La ciudad
Domingo 17 de Septiembre de 2017

La película con 20 años de rodaje que clama por otro final

La jornada templada preanunciaba la inminente llegada de la primavera. El Salón Carrasco de la Municipalidad estaba atestado de periodistas.

La jornada templada preanunciaba la inminente llegada de la primavera. El Salón Carrasco de la Municipalidad estaba atestado de periodistas. Un hombre de mediana estatura, bigote fino y peinado hacia el costado se mostraba exultante. Y así, en medio de esa alegría, lanzó la frase que le dio el título al cronista de La Capital. "Estoy más feliz que el día de mi casamiento", admitió quien era ese 8 de septiembre de 2000 el secretario de Servicios Públicos del municipio, Joaquín Blanco.

   ¿Qué suerte corrió su matrimonio?, no se conoce. Sí, en cambio, lo que pasó con ese proceso licitatorio: en 2001 el país se derrumbó y en noviembre de ese año la licitación se cayó definitivamente.

   Pero ese día de septiembre de 2000 nadie imaginaba lo que se vendría meses después. Blanco estaba contento. Se abrían los sobres con las ofertas económicas de las empresas que participarían del nuevo sistema de transporte. El tema obsesionaba al por entonces intendente Hermes Binner, que soñaba con poder plasmar en Rosario un sistema como el que tiene la ciudad brasileña de Curitiba, con redes troncales, secundarias, barriales, centros de transferencia y colectivos articulados.

   Eran días tempestuosos para las empresas de ómnibus, muchas quebraban, otras se fusionaban. Sus dueños reclamaban subsidios y boletos más altos desde la desaparecida Cetup (Cámara de Empresarios del Transporte Urbano de Pasajeros), entidad que más de una vez lanzó lock outs patronales que dejaron a miles de rosarinos a pie.

   Un joven estudiante de periodismo que con los años se convirtió en uno de los más eficientes comunicadores de la gestión socialista presentaba por esos días un trabajo en un taller de investigación titulado "La herida abierta del doctor Binner". Un gran resumen para una problemática a la que el caudillo socialista no pudo encontrarle solución. El transporte fue su talón de Aquiles y esa mácula se extendió a sus sucesores.

Nuevo intento

Esta semana, 17 años después de aquel acto de apertura de sobres pero en el mismo lugar, con la misma efusividad y la misma idea que Binner trajo desde Brasil, la Municipalidad volvió a presentar en sociedad su nuevo sistema de transporte.

   En lugar de Blanco la alegría la puso la secretaria de Transporte y Movilidad, Mónica Alvarado, quien no trajo a colación la felicidad matrimonial pero sí vaticinó que Rosario estará "a la vanguardia del transporte de América latina".

   Se viene un gran cambio que llevarán adelante tres actores y sólo uno de ellos es nuevo. La empresa mendocina El Cacique hará pie en Rosario por primera vez. Los otros dos son conocidos: uno es la propia Municipalidad, que hoy administra más de la mitad de las líneas del transporte, y el otro es el empresario Agustín Bermúdez, un hombre que fue absorbiendo las líneas que cayeron en desgracia, que suele protestar contra el sistema actual, se queja de que no le cierran los números; pero sigue presente.

   Su empresa, Rosario Bus, creció no sólo en Rosario sino en toda el área metropolitana. Y más allá de su enfado, lleva más de 20 años trabajando junto a las administraciones socialistas.

   Nada parece preanunciar que la debacle económica que se abatió sobre el país en 2001 e hizo añicos el sueño de Binner en materia de transporte, pueda regresar. Es más, algunos indicadores son auspiciosos, por lo que la vieja "herida abierta" tal vez empiece a cicatrizar.

   Por ahora las historias se repiten casi calcadas, pero después de casi dos décadas de contramarchas y promesas incumplidas, los rosarinos se merecen asistir a un final distinto. Es que la película ya la vieron varias veces.

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