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Domingo 15 de Marzo de 2015

La ciudad en la que el tiempo parece detenerse

En Rosario el tiempo parece detenerse. Es como si se viviera siempre en la misma realidad y los sucesos, al igual que las acciones para mitigarlos, se repitieran calcados año tras año.  

 En Rosario el tiempo parece detenerse. Es como si se viviera siempre en la misma realidad y los sucesos, al igual que las acciones para mitigarlos, se repitieran calcados año tras año.

   En esta columna se dio cuenta la semana pasada de las grandes similitudes del discurso de la intendenta al inaugurar el periodo de sesiones en 2014 y 2015. Esa especie de Deja Vu no se da sólo con el discurso oficial, sino con la coyuntura que atraviesan los rosarinos. Con sólo repasar algunas acciones se puede tomar conciencia de dos cosas: o siempre pasa lo mismo y no se le encuentra la solución; o lo que es peor, hay un relato instalado que se olvida de que existen los archivos.

   He aquí algunos ejemplos fresquitos, tan sólo de esta semana:

   El jueves pasado el Ministerio de Seguridad de la provincia anunció con grandes bríos la “exitosa” operación policial que terminó desbaratando un prostíbulo en la esquina de Santa Fe y Castellanos. Los funcionarios explicaron que la operación formó parte de la saturación policial que se está llevando adelante en el barrio Agote (zona de la Terminal), donde hace quince días asesinaron a un joven verdulero que iba a buscar familiares a la Terminal de Omnibus. El hecho motivó una nutrida marcha de vecinos exigiendo más seguridad y días después aparecieron amenazas en el barrio contra quienes habían participado de la misma.

   La respuesta fue la saturación. En ese marco, la policía y la Unidad Anti Trata “descubrieron” el mismo prostíbulo que habían allanado en 2012. El resultado casi calcado: dominicanas y argentinas liberadas. La misma esquina, tres años después. ¿Vale la pena dar a conocer este “exitoso” operativo, o sería más saludable investigar por qué se repite el mismo delito en idéntico sitio?

   Las similitudes se siguen dando. El dispensario del barrio El Mangrullo estuvo esta semana dos días cerrado luego de que le balearan la puerta.

   En la primera quincena de enero, el centro de salud municipal San Marcelino Champagnat, ubicado en Castellanos al 3900, también había cerrado luego de que el personal sufriera varios hechos de violencia y robos.

   En marzo de 2014, el centro de salud del barrio Tiro Suizo, inaugurado en teoría para descomprimir el hospital Roque Sáenz Peña y presentado como un dispensario “modelo”, también cerró como consecuencia de los tiroteos y agresiones a los médicos.

   Esta semana la Secretaría de Control y Convivencia del municipio anunció que retiró 46 autos del frente de la comisaría 11 (Lamadrid 270 bis) en el marco de un plan para reordenar esos espacios. El mismo programa también había sido anunciado en 2012.

   El sábado pasado un chofer de colectivos recibió dos balazos y el ministro de Seguridad, Raúl Lamberto, sugirió colocar cámaras a bordo de los ómnibus y reforzar la seguridad. Cinco días después desvalijaron a todo el pasaje de un 132, incluido el chofer, en el barrio Las Delicias.

   Y como si fuera una maldición, cuando en la EPE respiraban aliviados porque habían logrado atravesar un verano sin demasiados contratiempos, una rama (si leyó bien, una rama) causó un masivo apagón que afectó a esta ciudad y zonas aledañas. En el caso de los cortes de luz, el Deja Vu ya es todo un clásico.

   Así, los problemas parecen ser siempre los mismos. Y la remanida frase que sostiene que nadie resiste un archivo, tiene relevancia permanente.

   Paradójicamente, muchos se indignaron con razón esta semana porque un hombre se robó un buzón, pero fueron pocos los que hicieron lo mismo tras conocerse que un joven militante social fue baleado y pelea por su vida tras haber intentado reabrir un centro comunitario en villa Banana. En el lugar funcionaba un búnker de drogas. Los vecinos lo tiraron abajo, los militantes de Comunidad Rebelde lo reflotaron como centro comunitario y desde hace un año mantienen una suerte de resistencia contra un grupo narco de la zona.

   Si esa realidad resulta conocida es porque tal vez se escucharon en años anteriores historias similares.

Es que en Rosario el tiempo parece no avanzar, como si se viviera siempre en la misma realidad, una en la que los sucesos, al igual que las acciones para mitigarlos, se repiten calcadas, año tras año.

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