Siete días en Rosario
Domingo 30 de Julio de 2017

Hay que pensarlo dos veces y llamarse a silencio

"Venimos trabajando con las comisarías de la ciudad para agilizar el tránsito en esas zonas. En algunas quitamos el estacionamiento a 45 grados y pusimos el paralelo para aumentar no sólo la posibilidad de estacionar, sino de acelerar la circulación". La frase tiene siete años y pertenece al ex director de Tránsito, Mauricio Malano. Se refería a los vehículos que permanecen eternamente estacionados frente a las dependencias policiales y a la necesidad de retirarlos. Sin embargo, esta semana el Ministerio de Seguridad santafesino anunció exactamente lo mismo.

Con el paso del tiempo se realizaron tantas promesas como campañas políticas. No obstante, el problema siempre "está por resolverse". Peor aún, se anuncia el número de autos retirados y comisarías involucradas, pero la situación sigue igual.

Se trata de uno de los compromisos más escuchados. Por eso, cuesta creer que mientras el tema no logra solucionarse, ni siquiera alguno de los siempre inspirados asesores del Estado aconseje evitar su difusión para no caer en el ridículo.

El miércoles por la tarde, un comunicado de prensa de la cartera de Seguridad enviado a las redacciones de los medios hizo que varios periodistas salieran eyectados de sus lugares de trabajo al leer el texto. ¡Otra vez lo mismo!, exclamaron. Parecía una broma del Día de los Inocentes. "Liberan el entorno de las comisarías", decía el parte.

La presencia molesta de rodados estacionados frente a las dependencias rosarinas ya forma parte de esas cuestiones que producen un extraño acostumbramiento. En tanto, los vehículos son parte del paisaje.

Luego de que Malano fuera el elegido en la segunda intendencia de Miguel Lifschitz para anunciar algo que nunca terminó por concretarse, en 2013 la por entonces responsable de la Agencia de Seguridad Vial, Clara García, informaba que 25 autos y 32 motos serían retirados de la zona de la comisaría 15 y llevados al depósito judicial de la Unidad Regional II. La acción iba a ser realizada por las áreas de control del Ministerio de Seguridad de la provincia y la Municipalidad de Rosario. El tema ya empezaba a generar impaciencia por lo repetitivo e inconcluso.

En abril de 2014, el Concejo, a través de la edila María Fernanda Gigliani, pedía al Ejecutivo municipal que informara si se estaban cumpliendo gestiones ante la provincia para retirar los vehículos bajo caución judicial, tal como ordenaba una norma aprobada en 2012. No hubo respuestas.

Ya en 2015, el secretario de Control, Pablo Seghezzo, daba cuenta de que se removerían 46 vehículos abandonados en la cuadra de la comisaría 11. Pero Gigliani volvería a cuestionar el "comienzo del plan (como había indicado el municipio)" al recordar que en 2012 la cantidad total de vehículos en esas condiciones rondaba los 250.

El año pasado, La Capital titulaba: "Las comisarías de la ciudad siguen siendo un depósito de autos secuestrados". Luego, en marzo último, diversas autoridades firmaban un convenio de cooperación institucional que "permitirá el traslado paulatino de rodados incautados en procedimientos policiales o judiciales que se encuentren estacionados frente a las comisarías.

El anuncio subsiguiente es el del último miércoles. Allí, el titular actual de Control de Rosario, Gustavo Zignago, enfatizó: "Para los vecinos es una gran noticia". Muy cierto, pero con tantas promesas incumplidas sería mejor evitar comentarios.

Lo mismo que pasó el jueves en Twitter con una frase también poco feliz del ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich.

"Viajé en el 143 rojo con Pedro, chofer de Metrobus Rosario. Ya está en marcha la segunda etapa de este Metrobus sobre Rondeau", escribió en su cuenta personal de la red social.

Rápido, el comentario encontró la respuesta de su par en la Municipalidad, Mónica Alvarado: "Ni siquiera está licitada la obra", precisó, entre otras cosas. Y se generó un nuevo cruce entre ambas administraciones.

Otra vez, en medio de estos desencuentros, los rosarinos esperan definiciones concretas a cambio de presagios, señales o augurios electorales que deberían pensarse dos veces y llamar a silencio a sus enunciadores.

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