residentes extranjeros
Domingo 15 de Mayo de 2016

Cada vez más brasileños vienen a Rosario y deciden quedarse a vivir en la ciudad

Ya crearon la primera asociación legal del país, con 400 miembros. En promedio, dejan en la ciudad unos 15 mil pesos mensuales.

Rosario cuenta con la primera asociación legal para brasileños en el país. Desde la entidad afirman que hay alrededor de seis mil residentes viviendo en la ciudad (a la que consideran como polo universitario), que proceden del vecino país y que generan un gasto promedio de 15 mil pesos mensuales.

La Asociación Brasileña (Abra) en Rosario es una entidad civil que cuenta con asesoría jurídica y contable para sus asociados, además de ofrecer cursos (de portugués y de castellano a quienes llegan, entre otros) y ayudas con trámites y alquileres, entre otras cosas. Son alrededor de 400 socios y pagan una cuota mensual de 100 pesos. Además, posee convenios con prepagas para que los extranjeros que llegan tengan descuentos en la cobertura médica.

El presidente de Abra, Basilio Alison, dio cuenta de la cantidad de personas oriundas del vecino país que están en la ciudad y cuáles son los principales problemas a la hora de instalarse. Si bien el nombre de la asociación es en referencia a Brasil, asegura que "hay asociados que son residentes en la ciudad, pero de otros países como Chile o Perú" y que comenzaron con las actividades "de forma tímida, solucionando algún que otro tema" de quienes se acercaban.

"Empezamos ayudándonos entre nosotros, pero sin nada: sin una asociación ni nada de lo que hay ahora. Estamos desde hace dos años de manera informal, y desde octubre ya contamos con la personería jurídica", cuenta Alison, que está hace ocho años en el país y llegó a la ciudad luego de una corta visita, hace seis años, que le cambiaría la vida: "Fui a Buenos Aires a estudiar y un amigo me invitó a Rosario. Vine a conocer la ciudad, la UNR; 15 días después estaba viviendo acá".

La tarea principal de la asociación es ayudar a las personas que ya están instaladas en la ciudad a completar trámites y lograr que el asentamiento y la adaptación sean más llevaderos: "Ayudamos a las personas a hacer trámites y con problemas como, por ejemplo, alquilar. Surgió de la necesidad de los chicos de Brasil desde que comenzaron a llegar. Descubrieron Rosario, vinieron a conocerla y les encantó. Por eso es que ahora viene mucha gente y el flujo aumentó".

Además de presidir la asociación, Alison trabaja en el Sanatorio Británico como enfermero haciendo guardias de noche; al mismo tiempo, estudia medicina en la UNR. "Estoy casado y tengo una hija. Le encanta vivir acá y ya habla castellano perfecto. La ciudad es linda y a la gente que viene se la recibe bien", amplía, opinando sobre la carrera: "Viene difícil porque estoy haciendo un esfuerzo grande pero que vale la pena. Trabajo durante la noche, y durante el día concilio la facultad junto con la asociación".

Estudiantes. El debate siempre se cierne en torno al rol de los estudiantes extranjeros en la ciudad. Acerca de este tema, Alison piensa que el extranjero que viene a estudiar a la ciudad "es como un turista, pero a largo plazo, porque mínimamente va a estar siete u ocho años. De hecho, hay muchos que se casan y se quedan acá".

En Abra hicieron un balance en torno a preguntas que les formularon a quienes se acercaron para asesorarse o utilizar sus servicios. Ese informe indica que entre los casi seis mil brasileños que hay en Rosario, ingresa un promedio de 15 mil pesos anuales por cada uno. "Obvio que no todos aportan lo mismo. Si hacemos una media, un promedio, llegamos a los 15 mil pesos que van a alquiler, ropa, comida, impuestos y entretenimientos. Hay gente que viene con siete mil reales, otros con tres mil. Pero la media es de entre 13 mil y 15 mil pesos", explica.

Sobre la realidad de la ciudad, que recibe a miles de estudiantes todos los años, Alison opina que la oportunidad pasa por desarrollar un polo universitario: "En Brasil está Campinas, que es un polo tecnológico y van de todos los estados para estudiar sobre ciencia. Rosario se transformó en un polo universitario, porque hay gente que viene de muchos países únicamente a estudiar".

Cotidiano. Uno de los principales problemas que afrontan quienes llegan a la ciudad es el tema de los alquileres. Si bien es un asunto que aqueja a muchas personas, alquilar para un extranjero representa un verdadero desafío.

Sobre ello, Alison dice: "Para alquilar es una guerra. Cinco o seis inmobiliarias se propusieron alquilarles a los estudiantes con algunas condiciones. En ese caso, intervenimos y, dialogando, llegamos a un acuerdo para que sean más flexibles".

En ese sentido, Alison considera que "son pocos" quienes se prestan al diálogo y le gustaría que "fueran más, porque hay chicos que viven en un hostel o en pensiones en condiciones precarias. Esos ambientes no favorecen a uno cuando quiere estudiar".

Las asesorías con las que cuenta Abra (legales y contables) se crearon porque, lamentablemente, hubo problemas de estafas. "La asociación actúa como protección. Hay trámites que la gente extranjera con la que hemos hablado ha ido a hacer que se los han cobrado más caros, o trámites que los puede hacer uno mismo y les han llegado a cobrar 20 mil pesos", cuenta el presidente, y agrega que hace poco recibieron un caso particular: "Una persona fue a alquilar un departamento y le cobraron 40 mil pesos sólo por el trámite y los pagó sin saber nada. Si bien la mayoría de los que vienen a Rosario tienen una buena condición económica, eso no se le hace ni al enemigo".

Productividad. Uno de los proyectos de la Asociación Brasileña es colocar puestos en plazas, tanto en los barrios como en el centro, donde voluntarios de enfermería y medicina brinden servicios básicos a la comunidad. Así lo explica Alison: "Ya hablamos con la Municipalidad para que nos dé el permiso para estar en las plazas. Los puestos serían para tomar la presión, medir la glucemia o el índice de masa corporal, entre otras cosas. De esto participarían voluntarios de enfermería y medicina".

"La idea es devolverle a Argentina lo grato que nos da recibiéndonos. Es lo mínimo que podemos hacer: ser productivos y ofrecer lo que haríamos allá en Brasil", concluye.

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