La ciudad
Domingo 27 de Agosto de 2017

"Cuando pasó a ser Papa, Francisco dejó de ser Bergoglio"

El sociólogo Fortunato Mallimaci analiza en detalle la figura del Pontífice y asegura que "no hay Papa que no sea político".

Pocos pensadores conocen mejor las relaciones entre peronismo y catolicismo en Argentina que el sociólogo Fortunato Mallimaci, docente de la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). "Cuando Francisco asumió —recuerda—, los grandes medios de comunicación supusieron que iba a enfrentar al gobierno de Cristina porque como cardenal, Jorge Bergoglio había sido «anti K». Así fue como, inicialmente, le dieron un fuerte apoyo, pero cuando el Papa deja de ser Bergoglio y queda al frente del Vaticano, su carisma y cargo lo transforman: en su mirada sobre América latina decide apoyar a ciertos procesos sociales que implican ampliación de ciudadanía y a nuevas organizaciones sociales, siempre que reconozcan el liderazgo y acompañamiento de la Iglesia, a las que el capitalismo había desplazado".

   Mallimaci afirma que no hay Papa que no sea político. Y, de hecho, todos los pontífices del siglo XX y lo que va del XXI lo demuestran. De "40 o 50 Estados" que mantenían relaciones diplomáticas con el Vaticano a principios del siglo pasado, detalla, hoy ya lo hacen 184. Y mientras la proyección internacional del Papa crecía, menguaba la de los grandes líderes nacionales.

   A esa dimensión política mundial de la que Francisco nunca abjuró, sino que, por el contrario, decidió hacerse cargo de forma ostensible, se suma la que asumió como argentino y latinoamericano. Fue en ese marco, por ejemplo, donde proclamó su proyecto de las Tres T: techo, tierra y trabajo

Liderazgo

"En América latina el Papa ya no tiene que disputar liderazgo con el marxismo ni con el comunismo, y por eso, siempre y cuando le reconozcan su liderazgo, decide acompañar a procesos y organizaciones sociales a los que el neoliberalismo ataca fuerte y hasta destruye", afirma el sociólogo.

   Esa posición tampoco le resulta gratuita ni neutra en sus efectos.

"En Argentina coexisten un catolicismo burgués muy fuerte que apoya al macrismo, un catolicismo que se identifica más con las formas que con los contenidos, que se expresa en la mayoría de los obispos, en ministros y funcionarios formados en universidades privadas, y un catolicismo popular, de opción por los pobres, de militancia por los derechos humanos, que tiene una histórica identificación cultural y social con el peronismo".

   Las opiniones que refleja la encuesta realizada en Rosario por la consultora Mec Asociados no son ajenas a esas facetas de la Iglesia argentina, ni a las simpatías y rechazos que ellas generan.


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