Edición Impresa
Sábado 11 de Mayo de 2013

"La calle y la inactividad son malas compañías para los chicos"

La opinión es de la jueza de Menores Carolina Hernández. Aboga por una mirada integral sobre los problemas de los jóvenes

"La calle y la inactividad son malas compañías para los adolescentes", dice con absoluta convicción la jueza de Menores Carolina Hernández cuando es consultada sobre los riesgos comunes que llevan a los chicos a vivir situaciones de alta vulnerabilidad. Aboga por una mirada integral de los problemas que viven muchos de los jóvenes que llegan a su juzgado, por visibilizarlos y sobre todo para garantizarles la vuelta al circuito propio de su edad: el escolar, el deportivo, el cultural.

El origen principal de la charla con la titular del Juzgado de Menores de la 3º Nominación de los Tribunales de Rosario es tratar de comprender un problema tan complejo como aquel que lleva a que una adolescente venda droga en un búnker y lo tome como "un trabajo". Tal la noticia que hace un par de semanas dio a conocer este medio (LaCapital 28/04/2013).

Hernández hace un repaso de cómo los chicos vinculados a lo que se llama en términos del derecho "ilícitos comunes" (por ejemplo, un robo) desnudan una trama que se reitera en sus historias de vida: padres que dicen que "se les van de la mano", pobreza, no estar en la escuela ni trabajar. Niños, adolescentes que quizás más tarde los verá en una causa federal —como drogas, ya no de su competencia— vinculada a otros delitos más graves.

"Yo les pido a los chicos que me cuenten un día de sus vidas y me dicen: «Estoy con los amigos» ¿Estudiás? «No» ¿Trabajás? «No» ¿Qué haces? «Nada, estoy con amigos»", cuenta la magistrada y admite que se trata de muchas realidades donde los padres están "todo el tiempo trabajando".

Nada natural.¿Ha recibido casos de chicos que han tenido vínculos con la venta de drogas?, preguntó LaCapital. "Me ha pasado de chicos denunciados por ilícitos comunes, que voy investigando sobre ese ilícito y después, por ejemplo, lo encontramos involucrado por un allanamiento de la Justicia Federal en un búnker. Pero nunca nos llega así como el dato preciso de que «se dedicaba a eso» o «vendía eso» sino que surge de las actuaciones", repasa la jueza.

Sin embargo, Hernández subraya que descree que esa situación de encontrar a chicos menores de edad frente a un búnker de drogas sea una situación que los padres naturalizan o aceptan. Menos que sean quienes los encaminen a eso.

Más bien describe un circuito de vida que se reitera en estos chicos más pobres, más vulnerables, que los terminan involucrando en este tipo de delitos. Lo dice así: "Los padres están trabajando, los chicos en la calle. Se empiezan a juntar con chicos del barrio y ve que tienen cosas, que les ofrecen esto (vender droga) como una actividad más. Ellos saben que no está bien, pero también dicen «y bueno, veo». Tengo la sensación que no lo hacen sabiendo que es un trabajo, que está bien. Saben que hay algo que les hace ruido pero asumen el riesgo".

Para Hernández es clave visibilizar los problemas. Afirma que "en un ilícito penal surgen, por ejemplo, problemas de vulnerabilidad en el lazo familiar, lo importante es que se visibilicen, que se vean, no taparlos o ocultarlos, porque después el efecto es multiplicador en problemas".

Cita como otro ejemplo que cuando se detecta que un chico no va a la escuela es necesario poner a funcionar todas las redes que puedan aportar para entender qué pasa, para entender cuál puede ser la base del conflicto hasta hacer que intervengan distintos profesionales.

Realidades familiares.La ausencia familiar es otra de las puntas para entender esta problemática. "Me parece que el chico se les va un poco de la manos a los padres y están en circuitos que son de riesgo para él y los padres no conocen demasiado. Me suelen decir «Ay, doctora se me va, está en la calle y no vuelve, y no va a la escuela, no sé qué hacer con él»".

También recuerda que a muchos de esos adolescentes "los dejan al cuidado de los hermanos más chicos, y en realidad son niños al que deberían cuidar también. Hay toda una disfunción en algunas familias, a veces por problemas económicos, a veces por problemas vinculares, o porque el rol paterno o materno no se lo ejerce y el chico está en un rol que no le es propio. Son distintas causas. Si digo que es por tal causa que sucede esto con estos chicos caería en un reduccionismo que no sirve. Hay que ir viendo caso por caso".

Escolaridad.Según aporta la magistrada, "la mayoría (de los chicos que llegan a su juzgado) no está escolarizada". "Te dicen —continúa— que dejó porque en realidad quiere trabajar o también nos encontramos con situaciones expulsivas de la escuela, aquellas que desde la mirada del patronato sostienen que el chico con problemas no puede estar en la escuela. Sabemos que hay situaciones de expulsión".

La jueza celebra la intervención de la Justicia Penal Juvenil que se ocupa, articulando con el Ministerio de Educación, de llevar nuevamente al chico al sistema escolar, sin necesidad de que vaya con un oficio de la Justicia. "Eso evita que se lo estigmatice", advierte.

Expresa que la ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes plantea por suerte "nuevos paradigmas" que implican todo un cambio cultural. Pone como ejemplo que antes los chicos con problemas eran expulsados de las escuelas, ahora la norma promueve su integración. Una tarea para la que considera están invitados a colaborar todos los ministerios, incluso el mismo Poder Judicial, para "que se los incluya en nuevos circuitos (escolares, deportivos, culturales)".

La magistrada resalta el papel de la familia, del Estado y la articulación de políticas públicas que les garanticen a los chicos en conflicto con la ley penal una nueva oportunidad. "Tenemos que darles una opción para que diga: «Este es el camino que puedo seguir». Ahora, si no hace uso de esa opción le entrará la sanción penal que corresponda. Pero primero hay que darles la opción".

Comentarios