Siete Días en Rosario
Sábado 31 de Diciembre de 2016

2016: el año en el que los rosarinos marcaron el rumbo

La marcha se extendió a lo largo de diez cuadras. Las lágrimas y los relatos estremecedores fueron el común denominador. El 25 de agosto de este año que transita sus últimas horas los rosarinos marcaron un quiebre. Le demostraron a los dirigentes cuáles eran las prioridades. Ese día los vecinos dijeron "basta" y se movilizaron para exigir seguridad y justicia. Sin dudas esa marcha fue la manifestación popular y pacífica (hecho no menor este último, y por eso se destaca) más relevante de 2016.

   A esa jornada la sucedieron declaraciones de emergencia en seguridad, fondos destinados a prevención, reformas de Códigos e intervenciones integrales en barrios. Llegaron términos como "patrullajes por cuadrículas". Hubo decomisos de drogas, traslados de presos desde las comisarías a las cárceles y policías caminantes que volvieron a transitar por las principales calles y avenidas.

   Hasta esa marcha, el poder político estaba enfrascado en impulsar una reforma constitucional con el objetivo, entre otros, de habilitar la reelección del gobernador. Nada más alejado de la realidad de los vecinos.

   Dos crímenes conmocionantes en pocas horas marcaron el hartazgo. No hubo cifras oficiales, pero los cálculos indicaron que más de 20 mil almas peregrinaron aquel 25 de agosto por las calles de la ciudad para indicarle a los tres poderes de Estado que el rumbo que estaban tomando no era el adecuado.

   "Gobierno, dormido, tu pueblo está herido", fue la consigna que salió de aquellas gargantas. Muchas atravesadas por el tremendo dolor de haber perdido a un ser querido a manos de la delincuencia.

Otro rumbo

"La marcha por seguridad cambió la agenda de todos los poderes del Estado", admitió esta semana el gobernador Miguel Lifschitz. Claro que dentro de esos tres poderes, el Judicial dio ayer y el viernes pasado muestras de que, a dos meses de ese reclamo masivo, su GPS parece estar direccionado en otro rumbo.

   Los rosarinos exigen Justicia, celeridad en causas que llevan años dormidas en Tribunales. Sin embargo, en esa manzana judicial, nadie dudo en tomarse un feriado extra largo para las fiestas. La corporación, esa que es tan diferente al común de los mortales; que no paga ganancias; tiene 30 días de feria en enero y 15 en julio, también se tomó dos feriados extra largos para estas fiestas.

   No importó que el 24 y el 31 cayeran sábado; el Poder Judicial también se pegó el faltazo los dos viernes anteriores. Ni siquiera un gesto "políticamente correcto" en el año en que los rosarinos protagonizaron una masiva interpelación.

   A nivel local, en tanto, la marcha sacudió al municipio. Se pasó del discurso que señalaba que "a Rosario la estigmatizan con la inseguridad" a destinar recursos financieros y humanos a combatirla. Llegaron las intervenciones generales para lograr "entornos más seguros" en los barrios y los trabajos más coordinados entre las áreas sociales y de prevención y seguridad.

   También las autocríticas. "Durante años hicimos política social boba", admitió hace un tiempo un alto funcionario del municipio. Es que con cada apertura de calle muchas veces se generaba el entorno para que el narco barrial ampliara sus horizontes. La coordinación, el reconocer el problema e identificarlo, también fue clave para cambiar algunas realidades.

   Y si de cambio se habla, esta semana 2 mil jóvenes obtuvieron sus diplomas tras capacitarse en oficios en el marco del Programa Nueva oportunidad. Un plan que se ejecuta en conjunto entre provincia y municipio y tiene por objetivo dar herramientas a jóvenes de entre 16 y 30 años que no estudian ni trabajan y pueblan los barrios más vulnerables de la ciudad.

   El saber un oficio es clave para empezar a vislumbrar un nuevo horizonte. La tarea de cambiar esas realidades es lenta, diaria y muchas veces adversa. Pero es saludable que el Estado la venga encarando cotidianamente desde 2013.

   Este 2016 la marcha por seguridad y justicia fue una bisagra; marcó prioridades. Algunos leyeron el mensaje, otros no tanto. Sólo el tiempo dirá si aquel 25 de agosto implicó un cambio sustancial para los tres poderes del Estado.

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