Concejo municipal
Domingo 22 de Enero de 2017

Los cuidacoches de la costanera lucen diferentes y bien organizados

Trabajan todos los veranos en la zona de la Rambla Catalunya y reparten lo que cobran con la cooperadora del Hospital Alberdi

Los cuidacoches organizados en la costanera, frente a la Rambla Catalunya, se destacan entre el caos de gente y automóviles que suele haber en la zona en esta época. No sólo llaman la atención por lucir remeras en color naranja fuerte, sino que, de cerca, no son normales. Los cuidacoches son, valga la redundancia, la primera experiencia de organización de la actividad de la ciudad: trabajadores identificados, avalados por el Concejo Municipal, miembros de la cooperadora del Hospital Alberdi. La experiencia suma. Mientras el debate no puede terminar de saldarse ni en el recinto del Concejo ni entre los rosarinos; se visibilizan acciones que pueden empezar a marcar el camino de una solución.

Ya hace doce años que los cuidacoches de la acostanera y la asociación cooperadora del hospital trabajan juntos durante la temporada de verano (de diciembre a marzo, por lo general). La base del acuerdo entre las partes es compartir las ganancias de un estacionamiento tarifado y regulado por el Concejo Municipal. El ticket es obligatorio para los automovilistas y su costo (treinta pesos) se divide por la mitad: una parte para el que trabaja, otra para el hospital. "Nosotros estamos organizados para poder cuidar, nuestra función no es solamente cobrar", confía Juan Carlos, uno de los trabajadores con más experiencia.

Preparado

El hombre tiene 54 años y forma parte desde un principio de la propuesta organizada que llevó el hospital. Juan Carlos luce una remera naranja, tiene una riñonera y un carné que lo identifica, que señala cuál es su rol y las fechas en las que fue designado para trabajar. Este año, están desde el 2 de enero al 15 de marzo, todos los días, de 8.30 a 19.30. El hombre tiene también un talonario de tickets: todas herramientas de trabajo que le dio el hospital a él y unas treinta personas más, que, cabe destacar, son en su mayoría jóvenes.

Juan Carlos accede a dar una entrevista que va a interrumpir más de una vez. El hombre saluda a unas cuantas personas, que pasan caminando o en bicicleta, y hace hincapié en la buena onda que hay en el lugar, y el tiempo que llevan conociéndose y compartiendo el espacio de trabajo. Pero también destaca que no sólo todos viven en el barrio, sino que además son todos pacientes del hospital para el que trabajan. Entre esos saludos, una mujer se baja de la bicicleta y se acerca. Es médica bioquímica del Alberdi. "Es un orgullo", dice Elena. "Nos hace bien a todos este proyecto".

La Asociación Cooperadora del Hospital Alberdi se acercó a los cuidacoches hace doce años. "Nos plantearon una solución para juntarnos a todos y a su vez hacer un bien para el hospital", recuerda Juan Carlos. El hombre destaca a una mujer, Olga, que ya falleció, como una referente. La que puso el cuerpo para organizarlos. "Nos dieron las remeras e identificaciones, y cada cuál quedó en el puesto donde cuidaba antiguamente". Juan Carlos asegura que la posibilidad de trabajar organizados y de tener la responsabilidad de representar al hospital se ven reflejadas.

"No faltan cosas en esta zona", dice orgulloso. "Tenemos unos veinte autos cada uno. De esta manera, si te sentás en el cantero, podés ver diez autos de un lado y diez del otro. Podes cuidar realmente". Juan Carlos habla del trabajo que pueden hacer y enumera distintas experiencias que hacen que valga el relato: "Yo cuido a la gente. Suele suceder que chocan un auto estacionado. Entonces, nosotros tomamos los datos de la persona que lo chocó. Cuando vuelve el dueño se agarra la cabeza, sí, pero tiene todos los datos para poder hacer la denuncia". También destaca que más de una vez les ofrecieron plata para liberar la zona y que él y sus compañeros tomaron la decisión de denunciarlo.

La experiencia del Hospital Alberdi incluye también dos supervisores, uno a la mañana y otro a la tarde, que ofician de un lazo más directo del hospital con la gente y los cuidacoches. "Lo que más tengo que hacer es aclarar a la gente que este es un estacionamiento tarifado, que rige una ordenanza que tiene que cumplirse. Superviso que no haya maltrato a los cuidacoches, porque el prejuicio es muy grande. Lo bueno es que la mayoría entiende y acepta las condiciones, y que no hubo problemas grandes al menos en lo que va de la temporada", cuenta Pedro, uno de los supervisores. Juan Carlos lleva 28 años trabajando en esa zona. Alterna cuidar coches con el oficio de la pesca. Los años entre los autos lo han llevado por distintas experiencias y sabe los prejuicios que caen sobre su trabajo. Cuenta, incluso, de las distintas amenazas, aprietes y abusos que vio y sufrió por parte de bandas en distintos eventos y zonas. Sin negar esa cara de la realidad, también confía que hay muchos trabajadores que son eso, trabajadores. "Lo que a mí más me gusta de esto es la relación con la gente. Las amistades, charlar, conocer. Uno nunca sabe quién es la persona que se baja de un auto: le cuido a jueces, concejales, médicos. Por eso siempre hay que manejarse con respeto. Nosotros lo hacemos y me pone mal cómo se habla del cuidador de coches porque les hacen propaganda a algunos y no somos todos. No somos todos apretadores, ni mafiosos, ni violentos. Dicen tonterías de nosotros".

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