La ciudad
Jueves 05 de Enero de 2017

La localidad de Villa Amelia se reponía de la peor inundación de su historia

Se la recuerda como la más intensa de la historia del pueblo. Testimonos de los damnificados, que seguían ayer secando casas y negocios

La localidad de Villa Amelia, ubicada unos 32 kilómetros al sur de Rosario, se reponía ayer de la inundación más severa que sufrió en su historia según narraron vecinos y bomberos. El temporal del martes, sumado a la saturación de los suelos tras el diluvio de la semana pasada, dejaron a todo el pueblo bajo el agua, aunque ayer ya se había normalizado la situación y todos estaban abocados a las tareas de limpieza de sus hogares.

La ruta 18, de Rosario hasta el acceso a Villa Amelia permanecía en la tarde de ayer rodeada de interminables espejos de agua. La situación crítica alcanzó a todas las localidades de la región, aunque este pueblo fue el más perjudicado.

Gustavo Luna, jefe del cuerpo de Bomberos local, indicó a LaCapital que el pueblo había quedado aislado y cubierto de agua, y en el sector al oeste de las vías del ferrocarril que lo divide en dos había medio metro de agua. El operativo de emergencia se asentó en la estación del ferrocarril donde fueron alojadas unas cinco familias, mientras que la mayoría de los habitantes decidió permanecer en sus casas.

Para graficar la situación, Luna señaló que sólo se podía circular con un vehículo Unimog que les facilitaron sus colegas de Villa Gobernador Gálvez, a la vez que se dispusieron sogas para cruzar las calles principales, porque al nivel del agua se sumaba la correntada.

Villa Amelia, explicó, recibe aguas que bajan a través de canalizaciones y los campos desde Coronel Domínguez y Uranga, mientras que el camino de tierra que la une con Albarellos estaba sumergido en sus siete kilómetros de extensión. Desde Villa Amelia, el agua drena hacia el norte en el arroyo Frías que estaba completamente saturado.

"Acá hay muchos factores, la siembra directa hace que los campos no absorban el agua, las canalizaciones no son suficientes y es probable que también haya canalizaciones clandestinas", indicó Luna. "Nunca hubo algo así", confesó.

Las calles que sólo podían ser transitadas por un Unimog, o lancha, y cruzarlas tomados de sogas son pruebas claras de la crítica situación que se vivió. Sin embargo, poco a poco se salía de la crisis e incluso ya a las 8 de ayer Bomberos autorizó la reconexión del servicio eléctrico al pueblo, interrumpido por obvia precaución.

Natalia, Laura y su mamá Mary seguían en la tarde de ayer la ajetreada tarea de limpiar los efectos de la inundación, y daban cuenta de que en el exterior de su vivienda subió a medio metro el agua. No obstante, destacaban que en su casa no ingresó el agua ya que habían tapado las puertas con bolsas de arena y taponado las rejillas.

En la vereda de enfrente, otro vecino trataba de secar su auto Peugeot 504: "El agua llegó hasta la palanca de cambios", contaba y celebraba haber "dejado el auto en cambio, porque si no me lo llevaba la correntada".

Cerca de allí está la carpintería de Jorge Iocco, una pequeña industria familiar dedicada a la producción de muebles. "En 2012 fue la última vez que pasó algo así, pero cada vez llueve más. En los galpones es la primera vez que se me mete el agua unos 15 centímetros", relató, y expresó su desazón: "Fallé porque hice el galpón cuidando todos los niveles, está 5 centímetros por encima de la vía e igual se me metió". En ese sentido, que el agua haya sobrepasado el nivel de las vías que cruzan el pueblo de norte a sur fue el dato más preocupante ya que nunca había ocurrido. Igualmente, de no haber tomado esas precauciones, el nivel habría sido de medio metro de agua y ya habría afectado la materia prima y en parte las máquinas.

Iocco se quejó de que "nunca se hizo nada, aquí la solución será que el agua no entre al pueblo, pero no tenemos ayuda. Estamos en el 2017 y la comuna compró una retroexcavadora porque la provincia no les da nada".

En su desesperación, los vecinos rompieron algunos cordones de la última calle al norte del pueblo con la intención de que ayudara a desagotar, pero eso no hizo gran diferencia. Por lo pronto, la comuna dispuso colocar una serie de desagües nuevos que pasen por debajo de esta calle para ayudar al drenaje en caso de futuras lluvias.

Afortunadamente, destacaban, la tormenta de la madrugada de ayer no hizo caer mucha agua, aunque sí cayó piedra y hubo fuertes ráfagas de viento. No obstante, desde Bomberos advertían al pueblo que no se relajara.

Ocurre que "con este nivel de saturación del suelo y el agua que está bajando, si ahora caen 10 milímetros todo se puede complicar, por eso deben tener las bolsas de arena a mano. También es necesario estar preparados para tapar las rejillas", explicó Luna.

Además, las autoridades y la parroquia están organizando la colecta de elementos de limpieza y desinfección.

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