Sexo pago
Domingo 05 de Junio de 2016

El drama de la red de trata y sus secuelas

Sonia Sánchez fue prostituida a los 17 años, se escapó y ahora ayuda a la Justicia a capacitar a sus hombres para tratar a mujeres explotadas.

Impone y se hace notar. Tanto ella como su historia pisan fuerte y se prestan a ser descubiertas. Sonia Sánchez milita hace 15 años por los derechos humanos. Fue víctima de una red de trata por un espacio de tiempo que ya ni recuerda. "Son cosas que traté de olvidar, medianamente, para seguir con mi vida", admite.

Se encontró hace unos días con La Capital en un recorrido por un viejo burdel, ahora transformado en sede partidaria del Partido Socialista Auténtico (San Luis 818). Se indignó con los carteles (se conservaron como testigo de lo que allí sucedía) que pedían que ante cualquier eventualidad en la atención, se llamara a la encargada. "Después dicen que las putas deciden. Esto es tremendo", dijo señalando otro que rezaba "Respete y haga valer su tiempo", en clara referencia al cliente.

Sin rodeos, narró su calvario. "Fui prostituida a los 17 años y traficada al sur, y hoy, el que me llevó, es millonario e inclusive tiene campos en Santa Fe. Es parte de una de las cinco familias que maneja todo Santa Cruz en cuanto a la trata de personas", aseguró. Y hasta remarcó que el prostíbulo en el que estuvo a esa edad "todavía sigue abierto, y yo ya tengo 51 años".

Uno de las chicas que auxilió provenía del mismo burdel en el que ella fue explotada. "Hace dos años recibí a una chica de 17 años que fue rescatada de ese mismo prostíbulo, cuyos dueños también regentean otros en Río Gallegos y en El Calafate. Las chicas están entre 15 y 20 días en Río Gallegos y después las llevan a El Calafate.Las van rotando para que los varones prostituyentes no se aburran".

Sabiendo que los prostíbulos siguen abiertos, Sánchez afirmó que quien los administra "no va preso y sigue traficando mujeres. El tipo estuvo tres horas detenido, demorado en la comisaría de El Calafate: pagó 300 pesos y salió".

Asegura que trató de olvidar cómo escapó de su calvario. "Sólo sé que me escapé, y que las mujeres dentro de los prostíbulos no manejan plata. Entonces, cómo llegué de Río Gallegos a la ciudad de Buenos Aires, no lo sé".

Lo único que tiene en claro es que llegó a Capital "con 44 kilos. Y si estuve airando de acá para allá por un año, eso no lo sé. Porque no importa cómo te escapás, sino cómo caés en la red de trata".

Observación. En el viejo burdel que recorrió junto a este diario aún se ven stickers con dibujitos en las puertas de unos casilleros. Esto, según Sánchez, es algo que hacen las mujeres explotadas para formar "una realidad paralela que les permita sobrevivir a esta violencia".

Narró que en las capacitaciones que da, sobre todo a empleados judiciales, les enseña a ver más allá de la escena que presencian. "Esto es tratar de cobijarse en esa niñez que probablemente hayan tenido. Tratan de disparar de esta violencia hacia un momento feliz. Es muy fuerte".

Su labor apunta hacia los momentos más problemáticos de los procesos. "Cuando una mujer es rescatada, además de toda la violencia que sufrió, no puede hablar ni frente a un psicólogo ni a un psiquiatra, y menos ante una jueza. Ahí es cuando me llaman".

Sánchez intenta obtener información clave: quién las encontró, quién dio el dato para llevarlas y quién las llevó al prostíbulo.

Por último, consideró que preservar estas cuestiones es una buena medida, "porque es mantener la historia, y también es decir basta a esta violencia". Por eso, luego de haber visitado antiguos prostíbulos de Pichincha en diciembre pasado, Sonia pide que se agregue información adicional en los inmuebles de valor patrimonial de la ciudad.

"Vi muchos carteles de inmuebles de valor patrimonial, pero no te dicen qué pasó ahí o qué funcionó ahí. Tendrían que anexarse las cosas que pasaron en estos lugares, cuántas mujeres fueron explotadas y todo sobre este asunto. Rosario tiene una historia muy fuerte en cuanto a prostíbulos, y sería bueno algo así", concluyó.


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