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Lunes 01 de Agosto de 2011

La bronca de los soldaditos

Una calurosa tarde de 2008, cuando el barrio salía de su conmoción por la presencia de tantos policías, un puñado de adolescentes arremetió a piedrazos contra los uniformados...

Una calurosa tarde de 2008, cuando el barrio salía de su conmoción por la presencia de tantos policías, un puñado de adolescentes arremetió a piedrazos contra los uniformados. Su intención era protestar porque se llevaban a su “patrón”. Allí, debajo de escudos que paraban las piedras, el narco que les daba trabajo en el corazón de Empalme Graneros entraba esposado a un patrullero.

Los pibes estaban enojados. Ese hombre que en el fondo de la casa tenía una cocina de cocaína era quien les daba algunos pesos y, a veces, les fiaba la porquería con la que lograban que sus mentes se alejaran de la cruel realidad social que soportaban.

Esta semana, La Capital publicó la historia de “El Ponchis”, un niño de 14 años que se convirtió en uno de los sicarios más sanguinarios de un cártel de droga mejicano. Según los estudios psicológicos, es incapaz de sentir culpa, por eso asesinaba cruelmente a sus víctimas. Su infancia había sido una pesadilla.

No tan lejos, volviendo a Empalme, los pibes que esa tarde estaban enojados vivían en una humilde barriada que se extiende paralela a calle La República. La mayoría no iba a la escuela y pasaban los días deambulando. Así, el camino hacia el delito aparecía casi como inevitable. Y el dealer del barrio era un “buen” empleador.

Detrás de cada uno de esos chicos hay historias de exclusión. Y encerrarlos cada vez más pequeños, como pide gran parte de la población, no resuelve el problema. Es fácil enojarse con quien ejerce violencia, pero habría que entender que esos pibes la soportan desde su nacimiento. La raíz del problema está lejos de resolverse. Más, si en el corazón de la barriada el narco sigue siendo el mejor ejemplo a seguir.

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