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Sábado 21 de Diciembre de 2013

"La buena literatura aporta mucho a la comprensión lectora"

La escritora Beatriz Actis habla de su nuevo libro, que recoge las experiencias de los talleres literarios, dentro y fuera del aula

Los buenos textos literarios pueden aportar mucho a la comprensión lectora. Esta certeza la comparte la escritora Beatriz Actis, no sólo al hablar de una problemática bien conocida, sino principalmente sobre su nuevo libro (en coautoría con Ricardo Barberis) "Las aulas de literatura. De los textos a la teoría y de la teoría a los textos" (Homo Sapiens). Un guiño para los que quieren saber los secretos de cómo funcionan los talleres literarios, dentro y fuera de la escuela.

Beatriz Actis es egresada de letras de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), especialista en enseñanza de la literatura y autora de más de 20 libros, entre ellos "Historias de fantasmas, bichos y aventuras" y "¿Qué, cómo y para qué leer?". Ricardo Barberis es también graduado en letras (UNL) y catedrático del Normal Nº 32 de Santa Fe.

En charla con LaCapital, Actis se explaya sobre algunos aspectos propios de los talleres literarios, por qué muchos se vuelcan a compartir estos espacios y cuánto puede la literatura contribuir a mejorar los niveles de comprensión lectora.

—¿Qué caracteriza a todo buen taller literario (dentro o fuera de las instituciones educativas)?

—Tiene que ser un espacio de apropiación de los lenguajes literarios. Pero con una dinámica diferente a la de leer y analizar una obra solamente. En estos espacios sigue habiendo una intencionalidad didáctica, y aunque ésta suene a "mala palabra", esta intencionalidad sigue estando. Incluso en las instancias más libres, aun lo lúdico tiene una sustancia que lleva a armar y realizar una actividad de ese tipo. La idea aquí sería jugar con lo literario, pero donde siempre haya un sustento teórico. En el libro ("Las aulas...") cito ejemplos para chicos y para adultos. Por ejemplo, jugamos a cambiar algo en un poema de Gianni Rodari. Pero en ese cambio y juego también me divierto, como se divertía Gianni con "El señor de la oreja verde", por ejemplo. De esa actividad tengo que saber que no es algo meramente voluntarista, debajo de eso está la cuestión de las rimas, el valor connotativo de los colores con el que jugaba Rodari. La literatura es una experiencia que está cargada de sentido.

—Para que no sea voluntarista o azaroso, quien coordina estos espacios debe haber pasado por esta experiencia literaria...

—Es así. Yo pateo las instituciones, las escuelas y todo el año; ahí veo que cuando hay experiencias de ese tipo es porque hay docentes entusiastas que las coordinan. Siempre hay un docente que escribe, que alguna vez fue a un taller de algo, ves que alguna experiencia tiene en el manejo de los talleres. Lo interesante sería que la escuela sistematizara estas propuestas. Es una opción y planteada de manera amplia: puede ser dentro del aula, donde se genere para todo el grupo iniciar instancia del taller; también optativa y extraescolar, dentro o fuera de la escuela, en un club o en una biblioteca. Ahora, eso sí, para que no sea voluntarista debe haber un sustrato teórico. En el caso del libro, invité a participar a Ricardo Barberis para que haga este aporte teórico necesario para los talleres. Entonces el docente que quiera tener una herramienta para implementar talleres en el ámbito que sea tiene que saber que esa sigue siendo una manera de dar clases de literatura, y para eso el libro proporciona un apéndice especial.

—¿Por qué razones hay quienes se vuelcan a los talleres literarios?

—Hay gente que quiere escribir por razones profesionales, porque ya escribe de antes y quiere publicar, pero no es la mayoría que se acerca a mis talleres, es gente que es lectora, tiene una potencialidad expresiva y que quiere seguir leyendo, conocer autores. También porque quieren largarse a escribir y quieren reordenarse a través del discurso escrito. Y un grupo te permite eso: socializar, intercambiar la mirada del otro, para cargarse de pilas para hacer las cosas.

—Más allá de los resultados de la Prueba Pisa, es sabido que hay un déficit preocupante en materia de comprensión lectora. ¿Cuánto puede aportar la ficción, la buena literatura, para subsanar esta deuda?

—La buena literatura aporta mucho a la comprensión lectora. No es lo mismo trabajar un texto académico que la comprensión de un texto literario. Hay diferencias y cada texto tiene su especificidad. Ahora bien, lo que tiene el buen texto literario es un buen nivel de sofisticación tal que es básicamente connotativo y nunca te dice literalmente lo que te dice. Para poder interpretar un texto literario hay que remontar un camino de significación, de connotaciones y alusiones muy amplios, que al final no te deja una única respuesta sino que te abre nuevos interrogantes. Entonces el ejercicio de comprensión de un texto tan sofisticado, como el literario, puede ser trasladado a la comprensión de otros textos, por más que éstos sean académicos, expositivos, etc. Si tenés en el aula un chico lector de literatura te das cuenta enseguida. Y no necesariamente tiene que ser el más inteligente. Te das cuenta porque hay una manera de preguntar al texto, porque ya sabe que no puede leer literalmente, porque si lo hace no entiende nada. Hace poco les decía como ejemplo a mis alumnos: cuando leemos el Quijote no hay una posdata que aclare "esto es una metáfora de la libertad". Vos tenés que construir que es esa metáfora, entre otras cosas. Entonces, quien está acostumbrado al conocimiento, al trato y a la interacción con el texto literario sabe que siempre tiene que jugarse más para comprender.

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