San Cayetano
Martes 08 de Agosto de 2017

Para el arzobispo, la situación actual "es difícil, pero no catastrófica"

La festividad de San Cayetano tuvo momentos inéditos: una marcha que reclamaba trabajo pasó por el templo y la misa se suspendió por lluvia

Un diluvio que duró escasos minutos después de haber amenazado durante horas obligó a suspender ayer la misa de campaña por la festividad de San Cayetano en la plaza Libertad. Mientras la feligresía se desconcentraba bajo paraguas (unos rumbo a la iglesia de Buenos Aires al 2100 donde continuaría la celebración y otros de regreso a sus casas), el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín, atribuyó la concurrencia de los fieles a que "se han quedado sin trabajo o sienten temor a perderlo", pero "sobre todo a (que tienen) una gran confianza en la Providencia". Para el prelado, la situación social actual "no es catastrófica, pero sí difícil".

La jornada que conmemoraba el Día de San Cayetano arrancó calma. Al caer lunes, los fieles se congregaron menos masivamente que en los dos últimos años (cuando se celebró viernes y domingo).

Los primeros en sentirlo fueron los puesteros, entre los que se contaron los 140 que pidieron permiso formal a la Municipalidad para instalarse, más una incierta cantidad de "vendedores de mano", que ofrecían sobre todo flores, espigas y pañuelos: las tres cosas que los fieles agitan al paso del santo cuando sale del templo para la procesión.

Como siempre, las opiniones fueron dispares, pero la mayoría de los feriantes aseguró que la venta estuvo "floja": desde los que ofrecían el merchandising de ocasión (velas, estampas, almanaques, rosarios, denarios, bolsas de la fortuna y todo tipo souvenirs vestidos con la imagen de San Cayetano), hasta los que optaron por la oferta de alimentos como pan casero, roscas, tortas, chipá, choripán, bondiola de cerdo, gaseosa y café.

"Se vende poco, nada que ver con otros años", contó Silvina, puestera del Jardín de Infantes 1.005 (que funciona en el ex Hogar del Huérfano). Frente a ella, Graciela, con 19 años como feriante, y Sofía, con cuatro, coincidieron en que la venta fue flaca, pese a que la mayoría de los productos iba de los 5 a los 20 pesos.

En la esquina de la parroquia la oferta ambulante era a pregón: "Pancitos a voluntad, pancitos a voluntad", gritaba un vendedor. "A la vela, el llaverito", le replicaba otro.

Desde su silla de ruedas Oscar Dragotta fue uno de los pocos que dijo haber trabajado "bastante bien". Eso sí, apostado a metros del templo junto a su hijo Daniel desde "la una y media de la madrugada".

Bendición para una marcha

Si hubo algo original en la celebración de ayer fue que por primera vez una larga marcha de organizaciones sociales que reclamaban trabajo y la aplicación de la emergencia social decidió pasar ante el templo, movida anticipada al Arzobispado.

Aun así, para la gran cantidad de manifestantes (nucleados en las organizaciones de la CCC, Barrios de Pie, Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y Movimiento Popular Libertador San Martín) fue una sorpresa grata que el párroco de San Cayetano, Marcelo Franchini, les diera la bendición calificando de "justa" a su causa, para luego sostener en declaraciones radiales que la realidad "se nota en el dolor de la gente" y que "el pueblo argentino sufre mucho".

Durante el resto del día la llegada de gente a la iglesia fue constante, pero discreta, sin esas colas que solían verse otros años a la espera de llegar hasta el altar del santo.

Puntual, a las 15, la imagen salió del templo precedida por un grupo de sacerdotes que encabezaba el arzobispo. Una multitud agitó pañuelos y espigas, rezó y cantó, mientras los truenos retumbaban amenazantes sobre las cabezas.

La gente caminó las seis cuadras que separan la parroquia de la plaza y se apostó, con paraguas ya abiertos, frente al altar montado en la esquina de Pasco y Sarmiento.

Martín adelantó que debido al clima la misa sería breve, pero un diluvio le impidió seguir en el lugar y la celebración finalizó dentro del templo. Antes de partir, el arzobispo dijo que la Iglesia "clama para que haya justicia social y trabajo para todos", frente a una realidad que calificó salomónicamente de "difícil", pero "no catastrófica".

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