La ciudad
Miércoles 12 de Julio de 2017

El barrio que se involucró y autogestiona la seguridad

Los vecinos de barrio Industrial unieron fuerzas, se comprometieron y comenzaron a capacitar a chicos en riesgo social que deambulan por las calles

"Una noche escuché 11 balazos, pensé que me habían derrumbado la casa. Me quedé paralizado", relata José Kruel recordando el día que 10 balas impactaron en el portón del vecino y una en su casa. Le costó reponerse, y cuando pudo le dijo a su mujer: "Pensalo. ¿Nos quedamos o nos vamos del país?".

José es profesor universitario y hacía poco tiempo que se había mudado a barrio Industrial, más conocido como "Café con leche" porque allí está la planta de Cotar, y estaba La Virginia. Con su esposa y su hijo, buscaban un lugar tranquilo donde vivir. Nunca se imaginó que se despertaría a la madrugada con semejante balacera en el portón pegado a su casa.

Ese hecho fue crucial en su vida. "Mi mujer me dijo que no se quería ir, y le respondí: «acordate de que si nos quedamos, me voy a involucrar»". Y así fue. José comenzó una movida en el barrio que ahora se llama Eco Gestión. Aunó voluntades, unió a las instituciones barriales, y entre todos armaron cursos de capacitación para chicos que se dedicaban a robar. La idea era darles una oportunidad, y así lo hicieron.

Hoy caminan por el barrio tranquilos, saben que para ellos es el lugar más seguro de Rosario, porque se conocen todos, se mezclaron, se integraron. Hicieron honor al lugar que se conoce como "barrio café con leche" y mostraron una forma de superar la inseguridad.

Herramientas

"Me resonaba en la cabeza que teníamos que ofrecer una oportunidad para estos chicos. Todos los conocíamos, sabíamos realmente quienes eran". José se reunió con las fuerzas vivas de la zona. Habló con la gente de la vecinal, con los del club, Amigos Unidos, y también con salesianos que son los que se ocupan de la escuela y la parroquia para ver qué podían hacer. Entonces formaron un equipo en el que todos tiran para el mismo lado, y así lograron que la Municipalidad de Rosario les otorgue planes Nueva Oportunidad y largaron los talleres. ¿El objetivo?, convertir una pandilla en trabajadores.

Empezaron a trabajar juntos Raúl Jaime de la vecinal y de la biblioteca popular Amor al Estudio, los sacerdotes del colegio y de la parroquia Domingo Savio, los capacitadores Ana Alcain y Eduardo Devit, otros profesionales, y Martín Carbonell de la seccional 8º. Después también se sumaron empresarios de Grupo Norte.

La parroquia Domingo Savio les presta las instalaciones. Hace dos años comenzaron allí los talleres de cocina y de albañilería. Ahora quieren armar una pequeña empresa de arreglos y servicios públicos para todo el barrio.

"Comenzamos por arreglar el club Amigos Unidos que estaba destruido", relata José parado frente a los chicos que aprenden albañilería, un viernes a la tarde, en el patio de la parroquia Domingo Savio.

"Lo mejor del trabajo en el club fue que vinieron todos los chicos y los vecinos del barrio con sus familias, y terminamos en una fiesta, todos integrados", cuenta José.

El año pasado el grupo arregló la vecinal, y entre todos colaboraron para mejorar la casa de uno de los chicos. Ahora tienen el desafío de conseguir un trabajo. José es consciente de que sin un empleo, no les va a cambiar la calidad de vida, y por eso lucha y pide a todos los conocidos si necesitan albañiles.

La mayoría de los que hacen los cursos estaban involucrados en el narcomenudeo, en el consumo de sustancias y en el robo. "Lo lindo fue ver cómo a partir de que empezaron estos talleres, varios volvieron a la escuela y quieren terminar", cuenta Ana, una de las capacitadoras.

"Esto es realmente maravilloso porque vemos cómo va cambiando la vida de estos chicos", subrayaron los vecinos. Actualmente hay 20 que están haciendo el curso de panadería y otros 17 el de albañilería.

Una manzana de ensueño

Los vecinos de barrio Industrial no se conforman con que algunos aprendan un oficio. También quieren mejorar el barrio entre todos y por eso se propusieron concretar "La manzana de tus sueños". La idea es mejorar completamente la manzana comprendida por las calles Humberto Primo, Stephenson, Casilda y Don Bosco, para demostrar que entre todos pueden tener las cuadras más lindas de la ciudad. "Lo vamos a hacer entre todos los del barrio, y así lograremos una convivencia real", puntualizó José.

A su vez, ya armaron una especie de "empresa" de servicios para el barrio, formada por los chicos que ya saben de albañilería. Se los puede llamar para hacer tareas de mantenimiento, pintar paredes o arreglar veredas.

"Lo más importante que les enseñamos son los modales que necesitan para la vida", explica el profesor de albañilería Tadeo Shiira, un joven arquitecto que dedica varias horas a la semana para enseñar en barrio Industrial. "Los chicos son muy abiertos, y les explico que tienen que tener conducta, por ejemplo llegar a horario, porque en un trabajo, si no lo hacés perdés el presentismo, que tienen que tratarse bien entre ellos, y ser responsables con la tarea. De a poco van cambiando", relata. Y parece que lo van logrando. De hecho, cuando termina la clase, los mismos alumnos se ocupan de lavar los baldes y las herramientas para que todo quede en condiciones.

Resultados

Ezequiel Gomez era un alumno infaltable de las clases, pero este año ya no asiste porque consiguió trabajo. Sin embargo, siempre pasa a saludar a sus compañeros. Tiene 25 años y empezó a trabajar en una fundición. "Hice el curso de albañilería que me sirvió mucho porque aprendí y con eso pude revocar y pintar mi casa", cuenta entusiasmado el chico que es padre de un bebé. "Lo mejor es que se armó un grupo muy lindo", destaca mientras mira a sus antiguos compañeros. Además, resaltó el trabajo de los profesores. "Aprendés en serio, y todos ponen su granito de arena para que salgamos adelante".

En la clase, Tadeo y Lautaro del Federico se las arreglan para explicar las tareas paso a paso. "Es un desafío grande enseñarles, pero te involucrás enseguida, eso es increíble", comentan. Muy cerca de ellos, hay una chica que es alumna de albañilería. Está haciendo el curso porque quiere arreglar su casa. Se llama Gisela y tiene 29 años, aunque parece de 20. "Mi casa está muy deteriorada y quiero arreglar y pintar el techo porque se llueve, pero como no puedo pagarle a alguien para que me lo haga, es mejor que lo aprenda y así lo hago yo", confiesa.

Ella vive con sus cuatro hijas y está buscando un trabajo estable para poder sostenerlas. Mientras, aprende a construir para mejorar el lugar donde vive. Además, empezó la escuela y está cursando on line primer año. Descubrió que de esa manera puede estar con las nenas y aprender a la vez.

Flavio tiene 23 años. Le cuesta contestar la pregunta de cuál es su sueño. Atina a decir que le gustaría mucho ser mecánico para motos. Es uno de los alumnos del taller y retomó la escuela. Está feliz porque aprobó inglés y pasó a tercer año. "Tenía miedo porque dejé la escuela a los 15, y me costaba mucho volver a agarrar un libro, pero lo hice y ahora quiero terminar", afirma contento.

El trabajo ya comenzó, los vecinos lograron aunarse por un bien mayor para todos. Ahora resta encontrarles una ocupación laboral a los chicos, que al menos ya cuentan con la contención de personas de gran corazón con muchas ganas de ayudarlos.

Intercambio

José es docente de la UAI y trabaja en el barrio bajo una modalidad que se llama Aprendizaje de Servicio Solidario. Realiza una investigación de las tareas más convenientes para la zona. “Se produce un intercambio muy interesante entre los chicos, que cuando vienen conocen otra realidad muy distinta a la que viven”, destacó José.


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