Política
Domingo 21 de Agosto de 2016

"La CGT necesita unificarse, ante todo, para cerrar su frente interno"

Gabriela Benetti es docente e investigadora de la UNR y de la Uner. Directora de la Escuela de Ciencia Política. Realizó su tesis doctoral sobre el tema "Estado y sindicatos en tiempos de neoliberalismo (1989/1999)". Profesora titular de Historia Social Argentina (UNR) y de Estructura Social Argentina y Latinoamericana (Uner).

El sindicalismo argentino, de extracción variadamente peronista, inicia mañana su proceso de reunificación en una sola CGT en el formato de triunvirato. Lo hace en un contexto económico complejo, con alta inflación y fragilidad laboral. También en un escenario de tensión política y en paralelo al reordenamiento del PJ buscando su perfil opositor, pero sin encontrar aún un liderazgo claro. ¿Puede ser esta nueva CGT el faro que guíe al movimiento? ¿Se reducirá el rol de Hugo Moyano, personaje central en los últimos 20 años, a un papel secundario? ¿Cómo va a ser la relación del sindicalismo con el gobierno de Mauricio Macri? "La CGT necesita unificarse, ante todo, para cerrar su frente interno", resume en una entrevista con La Capital la politóloga rosarina Gabriela Benetti, directora de la Escuela de Ciencia Política de la UNR, especialista en historiar al gremialismo argentino.

"El sindicalismo se convierte en columna vertebral cuando el peronismo cae. Juegan mejor su juego en un escenario donde no interfiere el peronismo político", añade Benetti para graficar el rol de la CGT cuando el partido que gobierna no es de orientación justicialista, como en este caso con Macri. "El comportamiento de la cúpula sindical se explica antes por la política que por la economía", define para exponer las razones por las cuales el gremialismo clásico no ha iniciado medidas de acción directa en un escenario económico y social denso como el actual.

—La CGT marcha hacia un camino de reunificación y encuentra en el poder a un presidente, como Mauricio Macri, que no es peronista. ¿Cómo analiza su comportamiento en este escenario?

—El sindicalismo peronista se convierte en la columna vertebral del PJ cuando el peronismo cae y los gremialistas se vuelven los interlocutores del líder en el exilio. El poder sindical juega más cómodo su juego en un escenario donde no lo interfiere el peronismo político. Hoy el problema es más de los sindicalistas que de Macri. El presidente no parece preocupado ni interesado por el proceso de reunificación de la CGT. En la medida en que estén todos en la misma bolsa o mesa, el hecho de que sean rotativos o un triunvirato no creo que sea algo que desvele a Macri. La CGT necesita reunificarse, ante todo, para cerrar su frente interno.

—¿Le conviene a Macri esta reunificación o hubiese preferido un poder sindical más parcelado?

—Macri es un pragmático, no un ortodoxo. Lee los escenarios y ve la cuestión, como empresario que es, de costo-beneficio. Daría la impresión de que opta por los actores institucionalizados. Entre esas dos opciones, estaría más cómodo negociando con el sindicalismo clásico, que en la pública amenaza con un paro pero después se guarda en el bolsillo lo que le acaban de dar, como fue la reciente devolución de parte de la deuda a las obras sociales. Sí deberían estar atentos a los intentos de precarización laboral, y creo que el gobierno apunta a eso.

—¿El gobierno va a apuntar a la flexibilización laboral?

—Hay indicios en ese sentido. Se debe pensar bien qué hay detrás de esa especie de seguro de salud universal y también está el proyecto del primer trabajo joven. Parecería que unas de las características de esa medida es que no estarían incorporados a las convenciones colectivas.

—Varios de sus líderes se han mostrado críticos con el gobierno. ¿Cree que el nuevo frente sindical puede acelerar un paro general?

—Una de las cosas que le admiro al sindicalismo peronista es esa fina lectura, ese equilibrio, entre comportarse como una estructura burocratizada, que prioriza los intereses de la cúpula, pero siempre manteniendo relación con sus bases sindicales. Saben hasta dónde tensar la cuerda para no despegarse de aquellos que dicen representar. Ahora está concentrado en sus intereses: lograr la reunificación y recuperar sus recursos económicos.

—¿No hay motivos de sobra para una medida de acción directa?

—Todo el "paquete" configura un escenario para la protesta social: tarifazo, despidos en el sector público, suspensiones, inflación, no cumplimiento de la promesa de eliminación del impuesto a las ganancias, gobierno de signo cuasi empresario...

—¿Y por qué no lo hacen?

—Porque también leen el clima social de enojo respecto de la matriz de corrupción montada en torno a la concesión de la obra pública. Matriz en la que el anterior gobierno privilegió la asociación con otros actores sociales (Sueños Compartidos es un buen ejemplo). "El roban pero hacen" forma parte de la cultura política argentina, pero hasta los sindicalistas saben leer que se les fue la mano. Y claramente, ellos no fueron socios privilegiados esta vez. Con Menem, sí. El comportamiento de la cúpula sindical se explica antes por la política que por la economía. No necesariamente las cuestiones macroeconómicas explican el accionar reivindicativo de las organizaciones sindicales. Si la economía determinara todo, tendríamos una huelga por tiempo indeterminado. Sin embargo eso no alcanza para explicar el accionar de las organizaciones. Porque en el medio de la estructura está el espacio de la política, que es un espacio grande y variable.

—Cuesta creer que Moyano, un personaje central en las últimas dos décadas, dé un paso al costado...

—Es llamativo. Moyano se jugaba a manejar el fútbol, la AFA, y lo saca de la cancha Macri, que conoce muy bien ese territorio. Pero hay algo que es una regla de oro sobre cómo el peronismo concibe el poder: el que tiene la firma es el que tiene la sartén por el mango. Juan Carlos Schmid, por ejemplo, lo tendrá a Moyano como alguien de consulta, pero el poder lo va a manejar quien está. Nunca hay lugar para dos, y esto ocurre en cualquier espacio de liderazgo en el peronismo.

—Fue curiosa la relación que tuvo Moyano con el kirchnerismo...

—En una primera etapa Moyano le brinda al kirchnerismo la posibilidad de controlar la calle. La relación de Moyano con Cristina no fue buena y el punto de quiebre tiene que ver cuando el Estado, en 2012, retoma el control de la Administración de los Programas Especiales (APE), los fondos que financian las prestaciones de alta complejidad de las obras sociales sindicales. Eso se repartía de una manera solidaria. El Estado retoma el control del APE y eso es mucha plata.

—En su momento se dijo que el quiebre fue la misma noche en que muere Néstor y después porque Cristina relegó al sindicalismo de las listas de candidatos o incluso no eligió a Moyano como su vice...

—Están las dos cosas, pero desde el punto de vista del acto político, si querés disciplinar al actor sindical, lo hacés por la caja. El retiro del control de esos fondos tuvo que ver con quitarle libertad de acción a un dirigente que se le estaba convirtiendo en un problema. Las otras cosas también contribuyen a la ruptura. Después hay otro análisis, si se quiere, de perspectiva más histórica. Es interesante observar que el cambio estructural de la reforma neoliberal de los 90 trajo consigo nuevos actores —con presencia social y capacidad de organización y movilización que disputan el control de la calle— y que no están bajo el control de la cúpula tradicional cegetista. La apertura de Néstor Kirchner hacia esos sectores es parte de la disputa que se entabla con Moyano y que se profundiza con Cristina.

—¿Es en ese cambio de estructura donde se concentra el poder de Camioneros?

—Hay que recordar que Moyano surge en los 90 del MTA, y esa organización no se fue de la CGT pero tuvo una postura muy crítica. El poder de Moyano tiene que ver con ese cambio estructural que se dio en los 90. Históricamente la práctica de lucha era la huelga, parar la producción, el proceso productivo. Con la transformación de los 90 toma centralidad la circulación de mercaderías. Antes el poder lo tenía la UOM, ahora Camioneros. Creo que es del periodista Mario Wainfeld la frase de que sólo hay tres verdades en la Argentina: no mezclar sandía con vino, en un córner no hay offside y que para que una huelga sea efectiva tiene que parar el transporte.

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