La ciudad
Sábado 04 de Marzo de 2017

Incertidumbre de empleados y usuarios de Monticas en la Terminal de Rosario

En la administración de Monticas trabajan diez personas, y entre choferes y mecánicos suman 250 más. Desconcierto entre los pasajeros.

De a ratos, dos o tres indecisos se acercaban a la boletería desierta. Cuando alguien llegaba uno de los cinco hombres que estaban detrás se acercaba: "No vendemos nada". La Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) había oficializado ya el retiro de la concesión del transporte interprovincial a Monticas en la tarde de ayer. Ni los trabajadores podían dar respuestas, ni los usuarios tuvieron alternativas.

   Al frente de la cabina de venta de pasajes estaba Irma, preocupada porque su hermana está enferma en Monte Buey, provincia de Córdoba, y Monticas era el único colectivo que llegaba hasta allá. "No nos dan respuesta, yo tomaba el ómnibus que iba a Pose. No hay otra empresa que lo haga y no nos pusieron otro colectivo", narró entre disgustada y triste.

   Del otro lado del vidrio un señor de remera naranja hablaba por celular enojado, su rostro de preocupación encerraba la incertidumbre de los últimos días. Se alejó, y otro joven cálido respondió las inquietudes.

El último viaje

El último colectivo que salió fue con rumbo a Laborde, en la provincia vecina, a las 18. "No vendemos más boletos", dijo el empleado. Con su mejor intención no tenía ninguna respuesta para dar, siquiera alguna certeza de cómo sería el panorama de ahí en más.

   El hombre repetía detrás de la ventanilla que no había servicio, que ya no salían colectivos de Monticas. Nadie podía definir qué sucedía con los destinos. Peor aún, los trabajadores siquiera tuvieron una comunicación oficial: "Calculo que en este momento los gerentes deben estar reunidos para ver qué van a hacer, nosotros nos enteramos por los medios, llamamos a la oficina de recorridos y ahí nos informaron que la empresa ya no tenía el servicio interprovincial. Pero nadie nos dijo nada", contó el muchacho del otro lado del vidrio, donde algunos pasajeros llegaban para averiguar si podían viajar.

   El empleado se fue al fondo del cuartito, se podía ver que varios hombres charlaban. Se acercaron dos o tres personas más al box con intenciones de viajar: "No vendemos más nada", repetían.

A otra empresa

A quienes tenían algún destino compartido los enviaban a otra empresa, a los que no, se remitían a decir que ya no trabajaban el servicio.

   En la plataforma ningún Monticas se aprontaba a viajar. Los Ranqueles, Santafesino y Tata Rápido ocuparon su espacio provincial, y de aquellos que cruzaban la frontera de Santa Fe nada se sabía.

   Otra vez frente a la boca de expendio de boletos el hombre de chomba anaranjada se acercó, esta vez sin celular. Sus ojos hondos denotaban la circunstancia por las que estaban atravesando. Novedades, ninguna: "Lo que sé es que hasta las cero vamos a estar acá devolviendo el dinero de los pasajes, no se vende más nada", lanzó.

   La empresa se habría comunicado, el mensaje era "ya no tenemos la concesión del transporte", y la desidia por lo que vendría aumentaba. Son diez los empleados en la administración, otros 250 entre choferes y mecánicos. "No sé dónde voy a laburar", cuestionó abatido ante los últimos sucesos.

   "Acá nadie nos dice nada", repetían los trabajadores. Los celulares no dejaban de sonar. Familiares se acercaban curiosos para conocer las últimas noticias, las caras de desconcierto aumentaban.

   La notificación de la CNRT llegó pasadas las 18 sin más que un papel. Ni plan de contingencia, ni alternativas de viajes, ni respuestas a las inquietudes, ni comunicación formal desde el empresariado que mantiene una distancia notable desde el accidente fatal del viernes pasado.

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