Escenario
Viernes 20 de Mayo de 2016

La casa de Bernarda Alba: "Quiero que todo tenga sentido"

Marlen Puello, directora del cuba ballet, revisita la obra de garcía lorca que se presenta a partir de mañana en la sede la institución. Y habla de premios y memorias de la isla

Marlen Puello, directora del cuba ballet, revisita la obra de garcía lorca que se presenta a partir de mañana en la sede la institución. Y habla de premios y memorias de la isla

La coreógrafa y bailarina Marlen Puello es cubana, pero ya es una rosarina más: pronuncia "mirá", con acento en la "a"; el trabajo puede ser "laburo", y la "y" ahora también es una "ye". Después de veinte años se integró tanto a la ciudad que el viernes próximo el Concejo Municipal declarará al Cuba Ballet Rosario, que ella creó y dirige, institución distinguida por el aporte a la cultura. La fecha no es casual. El Cuba Ballet cumple veinte años y lo celebra mañana con el estreno de una nueva puesta para teatro-danza de "La casa de Bernarda Alba", puesta que también fue declarada de interés municipal.

Puello desarrolla su actividad profesional entre Rosario y Estocolmo, donde está montando una obra sobre Frida Kahlo, y esa amplitud de registros le permite hacer un diagnóstico de la actividad. Graduada en la Escuela Nacional de Ballet y licenciada en Artes Escénicas en la Universidad de La Habana, Puello también dio su opinión sobre la promocionada apertura de la isla y recordó el impacto que le causó Rosario cuando, con 21 años, salió por primera vez de Cuba. "Todo lo que se puede hacer acá", pensó. Y lo hizo. Las funciones serán en la sede del Cuba Ballet (Entre Ríos 1551), mañana y el sábado 28 de mayo, y el 4, 11, 18 y 25 de junio, a las 19 y 21.30. Actúan Julieta Dibidino, Luciana Ardissone, Valeria Margenat, Paula Percivalle, Virginia Carraro, Ivana García, Samanta Alvarez, Graciela Osca y Amalia Aguirre.

—¿Cuál es la singularidad de esta revisión que hacés de "La casa de Bernarda Alba?

—Esta obra la estrené hace diez años, pero esta revisión surge en el marco de los veinte años del Instituto Cuba Ballet en Rosario. Convoqué a las ex alumnas que habían hecho la obra y quise hacer una revisitación y una intervención danzaria en la sede del Instituto con la excusa de "Bernarda Alba". Eso cambió toda la estética de la obra, es una inspiración anterior, pero es una obra totalmente nueva y de hecho en Argentores la he registrado porque no tiene nada que ver con la pieza anterior. La propuesta, que es teatro-danza y hay texto, de alguna manera se apodera de la casa y no tiene una narrativa lineal, pero propone que el espectador y viva en la casa de Bernarda Alba, que en este caso es básicamente el encierro, la problemática que atraviesa la obra y lo que van a experimentar los espectadores, que es la problemática básica de los personajes.

—El director José María Muscari regresa a Rosario con su versión de la obra de Lorca, que inclusive tuvo puestas con actores varones. ¿Qué la transforma en algo tan atractivo para seguir vigente después de 80 años?

—La obra de Lorca es de 1936 y tiene una actualidad impresionante. La inspiración mía y el eje ha sido la problemática de ser mujer en cualquier época. Esa es la actualidad que tiene la obra y la problemática de la mujer y sus aristas, la mujer como madre, como esposa, hija, la mujer, en su sexualidad, la maternidad. Todo eso está atravesado en la obra. La diferencia de la puesta es que no nos interesa contar la historia. Lo que nos interesa es contar sensaciones, emociones, y que realmente el espectador se arme la historia, y que el espectador salga de ese lugar de sentarse en una butaca y recibir un producto terminado para consumir. Es más, nos interesa que la gente se mueva todo el tiempo, que esté incómoda, que tenga que salir a espiar, que tenga que interactuar y que sea un espectador un poco más activo. Esto es justamente un juego entre los bailarines y actores y el espectador.

—De acuerdo a tus veinte año al frente del Cuba Ballet, ¿cómo ves la situación de la danza en el panorama local?

—Creo que es un fenómeno internacional, que no solo abarca la problemática argentina. Desde hace cuatro año estoy trabajando en Estocolmo, vivo prácticamente arriba de una avión, y la problemática también se ve un poco así. Hay una sensación de que todo es lo mismo, que no hay nuevas propuestas, que la danza ha quedado en un lugar un poco relegado. En Europa pasa un poco lo mismo que pasa acá. La diferencia que siento es que allá hay un mercado para este tipo de productos. Y creo que en el caso puntual de Rosario la danza teatro es un producto de bajo consumo, para poca gente, elitista, que no es de consumo masivo. El espectáculo que viene ahora de "La casa de Bernarda Alba" (que dirige José María Muscari) es un producto masivo. Para la mayoría de la gente es un formato convencional. Creo que eso tiene más aval y más apoyo que estos espectáculos en pequeño formato. Me parece que un poco la problemática pasa por ahí, por la cuestión del consumo, quién consume este tipo de producto.

—¿El lenguaje de la danza obliga a un esfuerzo extra?

—Nos preguntábamos si esta propuesta gustaría, y yo les decía a las chicas, lo importante es salirse del molde, corrernos un poco de los lugares cómodos, conocidos, y proponer otra cosa para que pasen otras cosas diferentes porque sino es como que estamos todo el tiempo en lo mismo. Creo que realmente lo que ocurre es que el espectador está en una postura de consumidor que paga y quiere satisfacción garantizada todo el tiempo, y de algo conocido y esperado. Entonces en el momento que proponés otra cosa, que no sabés a dónde vas y lo que vas a hacer, sorprende. Lo nuevo, lo desconocido, interactuar con una obra, salirme de la butaca es un desafío. Creo que hay que educar un poco más al espectador proponiéndole productos diferentes. Pero bueno, hay una estandarización de la cultura también. Hay que convivir con eso también.

—La tecnología y la conectividad permanente, donde todo tiene que ser accesible y cada vez más rápido, ¿atentan contra una expresión como el teatro que obliga a la reflexión?

—Sí, y siento que estamos cada vez más idiotizados con este mundo tecnológico, que sin embargo está muy bueno porque nos hace el mundo más chico, nos da una sensación de que podemos estar simultáneamente en muchos lugares. A mi me pasa con mi laburo, que de pronto estoy montando una obra en Estocolmo y de pronto acá con otra obra, y podés estar en dos lugares al mismo tiempo. Las comunicaciones y la tecnología son bárbaras. Pero depende del uso que uno le dé. Uno siente que estamos conviviendo en un mundo donde cada vez nos idiotizamos más con el teléfono y la inmediatez y la satisfacción, en lo que el esfuerzo o disfrutar el proceso, son cosas que se empiezan a volver anacrónicas. Justamente el rescate nuestro en este trabajo es transitar esos espacios que se están desolando, que están desapareciendo e ir un poco al rescate tratando de hacer las cosas diferentes.

—¿La danza tiene futuro en ese contexto?

Creo que sí, que más allá de que estemos como en una meseta, creo que el arte todo el tiempo necesita encontrar nuevas formas de expresarse. Creo que todos los creadores que estamos en la danza estamos en esa problemática, que es un poco la de la posmodernidad, esto de no tener sentido, o de perder el sentido de lo que hacemos. Personalmente trato todo el tiempo que todo lo que pueda hacer tenga sentido, algún mensaje para transmitir y no caer en esta ola que nos ha tocado vivir que se hacen las cosas y no se sabe por qué se hacen.

EM_DASH¿Qué estás haciendo en Suecia?

—La propuesta de radicarme en Estocolmo nació desde un lugar personal, por mi pareja. Allá estoy dedicándome como coreógrafa free lance y estoy buscando proyectos propios. En este momento estoy preparando un trabajo sobre Frida Kahlo; es un unipersonal con una bailarina mexicana que conocí allá. Siempre estuve muy interesada en la problemática de la mujer. Siempre he trabajado sobre la línea de las mujeres y tengo un proyecto que, si todo sale bien, debo estrenar en septiembre. La idea también es en pequeño formado porque allá sí hay un mercado para la danza teatro, y este sector de la danza que no es tan convencional ni tan popular. Me estoy realizando personalmente en ese sentido.

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