Indio Solari en Olavarría
Lunes 13 de Marzo de 2017

"El predio era un mar de gente del que costaba salir", relataron rosarinos tras el show

Más de 50 micros salieron desde Rosario a Olavarría. Ayer por la noche terminaban de llegar los últimos colectivos tras el trágico recital del Indio Solari.

Cansados, con poca voz y, sobre todo, perplejos. Así fue ayer el lento regreso de las miles de personas que partieron desde Rosario hacia el predio La Colmena de Olavarría para participar del trágico show que el Indio Solari desplegó el sábado. "El estadio era un mar de gente, del que costaba mucho salir", coincidieron varios de los asistentes al recital en el cual fallecieron dos personas y otras diez resultaron heridas.

El parque Yrigoyen fue el lugar de partida y de llegada de muchos de los micros que partieron el sábado rumbo a Olavarría. En el único puesto habilitado en Rosario para la venta de tickets, las 8 mil entradas disponibles fueron pocas. Sólo la empresa La Daga Rock, especializada en traslados a recitales, llenó unos cincuenta colectivos de fanáticos del ex Redondo. Ayer entrada la noche, los micros seguían llegando al parque. Las complicaciones de la salida del show y un accidente en la salida de la ruta estiró el regreso de los últimos coches hasta después de las 22.

Uno de los titulares de La Daga, Oscar Hurtado, había pasado toda la tarde entre la terminal de micros y el hospital de Olavarría buscando a los pasajeros que habían trasladado y no habían vuelto al lugar donde esperaban los colectivos. Al cierre de esta edición, sus nombres no aparecían en los informes del centro de salud. "Fue un recital muy grande, convocó a muchísima gente y cualquier posibilidad de organización se va de las manos", se sinceraba Hurtado, mientras intentaba dar con una decena de pibes que aún se suponían perdidos (ver aparte).

"Todo se desmadró"

Andrés Cánepa es periodista y llegó el sábado por la mañana a Olavarría en una combi en la que viajaron 18 personas. "Hasta la hora del show, la organización fue excelente, perfecta. Llegamos rápido al predio, retiramos sin problemas las entradas que habíamos comprado por internet. Pero después, todo se desmadró. En un momento dejaron de cortar las entradas y el lugar se convirtió en un mar de gente", señaló y aseguró que la concurrencia no podía compararse "ni con el primer Tandil de 2010 ni con el show de Mendoza donde la concurrencia fue de unas 120 mil personas".

Las puertas del predio rural conocido como La Colmena se abrieron un rato antes de las 15. Cánepa llegó a las 18.30 y "cuando aún faltaban unas tres cuadras para llegar al lugar "apenas se podía caminar por la avenida, los pasos se hacían más cortos, uno al lado del otro", describió.

Según cree, poco después de que él pasara por la puerta dos dejaron de cortar las entradas. "A mi me pidieron el ticket y me cachearon, pero después dejaron de hacerlo. Adentro vi gente con cualquier cosa: heladeritas llenas de alcohol, botellas de vidrio de vino y de cerveza. Lo que tenían en la calle entró".

Por eso, y viendo ya que iba a ser complicado mantenerse cerca del escenario, se ubicaron bastante después de la primera torre de sonido. Y pudo ver de cerca cuando se produjo la primera avalancha, donde aparentemente falleció uno de los dos jóvenes, "entre los que empujaban por entrar al pogo y los que querían salir, el remolino de gente era enorme. El predio era un mar de gente, del que costaba mucho salir", resaltó.

Después llegó la primera interrupción del show, sobre el filo del tercer tema, el pedido de Solari de correrse un poco hacia atrás del escenario. "Ahí nos dimos cuenta que algo había pasado, cortó como 25 minutos. Después pensamos que en ese momento deben haber tomado la decisión de seguir con el show para no generar un caos peor. Creo que incluso decidieron cambiar la lista de temas, evitaron clásicos que hacen siempre, y todo el tiempo se notó que estuvieron midiendo como seguir con el show", contó.

   El final del recital fue “caótico”: una sola puerta para la asistencia estimada en 300 mil personas. “La gente se subía a los árboles para no desmayarse, se colgaba de rejas o se pasaba a los patios de las casas. Era una masa de gente que te apretaba constantemente”, agregó Cánepa.

Un embudo

“En la salida se hizo un embudo en el que habremos estado 40 minutos”, apuntó Sofía Levín, 23 años, empleada de una editorial y con asistencia perfecta a los tres últimos recitales del Indio “nunca tan colmados de gente”. Esta última experiencia se extendió hasta entrada la tarde de ayer, cuando volvía en auto “a paso de hombre” por la ruta 51, “cansada y con algunos moretones”.

   Para Levín, la cantidad de gente que se convocó en Olavarría fue el principal factor para explicar por qué el día después del recital se convirtió en noticia nacional. “Estaba la expectativa de si era el último recital del Indio y la cercanía de la localidad con Capital y provincia de Buenos Aires. Todo eso jugó y también que en ciudad no había antecedentes de este tipo de shows”, señaló y apuntó que, aún así, “volvería sin dudarlo” a decir presente en otro recital.

Tickets por 60 pesos

Para Mauro Marcosano, en cambio, el de Olavarría fue el primer show del Indio y también el primer recital masivo. “Por eso al principio me ubiqué bastante adelante, muy cerca del escenario. Cuando todos empezaron a saltar sentí que me descomponía un poco”, contó. Afortunadamente, al mismo tiempo, en el escenario se paraba el show y se pedía a la gente moverse hacia atrás.

   “Nosotros llegamos tipo seis y todo estaba tranquilo, el problema fue que después de esa hora abrieron las puertas y empezó a entrar un montón de gente corriendo que empujaba hacia el escenario. Alrededor mío se escuchaba que habían comprado la entrada a 60 pesos ahí afuera, que nadie controlaba el ingreso”.

Un acuerdo tácito

“Cuando entramos al show, por la puerta 1 y 2, no nos cortaron el ticket y el cacheo fue muy por encima. Adelante mío se metieron dos chicos corriendo y se escaparon, siempre pasan esas cosas. Pero había tanta gente afuera que al segundo o tercer tema abrieron las puertas, la gente se tiraba desde los costados por donde estaban elevadas las vías del tren, de allí saltaban por encima de las cabinas de sanitarios para llegar adelante”, relató Guillermo Peyrano, quien llegó al recital con sus dos hijas de 20 y 19 años.

   Después de eso, “era tremendo, los que estaban adelante casi no tenían posibilidad de retroceder”. Entonces, consideró, “el Indio hizo lo que tenía que hacer: siguió cantando, porque si se suspendía el show la situación hubiera sido terrible”. El error, consideró, fue que la producción anunciara que se iban a vender entradas allá. “La gente, entonces, llegó de cualquier forma. A las siete de la tarde, a Olavarría seguían llegando decenas de colectivos. En la puerta compraban entradas truchas, había un montón por todos lados”.

   Para Peyrano, si la situación no se volvió aún más caótica fue por “el acuerdo tácito” que existe entre el músico y su público. “La gente se cuidó mucho. Todo el tiempo se escuchaba “está todo bien, amigo”. La gente se autorreguló, pero falló todo lo que fue el control de la organización del show”.


Comentarios