La ciudad
Martes 28 de Junio de 2016

La búsqueda frenética de un bebé bajo los escombros

Susana voló de la cama tras la explosión, al igual que su hijito. El agua hirviendo de la caldera cayó sobre su marido, que está en terapia.

Con la vista en el horizonte, shockeada y con un apósito en la nariz, Susana Sánchez, la mujer que junto a su marido, hijos y nieta vive en la casa lindera al Laboratorio Apolo, soltó en un suspiro: "La vida se te caga en un minuto". Su vivienda fue la que más sufrió el impacto de la explosión. La mitad quedó destruida por la onda expansiva que provocó la voladura de la caldera. Su marido terminó internado en terapia intensiva. Ayer, narró con detalle su desesperación al no encontrar a su hijo de dos años, que quedó bajo los escombros. "Nunca tuve tanta fuerza. Mi hija le pisó una manito y ahí gritó y lo vimos. Levanté un escombro y lo pude rescatar con un rasguño, nada más", indicó.

El barrio quedó consternado con la explosión que irrumpió en la madrugada y dejó a la vivienda de Susana colapsada. Mientras la retroexcavadora retiraba lo que fue una de las habitaciones y otras dependencias, ella se resguardó en lo una vecina.

Estaba con la vista perdida. Como si lo que veía perteneciera a una película bélica y no a la habitación donde sus hijas dormían todos los días, en el Pasaje Drumond 2960.

Su marido, Juan Carlos, tiene 58 años, fue alcanzado por el agua de la caldera que estalló y esta en terapia intensiva. "Charly", como lo conocen todos en el barrio, es chofer de la línea 123 de la empresa Semtur y trabaja por las tardes.

Fue derivado al policlínico Eva Perón y presentaba el 65 por ciento del cuerpo con quemaduras. Anoche permanecía en terapia intensiva en coma farmacológico. No tiene afectado el rostro, tampoco las vías aéreas.

En estado de shock. Todavía con el pijama puesto y una campera encima, su esposa le contó a La Capital aquella ráfaga de imágenes que duró instantes, pero parecieron horas. La escena familiar de un matrimonio, sus dos hijas, un bebé de dos años y una nena de 5 años cambió para siempre y dejará marcas.

"Fue un estruendo, las cosas se nos caían encima, en medio de los gritos de mis hijas y el agua hirviendo de la caldera. La onda expansiva me tiró de la habitación", recordó. Ahí comenzó el calvario: la búsqueda de Floyd, su bebé de dos años que dormía junto a ella y desapareció en fracción de segundos.

"Empezamos a buscarlo con una de mis hijas y no lo podíamos encontrar. La explosión me había tirado hasta el paredón del patio. Trepé dos tapiales como pude, fue terrible. No lo encontraba... Empezamos con una de mis hijas a levantar bloques de escombros. Nunca tuve tanta fuerza, no sé todavía cómo hice".

En el medio de la desesperación y la búsqueda en la penumbra, la hija de Susana le pisó la manito. "Por suerte ahí gritó, y lo pudimos encontrar".

El bebé sufrió un corte en una pierna, pero se encuentra en buen estado de salud. "La onda expansiva lo tiró para el otro lado, no pensábamos que estaba allí. Quedó el nene, mi marido y arriba los escombros", relató.

Noche trágica. Susana encontró al bebé pero aún no sabía dónde estaba su marido. Cuando estalló la caldera, él dormía a su lado, luego de la explosión no pudo encantarlo.

"Me seguían cayendo escombros encima, lozas, me las pude ir sacando", vuelve a describir. La mujer fue asistida en el Hospital Provincial. Sufrió algunas escoriaciones en el rostro y un corte importante en la espalda, de punta a punta.

Tenía con su marido una semana llena de proyectos. Había programado la visita de los proveedores a su comercio, pedidos de mercadería, el trabajo en la Semtur.

"¿Sabés cuánto me va a costar volver al negocio? ¿Y mi marido a trabajar? Somos gente que vive al día, y no ahorramos nada", dijo desconsolada.

Comentarios