Ovación
Viernes 28 de Octubre de 2016

La búsqueda imperfecta

Los dirigentes del fútbol argentino prometen un futuro mejor cuando son los responsables de este presente calamitoso.

Bienvenido a la casa del fútbol argentino. Esta es la AFA. Pasen y vean. Aquí están, estos son. Los dirigentes artífices de esta realidad. Los que vienen del pasado. Los que se sumaron después. Todos hablan de la construcción de un futuro. De democratización. De generación de recursos. De optimización organizativa. De una asociación futbolística de primer mundo. Pregonan. Prometen. Pontifican. De lo que hay que hacer sin reparar en por qué no lo hicieron. Con un cúmulo de fundamentaciones elaboradas desde la retórica pero postergadas desde la práctica. Todo muy raro. Muy complejo. Porque en el desarrollo de las exposiciones, algunas con plataformas discursivas precarias y otras más académicas, omiten historias individuales y colectivas. Armaron un relato disonante y disociado. Extraño. O tienen un amor propio desmesurado o son profesionales de la necedad. Tal vez ambas. Porque refieren a un contexto como si fueran turistas recién llegados y no directivos de años. Como si no tuvieran ninguna responsabilidad.

Pero hay una sucesión de hechos bochornosos que dejan en la superficie la calidad dirigencial del fútbol argentino. A saber.

Hace meses que aluden a una superliga después de haber levantado la mano para aprobar un impresentable torneo de 30 equipos, que destruyó a la primera división y a la B Nacional.

Reclaman un sistema democrático cuando convalidaron una forma autoritaria de gestión durante décadas como si se tratara de un unicato.

Piden elecciones luego de no haber sido capaces de garantizar una votación de 75 asambleístas y cuyo sufragio culminó con un bochornoso 38 a 38.

Cuestionaron la falta de fondos del programa público Fútbol Para Todos pero la mayoría de los clubes están endeudados con la AFA, dejando a la casa matriz en la mayor de las intemperies financiera e institucional.

Hoy reclaman la potestad de licitar los derechos televisivos del fútbol para dejar lo público y pasar a lo privado, cuando en 2009 rompieron un contrato privado para adjudicarlo a lo público. Eso sí, todos los pasos fueron con una constante: a mayores ingresos, mayores deudas. Y lejos de sanear las finanzas hoy son muchos los clubes que están al borde del colapso económico.

Paradójicamente ya discuten cómo van a distribuir el dinero de esos derechos televisivos de la superliga cuando todavía no hay superliga y mucho menos el importe que percibirán por el total de los derechos. Parece que no entienden que aún no regularizaron la AFA, y hoy ambas situaciones dependen de la Comisión Regularizadora.

En función de eso, ya los denominados grandes pugnan por mayores porcentajes en detrimento del resto de los clubes, los que a su vez se aglutinaron para poner un límite a la ambición de los cinco en cuestión.

Piden una organización futbolística moderna y segura, cuando pocos han realizado actualizaciones en la infraestructura de sus canchas y estadios.

Se quejan por los costos de los operativos de seguridad pero son pioneros en vulnerarlos con las prebendas a los hinchas radicalizados, quienes tienen sus depósitos de banderas y pirotecnia dentro de los estadios.

Dicen pugnar por un sistema confiable pero son los primeros en sembrar las sospechas sobre el que ellos constituyen, como ocurrió recientemente con el bolillero del sorteo de árbitros.

Fueron rescatados del naufragio por la Fifa con la creación de una Comisión Regularizadora, a la que prometieron ayudar pero hoy la jaquean porque en definitiva actúa a imagen y semejanza de ellos.

Es inconcebible, pero los ejemplos fluyen con el simple ejercicio de la memoria, y todos confluyen en una conclusión irrebatible: para cambiar el fútbol argentino se necesita otro tipo de directivos. Porque a la mayoría de los actuales no les importa el bienestar del fútbol, sólo les interesa el poder del dinero. Aunque el fútbol esté hecho pelota.

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