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Sábado 26 de Febrero de 2011

La ciencia que sale del aula y ayuda a resolver problemas cotidianos

Un programa científico y educativo apunta a revalorizar el pensamiento crítico.

Otra enseñanza de la ciencia, más útil para la vida y que ayude a resolver problemas cotidianos. Esas parecen ser las premisas del Programa Sangari, que desde hace tres años se aplica en la Argentina. La coordinadora científica de este proyecto es la bióloga Melina Furman, quien asegura que el aprendizaje que se pretende ofrecer a los chicos es para toda la vida. La iniciativa ofrece materiales y capacitación para los docentes.

  La idea de Sangari es instalar “una propuesta en ciencias naturales que mejore la enseñanza de las ciencias en toda la escuela”, dice Furman y se explaya: “Y donde haya una mirada coherente sobre qué es la ciencia, como enseñanza y como posibilidad de formar el pensamiento científico de los chicos desde que entran a la escuela hasta que salen”.

  Para eso, Furman — bióloga por la Universidad de Buenos Aires y master en educación de las ciencias por la Universidad de Columbia— asegura que hace falta tiempo, para elaborar algo de manera progresiva, “con múltiples oportunidades de experimentar con otros, de debatir y analizar datos e ir construyendo herramientas de pensamientos cada vez más sofisticados”.

Provincias pioneras

  El Programa Sangari Argentina se inició en 2009 en escuelas de Tucumán y Buenos Aires. Comenzaron con 4º grado, continuaron el año pasado con 5º y ahora se profundiza en el 6º de la primaria. En todos los casos, Furman explica que la enseñanza de la ciencia se la encaró como “una prioridad para favorecer el pensamiento de los chicos”. ¿Y a Santa Fe llegará la iniciativa? La educadora asegura que la propuesta está abierta para que la tomen los distintos ministerios de Educación. De hecho trabajan en cooperación, entre otros organismos, con la cartera educativa nacional, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Canal Encuentro.

  Para saber cómo marcha esta iniciativa, la aplicación del programa es monitoreada desde el primer día tanto en lo que los chicos van aprendiendo como en lo que dicen los docentes. Melina Furman cuenta que para saber si la línea investigativa que prima en el programa funciona, a los chicos los evalúan pero no con pruebas tradicionales. “Por ejemplo, si trabajaron con la unidad de electricidad no le preguntamos qué es un circuito eléctrico sino cuál de todos (los que se les muestran) va a funcionar y por qué”, cita la profesora.

  Lo impactante —advierte— es corroborar “lo que los alumnos están pudiendo hacer con los distintos problemas de la vida, cómo están pudiendo usar el conocimiento científico y las herramientas del mismo para resolver problemas”.

  Pero hay más: una evaluación externa realizada por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) sobre el programa, les devolvió como mirada cualitativa que los docentes admitían tener más confianza en lo que los chicos podían aprender y, desde ya, de elevar las expectativas en los mismos. Y según destaca la bióloga, es una razón más que satisfactoria para resaltar de este plan, sobre todo cuando se sabe que se trata de escuelas ubicadas en contextos vulnerables.

Capacitación docente

  A la hora de capacitar a los docentes que intervienen en este proyecto, se utiliza la misma lógica de interrogación y experimentación que le da vida. Es decir —continúa la educadora— se pone a los profesores en lugar de investigadores. Una lógica que sale del plano pasivo donde reciben los conocimientos acabados y al que muchas veces están acostumbrados.

  Furman está convencida que si bien el programa se desarrolla actualmente en escuelas del nivel primario, el aprendizaje que se busca instalar sirve para toda la vida. “Es esa confianza de poder pensar por uno mismo, de ser crítico con la información que nos llega”, dice y añade: “Sabemos que hablamos de algo que es muy importante que se empiece a trabajar desde el mismo nivel inicial, para que se afiance en un trabajo sostenido a lo largo de toda la educación”.
  
Sobre Sangari

Sangari es una empresa que “crea, desarrolla, produce e implementa metodologías y materiales educativos para el aprendizaje de las ciencias naturales en la enseñanza básica”. La Argentina es el primer país donde se implementan los programas de enseñanza de las ciencias desarrollados por Sangari Brasil: actualmente, docentes y alumnos de entre 8 y 11 años de 62 escuelas públicas de las provincias de Buenos Aires y Tucumán aprenden ciencias con esta metodología.


M.I.

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