La ciudad
Domingo 09 de Abril de 2017

Fueron los primeros en hacer la colimba a los 18 y hoy los une una profunda amistad

Cuarenta años después, quienes integraron la clase 58 en el Batallón 121 volvieron a reunirse en el Monumento en una jornada llena de emoción.

Se definen como un grupo especial y lo demuestran. Cuarenta años después de haber jurado la Bandera volvieron al Monumento desde distintos puntos del país y el mundo. Sus caminos fueron diferentes; pero al izar la celeste y blanca, los 107 sintieron que volvían al punto de partida: la Policía Militar Batallón 121. Allí habían sido destinados el 31 de marzo de 1977, cuando se convirtieron en la primera clase en ser convocados al servicio militar con 18 años. También hubo una cena con invitados especiales y recuerdos de aquellos adolescentes que necesitaron la amistad para enfrentar una realidad que apenas entendían. No fue el único roce con la historia, volvieron al cuartel por el conflicto del Beagle.

   Arrancaron antes de las 8 en el Monumento con las remeras que estamparon para la ocasión. El día despuntaba y la emoción también. Esta vez no había voz de mando, pero sí el resultado de una impecable organización de varios meses. Daniel Nitri y Agustín Vallelonga, que llegaron desde San Pablo (Brasil) y Udine (Italia), izaron la bandera junto al rosarino Omar Lerro. También hubo escoltas y palma de laureles.

   Entre los invitados seguían la escena Raúl Fernández y Francisco Berchi, teniente y coronel retirados que llegaron desde Corrientes y Córdoba. Ambos también eran jóvenes cuando tenían a su cargo a la compañía.

   ¿Es común que los inviten? Para Berchi fue la primera vez. "Lo difícil es que un grupo tenga esta capacidad de convocatoria, esto no puede ser algo ficticio, esto es profundo y tiene un sentido", dijo. Según Fernández, que el grupo exista, justifica lo que les enseñó en la etapa de instrucción "apoyarse mutuamente y el valor de la amistad".

   "Nunca nos imaginamos que los íbamos a invitar, pero todos respondieron con mucha emoción y ellos dijeron que no habían visto un grupo como el nuestro y se ponían a disposición", comentaron los ex soldados. La cena del reencuentro se realizó la semana pasada en el Círculo de Suboficiales del Ejército, Gurruchaga y avenida Costanera. Años duros

El hecho de haber realizado la "colimba" en 1977 no fue menor. "Tremendo año y nosotros muy chicos. Nos avispaban los soldados viejos, nos decían «esto pasa así, ojo con aquello»", cuentan sobre la sincronía en plena dictadura militar.

   De grandes es otra cosa, a la cena invitaron a quienes fueron sus superiores, pero que no tuvieran denuncias al respecto. Y dijeron que más allá de algunas situaciones duras, en general participaban en los controles. "En ese momento no tomábamos dimensión de lo que pasaba. De escuchar Pink Floyd y tener el pelo largo, pasamos a vestir de verde con un fusil, no entendíamos nada".

   "Ese contexto del país era muy difícil, éramos un grupo de chicos que aún necesitaba contención familiar y ahí había una disciplina muy rígida, con reglas de premios y castigos, creo que frente a eso, la contención la encontramos en el compañero de la cama de al lado", analizaron al interpretar los vínculos tan fuertes que generaron. En los francos era común llevar a la casa soldados que vivían lejos; algo que nadie olvidó.

   Pero con ser fuerte, no había terminado. Meses después de la baja volvieron a reincorporarlos por el conflicto del Canal de Beagle (cuando en carácter arbitral Gran

Bretaña lo adjudicó a Chile). Recuerdan la tensión y la angustia. "Un grupo íbamos a viajar al sur un viernes, en camiones volcadores de Villa Constitución, y el miércoles a la tardecita se firmó la mediación (1978)", recuerdan.

Vínculos

"No creo en las casualidades, el grupo existe por la energía que generamos y que nos lleva a encontrarnos", explicó Sergio. La semana pasada reunieron a 107 de los 160 soldados que integraron esa compañía.

   Y coincidieron en que supieron cuidar la unión en la diversidad. Hay trabajadores, profesionales, empresarios, cuentapropistas y de todas las ideologías políticas, pero se respetan como cuando hace cuarenta años se necesitaron para ser un grupo y no se hicieron preguntas.

   "Somos especiales, escribí esto, éramos y somos de una generación extremadamente extraordinaria, llenos de valores y principios y seguimos siendo los mismos, por eso nos emociona encontrarnos", dijeron para asumirse a prueba de tiempo. Y habrá que creerles. Cuarenta años después siguen tan unidos como entonces.

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