Cultura
Domingo 01 de Octubre de 2017

Marta, la primera mujer que rompió moldes y fue colectivera en Rosario

Antes también había salido de los estereotipos, ya que venía de conducir camiones. Y hasta 2009 estuvo al volante de un taxi.

Marta Inés Martínez se ajustó la corbata, dio un repaso al pelo, tomó el volante y puso primera en varios sentidos: para comenzar el recorrido del interno 2 de la línea 303, de Transporte Fisherton, y para dejar sentado en la historia rosarina su gesto pionero, convertirse en la primera mujer colectivera. Era mayo de 1979, tenía 29 años, venía de conducir camiones y era mamá de un bebé de dos meses. Cuatro años después, en una lluvia de invierno, se cayó al bajar en la punta de línea y por las lesiones ya no pudo seguir.

   De no haber sido por ese infortunio, Marta hubiera continuado con la profesión que quedó registrada en el Capítulo 6 de la Historia del Transporte Público, Rosario 1850-2010 (Ente del Transporte). Allí, con el título "Manejar colectivo no siempre fue cosa de hombres", relatan su experiencia e ilustran con el coche de la línea 303 a su comando.

   El blog Buses Rosarinos también se ocupó del tema a modo de tributo y con una mirada ineludible, aquellos vehículos no contaban con la técnica actual. "Direcciones pesadas, cajas de cambios mecánicas, sin climatizar; tenía que manejar dinero sin quitar atención al tránsito, cuando aún había muchas calles de tierra y se anegaban", analizó Adrián Yódice, que edita ese blog.

   La fotografía de Marta con anteojos y uniforme de chofer apoyada en el Mercedes Benz 1114 con el cartel Centro, Empalme, Fisherton, apareció en varios diarios y en la revista Gente, que llegó a Rosario para conocerla.

   Más acá en el tiempo recibió un premio de la Fundación Rovere. "Como pionera", dice ella y lee el texto de la distinción donde un párrafo genérico la define de "fortaleza desplegada con naturalidad, la fuerza sin ostentación, serena y la tensión sin desmesura". Sigue leyendo, y es imposible no pensar en un espejo.

Los comienzos

Cuando quedó embarazada, Marta conducía camiones de carga y se había mudado a Rosario. Diez días antes de nacer Lionel, pidió trabajo en Transporte Fisherton para estar más cerca del bebé. Fue dos veces, hasta vencer la resistencia. No querían mujeres. En el lugar trabajaba su hermano, pero nadie se enteró. "Quería valerme por las mías", asegura. La tomaron el 1º de mayo y ese día quedó efectiva.

   El revuelo fue alrededor suyo. Ella se sentía conductora nata y no veía diferencia en pasar del camión con chasis y acoplado, al colectivo. Por eso cuando la llevaron al Monumento para fotografiarla y Elbio Martínez quiso ahondar en las motivaciones para La Capital, no logro gran cosa. "No me salen las palabras", recuerda ahora que le dijo al periodista.

   Pero la razón era otra. No encontraba motivo para el asombro, aún hoy no lo encuentra. Siempre tomó con naturalidad el conducir camiones desde los 16 años, pasar al colectivo a los 29, volver al transporte de carga hasta 1993 y luego convertirse en taxista hasta el 2009. Eso, sin contar su propio "camioncito Ford 350", con el que realizaba repartos en una localidad vecina, y su tarea en el taller mecánico de su esposo.

A bordo

Recuerda que cuando tomó el volante del colectivo, "subió toda la empresa a ver cómo conducía porque era mujer, y no me molestaba para nada", festeja y dice que defendió sus fueros al volante cuando aún no había cumplido 30 años.

   Los primeros pasajeros la miraban asombrados. No hubo reacción, pero captó algo así como una desconfianza flotando en el ambiente. Con el paso del tiempo llegó a haber gente en las paradas esperando el 303 que ella conducía. En especial los alumnos; en una escuela de Empalme Graneros la docente los formaba en la vereda aguardando su llegada.

   De esos días tiene recuerdos muy gratos. "Unas mellizas que recogían el dinero de la fila, se encargaban de sacar el boleto de todos y se quedaban detrás de mi asiento, estaban fascinadas, me preguntaban de todo". Pero no fue la única relación. Aún hoy, cuando va en su auto por esa zona, visita antiguos pasajeros.

   Marta unía Juan José Paso y Olmos con Zeballos y Laprida, llegando hasta Fisherton, un recorrido extenso donde "nunca tuvo problemas". Cuando Lionel la extrañaba demasiado, se lo llevaban unos minutos a la punta de línea, el mismo lugar donde en junio de 1983 resbaló del estribo en medio de la lluvia, de tan mala manera que se lesionó las vértebras.

   El golpe la dejó inconsciente tres días, cuando despertó era su cumpleaños. La vida había cambiado, ya no volvería al colectivo porque requería muchas horas sentada. "No me quiero ni acordar", explica. Y dice que apenas mejoró retomó el camión, porque ella determinaba la necesidad de los descansos. A esa altura, la familia había aumentado, llegaron Cristian y Nélida.

   Y ella no aflojó. Fue pionera y siempre venció obstáculos con valentía y tesón. Una historia que valía la pena recordar.


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