Ovación
Miércoles 15 de Junio de 2016

La ciudad de Seattle, modernidad y naturaleza

La city que alberga a la selección hasta hoy es la más importante del estados de Washington, aunque de fútbol, poco y nada.

En Seattle no hay carteles ni señales alusivas del paso de la selección argentina y Lionel Messi por la ciudad. Tampoco la disputa de la Copa América Centenario causa tanto furor como ocurre en otras sedes de Estados Unidos. Esta ciudad, la más importante del estado de Washington, cautiva al visitante por otras bondades. Por ejemplo, la combinación de civilización, modernidad y naturaleza parecen ser las claves de su encanto.

El viajero enseguida se da cuenta de cómo viene la mano para la adaptación temporaria y en un par de días ya es un habitante más con sus usos y costumbres. Ni siquiera vale la pena vivir a un ritmo esquizofrénico o andar de un lado a otro para llegar a tiempo a los lugares que se quieren visitar, como sucedía en Chicago o San José, en California. En Seattle, muchas veces alcanza con levantar la vista y mirar hacia arriba para entender por qué se la conoce como la "ciudad esmeralda". Lo único que hay que hacer es contemplar ese paisaje natural atravesado por el lago Washington, ríos y bosques de coníferas para entenderlo todo. También el imponente monte Rainier, un volcán de casi 4.400 metros de altura con 26 grandes glaciares, custodia como mudo centinela al bellísimo paisaje natural que ofrece la ciudad en la que jugó Argentina contra Bolivia en el moderno estadio Century Link Field. Del resto, tranquilamente, se puede encargar la imaginación.

Para lo que no hay necesidad de acudir al pensamiento es para notar por qué también tiene fama de ser uno de los lugares con la mejor calidad de vida de Estados Unidos. Al margen de la situación de pánico en la que entró el país por la matanza en Orlando, la gente en Seattle no vive a un ritmo frenético. Si bien asume comportamientos habituales de las ciudades modernistas, todavía conserva un estilo relajado para no ser atrapada por los tentáculos de la esquizofrenia laboral. Por eso es habitual ver a ejecutivos de traje y corbata, seguramente de empresas de índole tecnológica como puede ser Microsoft (acá está la casa central), obreros y chicos conviviendo como si nada arriba de los autobuses con sus computadores portátiles, teléfonos celulares o laptops con suma naturalidad.

Cero drama y mucha amabilidad para relacionarse con el otro, así no lo conozca. Un detalle: el transporte público no sólo es cómodo y te deja en cualquier punto turístico de la ciudad, sino que en algunos horarios de la tarde es gratis. En ese sentido, Seattle entrega todos los indicios de ser la excepción a esa regla escrita que habla del tradicional culto por el automóvil que tienen los estadounidenses. Por algo también es célebre por los trolebuses eléctricos y ahora está ampliando la red de trenes interurbanos (el Link Light Rail), que conecta el aeropuerto ubicado en Tacoma con el centro de la ciudad y barrios como Fremont, West Seattle o Ballard, los más visitados.

No podés contarle a nadie que estuviste en Seattle si antes no saboreaste un cafecito humeante en uno de los locales de Starbucks. Si hay una marca de identificación de esta ciudad es justamente la fuerte cultura cafetera que tienen sus habitantes. No es exagerado afirmar que hay una cafetería por cuadra y el ritual de sentarse a tomar un café es inmodificable. Es que aquí nació la cadena de cafés Starbucks en 1971, el primero de la serie aún funciona en el Pike Place Market.

Como el turismo es una de sus industrias principales, atracciones para ver sobran. Una de las que no se puede dejar de visitar es el mercado Pike Place Market. Uno de los más antiguos del país y como está construido sobre una colina tiene varios niveles. Ahí se pueden encontrar desde recuerdos para engordar la valija y tener que pagar la tasa en dólares por sobrepeso en el momento de la vuelta hasta antigüedades y todo tipo de chucherías. Aunque, en realidad, Pike es muy famoso por los mariscos y pescados frescos, que son servidos por los extravagantes pescaderos que trabajan en el lugar. Es una invitación a la risa verlos porque el visitante puede observar a los vendedores tirar el salmón y otros peces grandes de un mostrador a otro para prepararlos para la venta. Es una tradición que convoca a curiosos y lugareños, además de las numerosas tiendas y casas de comida de los sabores. Por su ubicación, en pleno downtown, a la hora del almuerzo se tapona de oficinistas en busca de las mejores variantes de precios de las ofertas gastronómicas, con productos muy frescos y a buen precio.

Así como Chicago tiene la torre Willis, Seattle no se queda atrás y le compite con uno de los íconos más reconocibles por aquel que visita a esta ciudad del lado del Pacífico. Es el Space Needle, más conocida como la Aguja Espacial, una torre de 184 metros de altura aunque en la cima no hay nada que temer. Se llega en segundos tomando un ascensor y desde el mirador o restorán giratorio se pueden sacar foto panorámicas para el recuerdo. Se encuentra ubicado en el sofisticado barrio de Queen Anne, la zona en la que se respira un aire más futurista gracias a la presencia de empresas de alta tecnología como Microsoft, del imperio Gates, y la moderna arquitectura que contornea el distrito financiero. Bill vive en una mansión de la costa este del lago Washington y acá está la sede de su empresa. Nintendo con sus juegos electrónicos y Amazon con su librería virtual también tienen sus casas centrales.

Otro de los que eligió levantar su emporio aquí es William Boeing, el creador de la fábrica de aviones. Es más, la ciudad disfruta del Museum of Flight, donde aún se conservan las versiones de los Boeing más antiguos y es un verdadero centro de convocatoria para todos los amantes de la aviación.

No es casualidad que esta ciudad tenga el mayor porcentaje de graduados universitarios entre las grandes metrópolis de Estados Unidos. Ahí se entiende por qué a cada paso uno se tropieza con librerías, bibliotecas, museos, salas de conciertos y carteleras. Tampoco es obra de la coincidencia que entre tantas opciones de esparcimiento que se ofrece sea famosa por su cultura cafetera, ya que se la relaciona todo el tiempo con el goce al aire libre y la recreación. Mientras que en el barrio Pioneer Square, lo que sería el casco histórico, abundan las antiguas edificaciones, galerías de arte, negocios de antigüedades, librerías y muchos bares nocturnos al estilo europeo. En la plaza hay un pintoresco tótem y una estatua de bronce de Sealth, el jefe nativo de las tribus del Estado de Washington.

Seattle también fue cuna y hospedaje de grandes artistas de la estatura musical de Ray Charles, Jimmy Hendrix, Kurt Cobain, líder fallecido del grupo Nirvana, y Quincy Jones, entre otros. La ciudad se posicionó gracias a una vibrante escena cultural, producto de los festivales de cine alternativo que se organizan en los meses de mayo y junio. Existen más de 80 clubes en los que se toca música en vivo, así empezó Nirvana, y aquí nació el estilo grunge. Por eso en los hoteles se promocionan con folletos turísticos conciertos o recitales en sitios como The Crocodile, considerado símbolo de un tiempo de rebeldía y movimiento antiglobalización.

Desde donde se la mire, Seattle se muestra cosmopolita, libertaria y ecologista para quien viene a descubrirla. Realmente dan ganas de insistir con el intento de no perderse detalle de la ciudad que hoy despedirá a la selección.

Comentarios