La ciudad
Domingo 20 de Marzo de 2016

Sólo el 15 por ciento de los videoclubes de la ciudad sobrevive al avance de internet

La comparación es en función de la que ocurría a principios de este siglo. La piratería y el auge del formato vía internet hace que los negocios del rubro sigan en estos días bajando sus persianas. 

En los ’90, las películas que se alquilaban empezaban con una explosión. La cámara se acercaba hasta una videocasetera que hacía estallar en pedazos una copia pirata de “El Marajá de San Telmo”, una coproducción franco-hispano-argentina dirigida en 1964 por Fernando Iglesias. Le seguía una promesa: “En un futuro cercano, serán las mismas videocaseteras las que reconozcan las copias truchas”. Claro está que eso nunca ocurrió. La piratería adquirió nuevas formas. Pasó del VHS al DVD y al Blu-Ray, y se expandió como reguero de pólvora con la masificación de internet y las posibilidades de descargar lo que sea. Silvia Bozzi, dueña de un histórico videoclub rosarino e integrante de la Asociación Argentina de Videoclubes, sostiene que esa es una de las principales causas que están acabando con el rubro. Según datos de la Municipalidad de Rosario, sólo sobrevive el 15% de los videoclubes que funcionaban a principio de siglo. Y continúan bajando persianas: el mes pasado cerró uno de los pocos que quedaban en zona norte y el 31 de marzo dejará de funcionar una de las sucursales de Alternativa, en el centro.

De acuerdo con los registros municipales, para 2000 en Rosario había 135 locales habilitados como videoclubes. Año tras año el número se fue reduciendo. En 2016, de acuerdo con los mismos registros, sólo quedan 20 comercios funcionando bajo este rubro. Además, de los que quedan, seis han anexado otras actividades al alquiler de películas.

Resistir. Silvia Bozzi abrió su primer videoclub en 1985. “En esa época yo pensaba en abrir un negocio. Como tenía los chicos, compré una videocasetera, pero no encontraba dónde alquilar películas. Había un lugar en la cortada Ricardone donde vos ibas, subías a un departamento y podías alquilar, pero solamente hasta el viernes al mediodía. Yo dije: «hay que poner un negocio de esto que tiene que estar abierto los fines de semana». Así surgió la idea de abrir un videoclub”, contó. Hace más de 30 años que está en el rubro. Llegó a tener cuatro locales. Hoy le queda Premiere, que hace más de 20 funciona en Santa Fe 1663.

Cuesta sostenerlo. Eso dijo Silvia, que especificó que año tras año la rentabilidad decrece. Los motivos son varios, pero, según señaló, el primer lugar lo ocupa la piratería. La de la gente que descarga películas y series en sus casas y la del mantero que ofrece títulos por 20 pesos. “Alquilar una película sale 30 pesos. Yo hace más de un año que no toco los precios. Tendría que aumentar, pero trato de no hacerlo. Intento poner promociones para que la gente lleve más películas y más baratas”, expresó.
En los ‘90, Luis Sánchez era cliente del videoclub Fullscreen, que funcionaba en Gorriti 718, en barrio Refinería. Luis es cinéfilo y en 2000 decidió hacer de eso una forma de vida. Ese año compró el videoclub, que continuó abierto hasta el 26 de febrero pasado.

“El cierre fue a raíz de la baja que hubo estos últimos años, que la veníamos resistiendo, pero el año pasado fue más pronunciada”, rememoró Luis. “Fue un poco por la piratería, un poco por las ofertas que brindan las nuevas tecnologías, desde lo que es Pay-Per-View hasta Netflix, que ya existían, pero explotaron más a nivel local, y también por la caída de las editoras”, añadió.

Pocas películas. El de las editoras —compañías que editan los títulos de las producciones audiovisuales en el país— es para Luis uno de los problemas más relevantes. “Ya no llegan muchos títulos”, dijo Luis. Hay películas que son taquilleras en el cine y que garantizan muchos alquileres en el videoclub, pero “al no tener producto, la gente busca otras opciones, porque llegan títulos pero no son los que más salen”, contó. En Argentina llegó a haber más de 30 editoras, ahora sólo quedan cuatro. “Antes podías tener 25 títulos nuevos por mes. Y ahora, por ejemplo en marzo, hubo sólo cuatro y ninguna de esas películas pasó por el cine”, remarcó.

“Es una lástima, porque hay gente que no tiene acceso a las nuevas tecnologías, y con el videoclub por 30 pesos toda una familia tenía opción de entretenimiento. Los clientes de toda la vida se sorprendieron, nos vinieron a despedir, y esa fue una de las cosas más lindas que nos dejó el videoclub: el cariño de la gente”, dijo Luis. Y cerró: “La peleamos sin torcer el camino de la legalidad, comprando siempre originales. Llegamos hasta donde pudimos”.

 

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