de los cadáveres de sus compañeros. "El hombre simplifica los horrores ante situaciones límite", explicó. "Uno debió rascarse la capa de ser civilizado y hacer cosas que nunca pensó que haría", agregó. Se estaban volviendo locos: "En una situación así, todo empeora a cada momento. Y uno sólo tiene tiempo para pensar qué será lo próximo que suceda ¿Qué iba a pasar cuando no haya más cuerpos?", se preguntó."Más que coraje, tuvimos mucho miedo. Pero no nos paralizó. Yo sabía que me iba a morir, pero todavía no me había muerto", dijo con dureza el uruguayo.

Esperaron hasta diciembre, a las temperaturas de verano, y junto a Roberto Canessa emprendieron la caminata de escape para salvar a todos. Demoraron diez días, cruzando los Andes a pie y sin equipamiento de ningún tipo, hasta encontrar a otro ser humano.

Cada vez que escalaban un pico interminable, descubrían otro más alto detrás. "Como en la vida, cuando uno piensa que llegó, es que en realidad todo recién empieza", reflexionó. Debieron subir hasta llegar a más de 6.100 metros de altura. Pero no se desanimaron: "Tuvimos una actitud positiva ante la adversidad, preferimos morir intentándolo".

Emocionado, cerró la disertación con un párrafo muy aplaudido: "El pasado es un destello dorado que ya pasó, y el futuro todavía no llegó. Por eso vivo el presente con intensidad. No dejen de vivir el presente que es lo más real que tenemos. Recuérdenlo si alguna vez se enfrentan a su montaña", recomendó.

El duro regreso a casa

Luego de todos los padecimientos, el ex rugbier narró que la vuelta a casa fue muy dura. “Otros volvieron con su familia, a mí solo me quedaba mi padre, que se había vuelto a poner en pareja. Mi mundo se desmoronó. Pero él me dijo: «Esto no es lo peor que te pasó. No desaproveches esta segunda vida». Y eso hice”, parafraseó el sobreviviente Nando Parrado, que se convirtió en corredor de carreras de autos, lanchas y motos, montó empresas constructoras y televisivas, se casó con una modelo y tuvo dos hijas. “Todo me resultaba fácil al lado de lo que había pasado”, confesó. Luego escribió un libro sobre la tragedia («Milagro en los Andes») y se convirtió en un conferencista motivacional. “Uno siempre cree que habrá tiempo después. Pero el reloj de la vida nunca se detiene”, apuntó.

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