La ciudad
Sábado 16 de Septiembre de 2017

"Las casonas patrimoniales son una posibilidad incluso de hacer negocios"

Mariel Santos es arquitecta, directora del Programa de Preservación del municipio que alcanza seis mil inmuebles. Considera que el perjuicio económico que plantearon propietarios debe ser desterrado.

Esta semana, las políticas de preservación patrimonial volvieron a instalarse en medio de un debate. Fue a partir de un grupo de expedientes presentados en el Concejo Municipal por propietarios de antiguas casonas que pidieron se los exima del catálogo de edificios protegidos del área central, aduciendo el daño económico que les provoca la obligación de conservar los inmuebles. Para Mariel Santos, la titular del Programa de Preservación del municipio, ese perjuicio económico es una de las tantas ideas que hay que desterrar para hablar de patrimonio. A su entender, esos bellos edificios centenarios "son un posibilidad, incluso de hacer negocios".

   Santos es arquitecta y está al frente del programa municipal encargado de desarrollar políticas públicas de protección del patrimonio urbano. En esas oficinas se gestó el inventario de edificios, aprobado en 2008, que algunos concejales de la comisión de Planeamiento proponen revisar. Una iniciativa descartada por el secretario del área, Pablo Abalos.

—Uno de los argumentos que se esgrime para revisar el catálogo es el planteo de los propietarios de estos inmuebles sobre el lastre económico que significan estas propiedades. ¿Es así?

—Esa apreciación no es real. En el caso de un inmueble que esté catalogado en el área central integrando un tramo, no se puede construir un edificio de propiedad horizontal. Eso no puede hacerlo. Pero si pueden modificarlo, crecer en superficie en algunos casos, refuncionalizarlo o transformar su uso. Hay que desmitificar que esos edificios no se pueden vender o pensar que no se puede hacer nada. Incluso, en algunos casos, si la propuesta es razonable hasta pueden crecer por arriba y ser un negocio inmobiliario. Y hay buenos ejemplos, las esquinas de Jujuy y Oroño, la de Moreno y Urquiza, donde inmuebles protegidos se transformaron en viviendas, en departamentos nuevos que le dieron una salida comercial al propietario y también transformaron el área donde se encuentran. Hay posibilidades, pero son diferentes al prototipo que todos tienen en la cabeza que es el departamento apilado en propiedad horizontal.

—Las restricciones de altura rigen en muchas zonas de la ciudad, pero no son puestas en debate con tanta frecuencia como lo hacen los edificios patrimoniales. ¿Es así?

—La norma de preservación es parte del Código Urbano. Las otras variables del Código que restringen cuánto podés construir en un terreno y cuánto te podés ir en altura, rigen para cualquier barrio desde siempre. Pero no se ponen tanto en tela de juicio porque abarcan a toda la ciudad. Las restricciones al patrimonio que sí son en el lote es lo que por ahí la gente más pelea. Pero hay que entender que no es una restricción, ni a poder venderlo, ni a poder transformarlo. De hecho nosotros alentamos esas transformaciones que le dan nuevos destinos. Las acompañamos y hasta las subsidiamos en muchos casos.

—Otra de las objeciones que se escucha con frecuencia cuando se abordan estos temas es la falta de incentivos o beneficios para que los propietarios de inmuebles catalogados puedan mantener esos edificios. Desde la existencia del programa, han sido pocos los convenios para la puesta en valor de construcciones patrimoniales.

—Venimos sosteniendo muchos convenios o subsidios, pero son intervenciones costosas. En tres obras que estamos haciendo este año ya tenemos otorgada más de la mitad del presupuesto de preservación. Entre el teatro El Círculo y las iglesias San Francisquito y Sagrado Corazón, ya tenemos prácticamente la disponibilidad del presupuesto del año. Entonces, ponerlo en término de números, si no sabés lo que implica no tiene sentido. A muchos otros los acompañamos en la etapa del proyecto o incluso para buscar destinos a esas propiedades. Hicimos millones de informes para los propietarios o las inmobiliarias indicándoles lo que sí pueden hacer con esos edificios.

—¿No hay fondos de programas específicos para rehabilitación del patrimonio de otras jurisdicciones, como provincia o Nación?

—Venimos avanzando con recursos del municipio. Estamos trabajando en algunas propuestas con la provincia. Y con Nación, casos muy puntuales; ahora afrontó un porcentaje (el 70 %) de la restauración del Monumento.

—¿Reciben muchos pedidos de excepción al catálogo?

—Semanalmente sacamos expedientes de propiedades catalogadas que necesitan arreglos, modificaciones o reformas. Semanalmente se debe firmar una decena. La postura de quienes piden la descatalogación es la excepción. Nosotros tenemos semanalmente una cantidad de expedientes que van por la preservación, por la refuncionalización para nuevos usos.

—¿No es una condena, entonces, tener un edificio de valor patrimonial?

—El patrimonio es una posibilidad, incluso, de hacer negocios. Las firmas corporativas, las instituciones de salud, las clínicas no por algo eligen el patrimonio para instalarse. Porque los edificios tienen esa cosa solvente que se asocia a la marca.

—Esto, de la mano de que hay una mayor conciencia en el cuidado del patrimonio

—Claro. Eso lo ves cuando estás en una obra, empezás a bajar la media sombra y la gente se acerca y te manifiesta la alegría que le da la recuperación del edificio. O cuando llaman y denuncian demoliciones de casas antiguas. La gente está alerta, antes eso no pasada. Eso es positivo. Después, la especulación inmobiliaria existió y existirá siempre, por eso creo que la norma debe mantenerse porque estableció criterios sólidos. Más allá de que cada uno tenga derecho a hacer una presentación y pedir excepciones, y que tengamos que analizar las propuestas caso por caso.


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