Igualdad de género
Sábado 23 de Septiembre de 2017

Celia, la profesora de la UNR a la que premiaron por su creatividad

Dirige el profesorado y la Asociación Argentina de Química le dio el Premio a la Enseñanza 2017. Una historia que conjuga la ciencia y la pasión.

A juzgar por cómo concibe y practica la transmisión de la ciencia, Celia Machado es lo que se dice una docente "copada". Es obvio que así lo entendió también la Asociación Química Argentina, que acaba de otorgarle el premio a la Enseñanza de la Química 2017, por lo que el mes próximo recibirá un diploma y una medalla de honor en el marco de unas jornadas nacionales e internacionales de la disciplina.

   Tanta pasión pone Machado en lo que hace, que aparte de dirigir el profesorado de la especialidad en la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la UNR, donde además dicta tres materias, también se dedica a compartir esa fascinación por la ciencia con chicos de escuelas primarias y secundarias, desde Rosario y Granadero Baigorria hasta El Impenetrable y México.

   Su convicción es que entender los fenómenos naturales requiere menos tubos de ensayo y más reflexión sobre la experiencia cotidiana. O la vida real, como la nombra. Y por si fuera poco, en la misma línea epistemológica, también fabrica juegos para hacer experimentos a los que llama "Scientíficamente".

   No es la primera vez que la asociación nacional de la disciplina reconoce a Machado: hace cinco años ya la había galardonado por la Mejor Tesis de Didáctica de la Química, con la que la docente obtuvo su doctorado.

   Y este año, nominada por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la facultad, el jurado de la entidad evaluó sus antecedentes docentes, de transferencia y extensión, y volvió a dictaminar que merece el premio a la Enseñanza de la Química 2017.

"Todo tiene que ver con el mismo afán de promover y disfrutar de las ciencias experimentales, pero no en el sentido de una especie de «ciencia en miniatura», sino vinculándola con todos los aspectos de lo que nos rodea, de la vida cotidiana", explica la profe de Química.

   Esa manera de pensar y de enseñar la ciencia requiere reflexionar sobre la experiencia, toda una postura filosófica. "Un ejemplo que doy a los alumnos es que, cuando salen a correr y sienten que les falta el aire, en realidad les sobra dióxido de carbono". Por eso, "desde el punto de vista químico, deberían exhalar con fuerza, más que inhalar".

   De ese modo, les hago "tomar conciencia de que lo que les ocurre en el cuerpo es una reacción química que por voluntad propia están acelerando", grafica.

   Esos "fenómenos cotidianos" son caminos para llegar a las abstracciones que supone la construcción del conocimiento científico. "Y es así como se puede pensar en una química de la cocina, una química de la cosmética, una química de los juguetes, y hasta es posible vincular la química con la igualdad de género", dice Machado.

   "La pregunta de cómo se mueve un automóvil no tiene por qué ser tema de varones", ironiza, en la medida en que apasiona la pregunta de "cómo, a través de qué procesos, qué fenómenos, se transforma el combustible en movimiento". O dicho de otro modo, mostrar "que lo que ocurre dentro del cilindro de un motor de automóvil es la transformación de esa energía química almacenada en los enlaces de la nafta en energía cinética, lo que le permite moverse al auto".

   Machado presenta la ciencia de esa manera a alumnos de todas las edades y niveles. A los del profesorado de Química, donde dicta Mineralogía y talleres de Práctica Docente y Didáctica de la Química, y a los de escuelas secundarias y primarias de localidades argentinas y extranjeras.

Gran experiencia

En julio pasado, por ejemplo, tuvo una experiencia "increíble" con alumnos de 1º a 5 año de una escuela media de El Impenetrable, ubicada en Villa Río Bermejo, sobre el límite entre Chaco y Formosa. A partir de la iniciativa "maravillosa de una docente", que sugirió a sus alumnos escribir cartas a científicos del país, Machado viajó junto a otra colega física para dar clase a unos 250 alumnos.

   "Mi sueño es enseñar ciencia en contextos regionales en toda Iberoamérica", cuenta. De hecho, un tramo de esa meta ya lo viene recorriendo cuando viaja a dar clases a alumnos de primaria, secundaria y profesorado en Chiapas, México. "Química del barro, de los colorantes naturales, de las plantas autóctonas", ejemplifica.

   Entre otros proyectos que tiene en marcha, figura uno muy original e igualmente ligado a la química: la producción de juguetes que comercializa por internet bajo la marca Scientíficamente.

   "Son juegos para hacer experimentos de química, biología y física", explica, otra vía para "explorar los fenómenos científicos, pero jugando", explica. Simplemente porque "la vida real no se presenta dividida por disciplinas" y hay múltiples caminos para captarla. La ciencia, el arte, el juego, la literatura, son algunos de ellos y no se contraponen, se complementan.


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