La ciudad
Jueves 12 de Octubre de 2017

En lo que va del ciclo escolar, seis alumnos fueron armados al colegio

Sobre 330 mil estudiantes que tiene la Regional VI, Educación cree que son pocos casos. El último fue el de un niño que llevó un cortaplumas

El caso de un nene de 12 años que el martes llevó un cortaplumas a la escuela dentro de la mochila volvió a poner en alerta a las autoridades educativas, que tomaron cartas en el asunto. Más allá de que esta vez se trató de un objeto "chiquitito", aunque potencialmente peligroso, constituyó el sexto episodio de alumnos que asisten a clases con algún tipo de arma en jurisdicción de la Regional VI del Ministerio de Educación, lo que incluye los departamentos Rosario, Constitución y San Lorenzo.

"No es una situación nada común, pero cuando ocurre hay que dar una rápida respuesta, porque tenemos la obligación y la responsabilidad de ver qué es lo que está pasando", dijo la titular de la delegación, Daiana Gallo Ambrosis.

Lo interesante es adónde focaliza esa mirada, ya que debe atender a la vez el "comprensible temor de los padres" al enterarse de un incidente de esa naturaleza en el curso de sus hijos, y la situación del alumno que llevó un arma a la escuela.

"Con frecuencia nos encontramos ante un chico cuyos derechos están siendo vulnerados, ya sea por su entramado familiar o barrial", explicó la funcionaria.

Al sentirse amenazado, el niño "puede terminar portando un arma a la escuela, que es la primera institución del Estado en territorio y la principal caja de resonancia de una sociedad violentada", agregó.

Una "broma"

Este último caso, el sexto en el año dentro de la Regional VI, donde estudian al menos 330 mil alumnos, involucró a un chico que asiste a 7º grado de la Escuela 565 Bartolomé Mitre, de Mendoza al 7300.

El martes pasado, en contraturno, llevó en la mochila un cortaplumas y se lo mostró a sus compañeros. Según los chicos, los amedrentó con usarla; según el dueño de la herramienta, sólo se trató de una broma, recordó ayer el vicedirector del establecimiento, Ariel Rosalen, quien además sostuvo que "nunca antes" habían vivido una situación de ese tipo.

Pero una vez ocurrido el incidente, la escuela lo informó al ministerio y eso puso en marcha el protocolo que se sigue en todos los casos donde hay hipótesis de conflicto o violencia escolar, con intervención del equipo socioeducativo.

De hecho, sostuvo Rosalen, el episodio causó "mucho enojo entre padres de los compañeros del chico", por lo que como primera medida, hasta que se aquieten las aguas e incluso para preservar al curso y al propio dueño del cortaplumas, se decidió que no vaya a la escuela, sino que mantenga un "tránsito especial".

Gallo Ambrosis recordó en qué consiste esa metodología temporaria de cursado, que "garantiza la trayectoria escolar": el chico trabaja en su casa, realiza tareas y tiene incluso monitoreo docente.

Eso ocurrirá de mínima hasta mañana, cuando el nene, acompañado de su mamá y el vicedirector, mantengan una entrevista con el equipo socioeducativo y la supervisora del área en la sede de la Regional.

Mientras tanto, desde la 565 se avanzará "en paralelo" con el resto de la comunidad escolar intentando poner el problema "en palabras", porque la expectativa es que el chico se reintegre lo antes posible.

No es habitual

Según la titular de la Delegación IV, eso es lo que ocurre regularmente ante situaciones similares. En lo que va del 2017, seis casos en su jurisdicción, de la que dependen 1.200 escuelas.

La proporción, estimó Gallo Ambrosis, demuestra que no se trata de casos habituales, sino "todo lo contrario", con la aclaración de que, además, una cosa es llegar a la escuela con un arma de fuego y otra con un cortaplumas. Igual, aclaró, es un hecho que "no se puede dejar pasar" ni naturalizar, y donde la intervención es inmediata.

Obviamente, el primer abordaje lo hace el equipo socioeducativo, pero ante situaciones complejas, donde el chico pueda estar sufriendo una vulneración de derechos que expresa de esa forma, se le da participación a otras áreas estatales, como Desarrollo Social y, más específicamente, la Dirección de Niñez.

De los últimos casos, el más grave se dio en mayo pasado en San Lorenzo, cuando otro chico de 7º grado llevó una tumbera y, al ser interrogada, su mamá dijo que la portaba como "defensa personal" porque mantenía altercados en su barrio.

Aun así, la funcionaria sostuvo que usualmente los chicos que han llevado un arma a la escuela logran "reinsertarse" en la misma institución y rescató el hecho de que en los "poquísimos" casos registrados "nunca se dio que intentaran agredir a compañeros o docentes".

"En buena hora la escuela sea la primera en detectar estas problemáticas para activar los mecanismos que permitan abordarlas", afirmó, convencida de que se trata del "mejor lugar donde pueden permanecer nuestros niños".

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