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Sábado 24 de Noviembre de 2012

La biblioteca que tiene alas

Es la Biblioteca Pocho Lepratti que desarrolla un trabajo de educación popular. Tiene un jardín y una radio. Ofrece talleres y cursos.

Hace más de diez años que en las paredes de Rosario aparece el recurrente graffiti "Pocho Vive", y el ícono en esténcil de un ángel que anda en bicicleta. Hace diez años que en el corazón del barrio Tablada existe la Biblioteca Pocho Lepratti, en Virasoro 39 bis. Una propuesta de educación popular, un jardín de infantes, un espacio de capacitación laboral, diálogo y convivencia para los vecinos del histórico barrio. Su mentor, Carlos Núñez, afirma que el trabajo se sostiene a través de los lazos que se generan.

La biblioteca funciona desde 2002 en un espacio alquilado. Dicen que la meta es contar con el edificio propio para poder garantizar continuidad al proyecto emprendido. La Pocho Lepratti fue inaugurada el 18 de octubre de 2002.

—¿Cómo logró permanencia el proyecto de la "Pocho Lepratti"?

—Siempre estamos haciendo lazos. Armar y sostener esto ha tenido que ver con eso; de hecho ahora algunos proyectos estamos articulándolos con la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Por ejemplo, el espacio de apoyo escolar está conformado por diez talleristas que provienen de esa articulación. Siempre estamos generando encuentros en distintos ámbitos, en el barrio con las escuelas, con los gremios en otro momento. Es la forma que hemos encontrado para sostenernos en estos años de nuestra historia. Los 10 años son 10 años diferentes y de aprendizaje permanente.

—¿Cómo fue el comienzo?

—Soy psicólogo, a fines de los noventa venía desarrollando una práctica de talleres con trabajadores desocupados, fue así que conocí a Pocho. Con él realizábamos trabajos en educación popular y así pude compartir su espíritu en el trabajo. Cuando lo asesinaron (2001), nosotros, sus compañeros, nos encontramos sintiendo que queríamos armar algo, construir un espacio de trabajo que tuviera que ver con algo de él, pensamos enseguida en una biblioteca y pensamos en un concepto de educación lo más amplio posible: la educación popular fue el paradigma. Cuando empezamos, esto tenía que ver con la impronta del 2001 y el post 2001, las urgencias y las emergencias que habían en todos los barrios. Acá no había nada y con nuestro grupo organizamos una serie de peñas y con lo recaudado pudimos alquilar este lugar. Por más que se hicieron muchas cosas en todo este tiempo, y hay una solidez en ciertos aspectos, seguimos alquilando este espacio, no hemos logrado aún una articulación con lo estatal para que sea propio y poder pensar con continuidad más allá de esta década. Como decía, el comienzo fue bien al estilo del 2001, se armó un roperito comunitario. Fue como instalar algo para empezar a conocernos y lo que siguió de inmediato fue un taller de apoyo escolar para los niños, otro de juegos y educación, taller de arte y muchos otros más. Desde nuestra concepción, elegimos trabajar desde la apertura de la biblioteca, con una impronta en educación. No pensamos trabajar desde las necesidades más emergentes como hubieran podido ser la alimentación por ejemplo; en este punto el trabajo de hormiga fue la metáfora ideal para responder a las necesidades educativas.

—¿Qué concepto de educación sostienen?

—Nos sigue pareciendo que la educación no sólo es la formal, la que depende de las instituciones como la escuela o la universidad, sino que el campo de los aprendizajes es muy amplio como para reducirlo a lo formal. Se trata de poder articular los saberes que vienen de distintos campos: el popular, lo cotidiano; de alguna manera eso da lugar a múltiples aprendizajes o a intercambios que aparecen como muy segmentados. Este espacio desde sus comienzos fue de intercambio, para que los sujetos puedan escucharse mutuamente y ofrecer distintas alternativas. La construcción de la biblioteca tiene que ver con eso, empezamos en 2002 con 200 libros y hoy hay casi 18 mil. La elección de esos libros también fue un tema: ver en qué poníamos la lupa, en qué nos íbamos a especializar. Por ejemplo, además de todo el material de escuela para los niños, hay materiales que a lo mejor en otras bibliotecas no existen, hay mucho sobre movimientos sociales, de educación y de comunicación popular, de perspectiva de género, toda una colección de libros sobre radios comunitarias. Hay novelas, material de estudio, siempre hemos tratado de focalizar en cinco o seis ejes que tienen que ver con educación popular y comunicación popular, derechos humanos, movimientos sociales y cuestiones que tengan que ver con políticas de inclusión social en general. Replicar esta idea de un mundo donde quepan todos los mundos.

—La propuesta educativa ha sido en expansión. ¿En qué consiste?

—Ya hace cuatro años que abrimos el jardín de infantes. Fue la primera experiencia de ir poniendo un pie en algo que tenía que ver con un espacio más formal, siempre desde la perspectiva de la educación popular. Desde muy chiquitos los niños pueden aprender cuestiones de género, con nociones que tienen que ver con la cooperación, valores de solidaridad, de derechos de la infancia, con un ámbito de cuentos en donde participan los abuelos en rondas semanales, por ejemplo. Está pensado desde una lógica cooperativa, está inscripto como jardín particular en lo que refiere a la habilitación municipal, y sustentado desde el proyecto de la biblioteca. Pasa algo similar con la FM "La hormiga" que es una radio comunitaria en donde se aborda la promoción de la lectura, hay un ámbito de lectura de cuentos para niños, se trabajan los derechos de la infancia; desde la comunicación popular se trabaja con estudiantes de comunicación social (terciarios y universitarios), con ellos abordamos la identidad del barrio, sus problemáticas como tema transversal en las producciones. Nos inscribimos con la nueva ley de medios y a partir de ahí estamos haciendo una campaña que tiene que ver con la convivencia en barrio Tablada, en plantear otra alternativa. Los medios se centran en la violencia que el barrio manifiesta, pero también hay mucha solidaridad que no se conoce.

 

Nutrida oferta de talleres
 
Además del jardín de infantes, en la biblioteca de Tablada hay una nutrida oferta de talleres, que Carlos Núñez repasa. Son los de ajedrez para niños, de canto y “guitarra sobre canciones de María Elena Walsh, un taller de la palabra y los cuentos con niños de escuelas del barrio”. También funciona un taller de alfabetización para adultos.
 
A estos espacios se suma una vez al mes una feria barrial de artesanos, con músicos y otros artistas del ámbito cultural de la zona. “Ocupamos espacios públicos e invitamos a artesanos del barrio a mostrar y vender sus productos y nosotros hacemos rondas de cuentos, promovemos la lectura, una radio abierta”, detalla Núñez.
 
Cuenta además que para los adultos hay un espacio que son los cursos de capacitación en oficios que son gratuitos y duran tres meses. “El de serigrafía textil, —cita— con estampado de remeras. Con las personas que asisten al taller abordamos la idea de una salida colectiva, de lo cooperativo. Al poder trabajar con otros se trata de ejercitar esos valores”. 
 
 También hay otros cursos que no son gratuitos, pero —explica Núñez— con las cuotas que cobran permiten que sigan funcionando.
 
Mañana, Feria Barrial en Tablada
 
Mañana desde las 15.30, en el Parque Yrigoyen (Alem y Rueda) habrá una Feria Barrial organizada por la Biblioteca Pocho Lepratti. Cecilia Piazza ofrecerá la obra de títeres “Cacareando”; habrá además rondas de cuentos infantiles, una barrileteada por los derechos de los niños, también una radio abierta, canciones con músicos populares y puestos de artesanos. 
Más información en ww.bibliopocholepratti.org.ar

 

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