La ciudad
Domingo 19 de Febrero de 2017

Están presos, pero fabrican plumeros y gerencian el emprendimiento

Es el primer proyecto productivo en la Unidad Penitencia N° 6. Una forma de soñar la libertad para no errar otra vez el camino.

Una antigua máquina, un grupo al que le gusta convertir las ideas en acciones, y la eterna certeza de que algo siempre puede cambiar gestaron el primer proyecto productivo laboral en la Unidad 6 del Servicio Penitenciario (Francia al 5200). Fabián, Jonatan y Leonardo están al frente de su pequeño micro emprendimiento, fabrican plumeros de buena calidad que esta semana salieron a la venta muros afuera. Un paso hacia la esperanza y la conciencia, una forma de ir soñando la libertad con los ojos abiertos para no errar otra vez el camino.

De la primera producción de 72 unidades, ya se agotó el tamaño más pequeño. Están entusiasmados, quieren ir más allá del voluntarismo, convertirse en cooperativa y formalizar la tarea para no salir de allí con las manos y el corazón vacío. Están aprendiendo a gestionar como grupo y lo valoran, se dan cuenta de que es una herramienta cargada de futuro. Por ahora ponen fichas en la iniciativa porque sienten que en ellos mismos hay mucho por transformar, vienen de historias duras y vidas difíciles.

Más aún, saben que en el éxito del proyecto están jugando una carta brava: la confianza. Quieren demostrar que esta vez pueden ganarla porque tienen en mente más proyectos productivos como opciones para cuando salgan del penal. Opciones es justamente una palabra que muchos de ellos no conocieron, explican los integrantes del Multisectorial de Solidaridad con Cuba, que tres años atrás hicieron pie en el penal con el programa de alfabetización, "Yo sí puedo".

En aquel momento tuvieron tantos voluntarios para enseñar a leer y escribir, que decidieron aplicar toda esa disposición según los intereses de los internos. "La idea fue transmitir saberes, comportamientos, hábitos conducta, en suma, trabajar desde lo cultural y hacer ese intercambio a través de talleres", explicó su portavoz, Guillermo Cabruja.

Actividades

Así hubo clases de peluquería, de masajes y respiración, literarios, de comunicación, de matemática, de arte e idiomas, radio, teatro, y prevención de adicciones y violencia familiar, entre otros. "Nunca pensé que yo podía escribir lo que siento", contó Fabián todavía entusiasmado de haber compartido un encuentro con el escritor Leonardo Oyola, autor de la novela y también película, Krytonita, en su visita al penal.

La actividad fue intensa y hasta incluye la creación de la Biblioteca Federico Pagura, para la que consiguieron dos mil libros donados y la edición del libro "Entre mandarinas y tumbas", con textos de los internos, que firmaron un ejemplar y lo enviaron de regalo a Fidel Castro, en gratitud por haber aprendido a leer y escribir dentro de la cárcel con su método. De modo que antes de la fábrica de plumeros, hubo siembra, y de la fértil.

¿Por qué la cárcel? "Porque es el lugar donde está la mayor desigualdad de la sociedad, están los más pobres, los más castigados por las marginación, no hay ningún clase media, a lo sumo el hijo de algún trabajador", sintetizó Cabruja. E ilustró con un ejemplo: "Nadie va solo a la escuela cuando es pequeño, nos llevan, nos compran los útiles y están atentos a nuestros deberes, encontrar analfabetos en la cárcel significa que a ellos nadie los llevó". Ausencia que en la subjetividad se inscribe como marca indeleble de la pobreza estructural en sus aspectos materiales y simbólicos.

"Estos pibes hicieron mucho daño, en algunos casos mataron, el daño es irreparable, lo están pagando y sólo se puede revertir con más educación e inclusión, muchos de ellos dicen gracias a Dios que están presos porque si no estarían muertos", describió con trazo grueso. Y dijo que al salir de la cárcel el estigma es aún más grande. En ese marco y con plena conciencia de las limitaciones, surgió el primer proyecto laboral como herramienta para que la conciencia de autogenerar un trabajo sea más fuerte que la mala senda, siempre disponible para un ex convicto.

Origen

El taller de emprendedores, a cargo del licenciado en Finanzas, Ariel Varano, fue la piedra de toque para la fábrica de plumeros que logró el visto bueno de las autoridades del penal. Los recursos los aportó el Banquito Impulsar, una herramienta con la que Ciudad Futura apuntala proyectos de gestión social. Buscaron precio y calidad y le compraron las plumas de avestruz a un proveedor de Rosario que las importa de Sudáfrica.

El objetivo es generar una estructura comercial autónoma, sustentable y dadas las circunstancias hasta se podría decir liberadora. Varios de los comercios de barrios ya compraron parte de la producción que se hace en cuatro tamaños desde 100 a 170 pesos. "Por ahora lo estamos haciendo con mucha voluntad, nos llevará un tiempo conseguir una cuadrilla de venta, la gente se puede comunicar con nosotros para hacer los pedidos como mayorista o lo que quieran comprar", explicó Emmanuel Ferreyra, a cargo de la comercialización.

"Ahora que ya está en marcha, Fabián, Jonatan y Leonardo, quieren saber si se pueden inscribir en monotributo, comprar con facturas, formalizarlo", explicó Varano. Y dijo que los internos necesitan que los escuchen, que desde afuera les den una mano para concretar todas las ideas y ganas de trabajar. Los interesados en comprar pueden comunicar por privado al Facebook de Ema Ferreyra o Varano o al whatsapp 54 341 6694259.

"Recién termino de jugar al rugby con los profesores que vienen al penal y algunos chicos de la Pastoral Penitenciaria", dice Fabián. Tiene 47 años, hizo todos los talleres posibles, habla como cascada y en las categorías que utiliza va dando las pistas de una historia brava de delitos duros. Es un líder natural y quiere ser positivo para sus pares en la vida cotidiana de la cárcel y dice que lo "que pasó, pasó" y que ahora tiene en mente "la familia".

Fue allí donde vio trabajar a su padre haciendo plumeros desde la madrugada, por eso cuando se habló del proyecto aportó el recuerdo, la vieja máquina recuperada y hasta el legado del nombre que piensan para el proyecto productivo: La Santafesina.

Fuerzas para proyectar

"La paz que no conseguí en la calle la encontré acá" dice Fabián y salda su gratitud con el padre diácono Raúl Valenti, de la Pastoral Penitenciaria de la Arquidiócesis de Rosario, que les enseñó varios oficios. Se trata de un equipo de cien personas que se divide en distintas unidades penitenciarias. "Soy auxiliar del padre Fernando Bustamante en la Unidad 6, de calle Francia al 5200", explicó el diácono que lleva más de 40 años trabajando en la cárcel.

Logros

¿Cuándo la gente es escéptica respecto a lo liberador que puede ser un trabajo en el penal, que responde? "Dios obra de distintas maneras, soy testigo de muchas personas que salieron de purgar condenas de muchos años y hoy están reinsertadas en la sociedad, conozco un matrimonio que se conocieron como convictos y hoy tienen una familia preciosa y no volvieron a reincidir, son varios casos, el domingo festejamos 15 años de libertad de Daniel, sin reincidir trabajando muy bien", relató.

Pero dijo que lo contrario también sucede. Aunque en estos casos "tienen muy poca culpa porque la sociedad no está dando una respuesta, un ámbito, no hay contención", dijo Valenti y explicó que "el sueño ahora es hacer algo en forma conjunta con los funcionarios de turno para dar una contención de tres meses de trabajo y albergue al salir en libertad". ¿Qué los ayuda a cambiar? "El sentir que se los trata como personas, les digo que son como mi familia, y los visito como tales, y que Dios puede dar fuerza para proyectar una nueva vida", enfatizó. Quizás sea un exceso de asociación, pero algo tendrán los plumeros para hacer desaparecer tanto dolor, tanto pasado.

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