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Sábado 14 de Diciembre de 2013

La cárcel transformada en un set de filmación

Durante el festival, alumnos y docentes del taller de comunicación presentaron un avance del corto que están realizando: "El Fabricante de mujeres". Fue elaborado "en base a un guión producido colectivamente después del trabajo grupal realizado durante el año. En el rodaje, todos van rotando y ofician roles específicos como de director, cámara, actores y encargados de arte, entre otros", describe Lucila Rosemberg, quien junto a María Chiponi (ambas comunicadoras sociales), Iris Zardán (profesora de filosofía), coordinan este espacio de comunicación de la Unidad 3.

"La cárcel deviene set de filmación y se llena de jornaleros de los años 50 cargando sus bolsas de arpillera y sus canastos de pan. Las aulas se vuelven pulpería, carpintería, biblioteca, y de repente el patio se transforma en la calle principal de un pueblo, mientras la capilla se llena de feligreses con boinas", cuenta Lucila para relatar cómo se vivió y realizó esa experiencia.

"La historia transcurre en Los Cerezos, un pueblo que luego de una maldición se había quedado sin mujeres. La llegada de un viejo forastero altera la grisácea monotonía del lugar, al punto que sus habitantes terminan armando una pueblada en su contra por las sospechas que genera su misterioso comportamiento", continúa Lucila sobre el argumento del corto.

Guión colectivo. "El guión —agrega— nació un día que propusimos ponernos todos a meditar sobre un viaje imaginario. Luego, cada uno contó por dónde había viajado, por ejemplo, por la naturaleza, por el agua, con un perro, donde se hacía fuego y encontraban casa, entre otros relatos que aparecieron".

En este proyecto trabajan unos 15 internos y, a medida que se avanza en el rodaje, se suman otros copados por la idea. "Hay un nivel de enganche y compromiso altísimo", advierte y agrega sobre los efectos de esta iniciativa: "Hay muchos afueras en todo esto, primero está el salir de los pabellones, el reunirnos, hablar, pensar, repensar y generar una postura crítica, fomentar la creatividad, reforzar los lazos y potenciarnos con la palabra".

Las coordinadoras sostienen que con esta propuesta se busca "recuperar el ejercicio efectivo del derecho a la comunicación y con éste el acceso a la información y a la libertad de expresión". "Desde una perspectiva de los derechos humanos, trabajando con la producción audiovisual, la escritura creativa, el juego, dando lugar al debate político crítico y al arte en general, se intentó recorrer un camino de intercambios para aprender de la experiencia", señalan.

"Con la palabra y la acción recreamos el afuera y armamos un pueblo en el patio de la Unidad, una carpintería y un pulpería en un aula venida abajo. Pero cada uno también arma un afuera, en su proyecto, en lo que va creando de sí mismo a partir de estos lazos, de recuperar la capacidad soñante", y se explayan sobre otros de los desafíos que buscan en el espacio de comunicación.

En tanto, María Chiponi cuenta que la ambientación la hicieron con muebles y otros elementos prestados por una pulpería (La Yapa, de Maipú al 1000), y señala que "para entrar todo no hubo ningún problema, si se hacen los trámites y consiguen los permisos debidos, no hay trabas de la Penitenciaría". También destaca que colaboraron Mauricio Machado (taller de periodismo) y el director de cine Pablo Costanzo, quien colaboró con la edición de material.

Fomentar las intervenciones desde la educación no formal para la transformación en un contexto de encierro es uno de los objetivos del taller. Además, comparten espacios con otras experiencias similares. "La semana pasada en un seminario convocado por un colectivo sobre jóvenes y poder punitivo, fuimos varios «actores externos» (así nos llaman a los laburantes independientes del Servicio Penitenciario) a contar nuestras experiencias", sumó Lucila.

María recuerda que empezaron a trabajar en la prisión con un programa del Ministerio de Trabajo de la Nación, con un taller de orientación laboral, al que llegamos por la Secretaría de Extensión de la Facultad Ciencia Política (UNR). Además, el proyecto también fue radicado en el Centro de Investigación en Mediatizaciones, dirigido por Sandra Valdettaro.

Proyecto. "Fueron dos meses y luego se armó un grupo de trabajo que deseábamos seguir. En la Unidad hay talleres que dependen del municipio, otros de la provincia y algunos son voluntarios. Así, a comienzo de año logramos en una convocatoria de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad un subsidio para proyectos socioculturales. En el informe que presentamos, señalábamos que para llevar adelante el trabajo de producción y filmación se requerían equipos y estimábamos como necesarios unos 30 mil pesos. Nos dieron 8 mil, con lo que compramos una computadora para trabajar en el taller, un micrófono, elementos de librería y meriendas para compartir con los alumnos cuando veníamos al taller", resume María.

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