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Sábado 05 de Abril de 2014

La certificación, el paso obligado para ganar status en la producción orgánica

La titular de la empresa explica el camino que debe transitar un productor para alcanzar un standard internacional.

Patricia García es CEO de Letis SA, una certificadora de orgánicos, con casa central en Rosario, que cuenta con todas las acreditaciones internacionales. En la vereda de enfrente de una "agricultura basada en insumos", existe una tendencia que anuncia una nueva misión y visión para la agricultura, amparada por todas las corrientes. "Vamos hacia la reducción de insumos" refiere García y señala que "es tan obvio como un cuerpo que necesita reducir tóxicos para sostener su vida".

La producción orgánica toma fuerza en la segunda mitad del siglo XX, en contraposición con la producción basada en insumos químicos. Tanto fertilizantes artificiales, como herbicidas, pesticidas y semillas genéticamente modificadas, están excluidos de la producción orgánica.

La empresa certificadora rosarina tiene 16 años de vida. El sello de calidad para los productos orgánicos, hacia todos los mercados, fue la razón de ser de la firma desde sus inicios. Así es que cuenta con una certificación internacional denominada "Global GAP" (Buenas prácticas agrícolas globales), impulsada por los retailers y los supermercados europeos. "Ellos formaron un consorcio y todas las cadenas —desde las más grandes, como Carrefour, hasta las locales— no compran ningún tipo de productos frescos que no cuenten con una certificación Global GAP", explicó García.

Sus normas se renuevan anualmente y van hacia la reducción del uso de insumos. Vale la aclaración, los que sí pueden usarse tienen que ser principios activos aprobados en Europa, no importa cuán permitidos estén en nuestros países. Lo cierto es que el consorcio se armó en respuesta a las altas exigencias de los consumidores europeos.

Según cuenta la ejecutiva de Letis, "los supermercados han recibido reclamos por detección de residuos de pesticidas, superiores a los máximos permitidos por las normas europeas". Entonces, la apuesta estuvo hecha a la prevención. "La mejor manera ha sido asegurar una buena aplicación de las buenas prácticas agrícolas y una manera de probar que uno las ha aplicado, es la certificación", citó.

Como certificadora de tercera parte ISO 17065, Letis no realiza ningún tipo de asesoramiento, comercialización, ni diseño de producto. Solo auditan y certifican. Si bien no pueden darle una receta al productor (el planteo técnico tiene que darse con su asesor), mantienen equipos de entrenamiento para sus clientes, acerca de los requisitos implicados y los mercados.

Bien vale repasar la trayectoria de esta certificadora de orgánicos, para orientar a quienes están pensando en ésta como una opción válida para modificar el rumbo de la producción.

—¿Por dónde debería empezar un productor que quiere certificar orgánico?

—Al inicio de la certificación, lo mejor es que el productor ya sepa cuáles son sus mercados destino. El problema es que en el 80 por ciento de los casos, no lo sabe. Es muy distinto el caso de una empresa que ya está exportando y se encuentra con que su cliente allá en Europa, en Estados Unidos o en Japón, le dice: "Quiero productos orgánicos". En este caso, hablamos de una empresa que ya está exportando a estos mercados y que detecta esa demanda entre sus clientes. Pero ese es el 20 por ciento de los casos.

—¿De dónde surge la motivación?

—Generalmente hablamos de productores cuyos hijos entran a tallar en cuestiones decisorias del negocio agropecuario. Los jóvenes están más al tanto de las tendencias internacionales. Mientras que los productores convencionales le entregaron toda la vida a su mercadería a un trader, y normalmente no saben lo que implicaría cambiar la forma de producir. Se preguntan: "¿Yo necesito ser uno de esos exportadores gigantes que llenan las bodegas de los barcos?". Pero en orgánicos, si bien es una tendencia que crece a una tasa que no crece ningún otro alimento en el mundo —por lo menos dos o tres veces más— hablamos de cosas muy específicas y un manejo muy distinto. La soja orgánica no se exporta en bodegas de barcos sino en bolsas rotuladas, por caso. Todo el cuidado que el productor tiene en el campo desde el momento en que elige las semillas y empieza con las labores, se completa en su comercialización. Pero aún antes de elegir la semilla y empezar las labores, debe tener tomada la decisión de la transformación a orgánico, porque ya hay requisitos técnicos acerca de estos dos momentos.

—¿Cuál es la mayor dificultad con que se encuentran quienes vienen de la convencional?

—Hay dos pasos importantes que los productores deben tener en cuenta. Una es el manejo: cómo luchar contra las enfermedades y las plagas, a favor de la naturaleza y la fertilidad de su tierra. En eso hay un proceso y un tiempo involucrados, junto al aprendizaje y al cambio del manejo. En este punto me refiero a los principios de la producción orgánica: rotaciones, uso de insumos permitidos, diversidad biológica, no uso de insumos prohibidos, entre otros. En segundo lugar, considerar el período de transición. En cualquier negocio en el que un empresario agropecuario ingresa, sabe que tiene años de prueba y error, de inversiones, hasta que obtenga el producto deseado y su mercado. En orgánicos es lo mismo. Es un buen negocio, hay más demanda que oferta y todos los precios tienen un plus, pero mientras más integrada tengas tu cadena, más posibilidades de éxito tendrás. Producir, pero también comercializar o exportar, sin necesidad de ser de los que llenan los barcos. Siendo un productor mediano o asociándose con otro productor, ya es factible exportar orgánicos. Durante el período de transición- dos años- el productor tiene que estar bajo certificación y control, pero aún no puede rotular su producto como orgánico. Recién en la cosecha del tercer año lo logra, después de dos años, más una campaña, de cumplir con la norma. Desde el punto de vista técnico, en los campos que han tenido mucho agroquímico, el primer año quedan residuos; en el segundo, un poco menos y en la tercera campaña, ya no.

—¿Los análisis de suelo son la prueba de fuego?

—No, los análisis son una herramienta de reaseguro, pero la certificación, si bien tiene como objeto un producto, se desarrolla a lo largo de su proceso. No es posible producir una manzana y determinar que, como no tiene residuos, puede ser rotulada como orgánica. No es así. El proceso empieza antes de la campaña. El productor decide hacer orgánico y se acerca a la certificadora. Se lleva los manuales y una vez que se informa, firma un convenio. Ahí él y nosotros sabemos qué es lo que hay que hacer: cumplir con las normas y los procedimientos, recibir las auditorias y, después del período de transición, obtener la certificación.

—¿Cómo se dan estas experiencias?

—Es diferente si la producción orgánica se inicia con un campo de nulo o bajo uso de insumos, como pueden ser lotes dedicados anteriormente a ganadería extensiva, o pasturas, a otro en el que se ha producido de manera intensiva o con alto uso de insumos. Si bien el objetivo de la producción orgánica es la independencia de uso de insumos exógenos, existe hoy una amplia gama de permitidos: fertilizantes, correctores, controladores de plagas y enfermedades habilitados por las normas de producción orgánica.

—Cómo se posiciona la Argentina en la producción orgánica?

—En Argentina tiene un poco más de 20 años. Las herramientas hoy son más y mejores. Los productores orgánicos, si bien no hablan de las cosechas récord que se logran con agroquímicos, pueden alcanzar la media de la región. Por otro lado, hay más asesores en producción orgánica. Y muchos productores que generosamente abren sus puertas y cuentan su experiencia. En estas cosas, como se trata de convivir con la naturaleza, no hay recetas. Todo el tema de lograr un buen rinde y el control de enfermedades tiene que ver con el manejo y el ensayo.

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