La ciudad
Sábado 30 de Septiembre de 2017

El día en que Lichu Zeno conoció a Anderson, el hombre que le salvó la vida

Es el brasileño que en 2015 le donó médula ósea. El trasplante se hizo en un momento desesperante para el joven rosarino.

Después de dos años del trasplante, esta semana Lisandro "Lichu" Zeno conoció a Anderson Felippe, un joven brasileño que en 2015 le donó médula y le permitió seguir viviendo en un momento límite diez meses más, hasta que la donación que le hizo su hermano finalmente le salvó la vida. Fue un encuentro más que emotivo en el que ambos se fundieron en un abrazo que deja a las claras el poder de la donación de órganos.

   Anderson José Felippe llegó a Rosario el miércoles pasado junto con su esposa y su hijo de un año y medio (casi el mismo tiempo que pasó desde que donó su médula) y en el aeropuerto dio su primer abrazo a quien añoraba conocer, Lichu. Este lo invitó a participar de la jornada Comunidad Donante para que diera su testimonio (ver aparte).

   En noviembre de 2014 Lichu, un joven rosarino de 27 años, inesperadamente recibió un diagnóstico aciago: leucemia. Enseguida comenzó el tratamiento que motivó una fuerte movilización entre sus amigos y conocidos.

   Mientras se realizaba la quimioterapia para frenar la enfermedad, comenzó la búsqueda de posibles donantes "por las dudas".

   "En julio de 2015 desde el Incuai me llamaron un viernes para informarme que tenían un donante compatible. A mí me pareció espectacular y le conté a mi familia. Ellos no entendían para qué quería un donante si yo estaba bien. Pero ese lunes me hice el análisis y los médicos me dijeron que tenía una recaída y que necesitaba una donación. ¡Yo ya tenía el donante!", recuerda Lichu sentado junto a Anderson.

   En ese momento, todos sus amigos y conocidos comenzaron una búsqueda implacable en las redes sociales para dar con Anderson, quien tenía una médula compatible para poder donarle células a Lichu. "Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida, porque vi que miles de personas estaban compartiendo en las redes la información para encontrar al donante. Y al otro día apareció", rememora el joven todavía emocionado. El trasplante se realizó en septiembre de 2015, en un momento crítico para la vida de Zeno y le permitió seguir con vida diez meses más, hasta que otra donación, en este caso de su hermano, cerró el capítulo final de la batalla contra la enfermedad.

Lejos de Rosario, ajeno a la situación extrema de Lichu, en la ciudad de Río das Pedras, estado de San Pablo, Brasil, Anderson, de 39 años, empleado de un estudio contable, fue a donar sangre.

   Despuntaba el 2015. Por entonces vio un panfleto que explicaba de qué se trataba la donación de médula ósea o células madre, y decidió inscribirse. Vio que era fácil y pensó que tal vez podría salvar la vida de alguien. Pero jamás imaginó lo que iba a vivir esta semana en Rosario.

   "Un día estaba trabajando y me sonó el celular. Eran los del organismo similar al Incucai, pero de Brasil", cuenta Anderson en diálogo con La Capital. "Me explicaron que habían encontrado a una persona que necesitaba una donación de médula y que era compatible conmigo. Me preguntaron si quería ser donante y respondí que sí", recuerda Anderson, quien ese día empezó el procedimiento para poder donar las células.

   "No tenía ni idea para quien sería el trasplante, si se trataba de un brasilero o no", acota. Luego, cuando le hicieron las entrevistas previas, le dijeron que su receptor era argentino. "No sabía si mujer o varón, y la verdad es que me imaginé que sería una mujer de 60 años", dice y se ríe de su ocurrencia.

   Entonces comenzó el procedimiento y más tarde supo que el receptor estaba bien y que su médula había "prendido" en Lichu. "Después supe que era un chico de 25 años y la verdad es que lo quería conocer desde el primer momento", admite el brasileño.

Abrazo

Este miércoles, cuando Anderson aterrizó en Rosario, acompañado por su esposa Cristin y su hijo Lucas, se cumplió el deseo que compartía con Lichu. Ya había una unión especial entre ellos, pero el abrazo la cristalizó para siempre.

   En el congreso Comunidad Donante, que se realizó el viernes en la sede de la UCA Rosario, Anderson y Lichu dieron su testimonio al público. Anderson, que más de una vez tuvo que enfrentar las lágrimas, pudo hablar con tranquilidad, y un pausado portugués que permitió a todos entenderlo. En cambio, Lichu apenas si pudo hablar.

   Cuando le llegó su turno enmudeció. Las lágrimas anegaron su garganta impidiéndole pronunciar palabras. Cuando se repuso sólo dijo: "Quiero agradecer a Anderson. Gracias a él estoy vivo". El público interrumpió con aplausos y Lichu agregó: "Quiero contarles que a los 15 días de donarme médula, Anderson tuvo la gran noticia de que su esposa estaba embarazada, y aquí está Lucas, que tiene un año y medio, y creo que esto es la muestra más tangible de por qué trabajamos: dar vida. Yo tengo mucha suerte, porque no todas las personas consiguen un donante y gracias a su actitud hoy estoy aquí", cerró.


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