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Sábado 09 de Mayo de 2015

La biblioteca de la cárcel que eligió llamarse “Federico Pagura”

El nombre lo decidieron los internos de la  Unidad 6, en homenaje al obispo metodista. Quieren contar con más posibilidades educativas.

Desde el miércoles pasado, la biblioteca de la Unidad Penitenciaria 6 se llama “Obispo Federico Pagura”, en un merecido homenaje al religioso metodista. El bautismo se hizo con un oficio interreligioso donde primó la fraternidad y se valoró la educación como posibilidad de cambio. Por eso también piden que funcione en el lugar una escuela primaria y otra secundaria.
  El clima del miércoles por la tarde era de fiesta, abundaban los abrazos sobre los saludos formales. Sobraba el afecto, sobre todo para recibir a Pagura. Sentado en primera fila y sin mediar pregunta, el obispo recorrió lo hecho en tan poco tiempo, que comenzó cuando en 2013 en la ex Alcaidía de la Unidad Regional II de Francia al 5000 se implementó el Programa de Alfabetización cubano “Yo, sí puedo”. “Desde entonces se abrió un panorama maravilloso”, festejó en voz alta.
  Más tarde, Pagura definió al trabajo que se realiza en el penal como “un llamado a la paz”. Se alegró de que la biblioteca lleve su nombre, que eso lo hayan decidido los internos y que para concretarlo se haya optado por un acto ecuménico: “Siempre que se piensa en lo religioso se lo asocia con lo oscuro. Pero no es así, hay que ver esto con buen humor” y con la posibilidad de descubrir “una vida nueva”.

Experiencia existosa. El buen horizonte que pronosticó se apoya en el impacto que ha tenido entre los internos la experiencia alfabetizadora educativa implementada. De la casi veintena de internos que se graduaron el primer año con el Programa “Yo, sí puedo” este año se anotaron para aprender a leer y a escribir 108 alumnos. El programa llegó al penal de la mano de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba, y el apoyo de otras organizaciones. Entre los presentes estaba el coordinador de esta Multisectorial, Norberto Galliotti.
  El “Yo, sí puedo” es un plan diseñado por pedagogos cubanos, que permite aprender a leer y a escribir en poco tiempo, a través de un método basado en cartillas, un audiovisual y la mediación del alfabetizador. En Santa Fe se aplicó desde 2005 y hasta diciembre de 2007, cuando asumió como gobernador Hermes Binner (era ministra de Educación Elida Rasino) y echó de la provincia a los educadores cubanos que asesoraban, además de dejar sin efecto el programa.
  “Nadie elige ser pobre o analfabeto a los 5 años”, dijo Guillermo Cabruja, coordinador del Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes), cuando arrancó el acto de imposición del nombre. Repasó la historia de la biblioteca inaugurada y destacó “el acompañamiento de Federico desde que se decidieron alfabetizar en la cárcel”. “Este es un mensaje de paz, de esperanza”, expresó sobre el proyecto que busca “mejorar las condiciones de vida, apostar al cambio de las personas” con nuevas oportunidades.
  A la Unidad 6 llegaron para acompañar al obispo Federico Pagura el padre Alejandro Saba de la Iglesia Ortodoxa; Walter Arturo Callieri de la Asociación Civil Islámica y el pastor evangélico Eduardo Rivello (Teddy). Además del arzobispo católico Eduardo Martín, quien valoró que la biblioteca lleve el nombre de Pagura, felicitó “a los muchachos que participan de estas iniciativas” y agradeció a los voluntarios que se sumaron a la idea.

Piden la escuela. El director de la Unidad 6, alcaide mayor Mario Fernández, saludó complacido que la cárcel sea noticia por estas iniciativas, además de agradecer el trabajo de voluntarios y alfabetizadores. “Estamos haciendo historia”, consideró sobre lo emprendido en materia de alfabetizar y poner al alcance de los internos la posibilidad de aprender a leer y a escribir, y acceder a una biblioteca.
  En charla con La Capital, Fernández recordó que la mayoría de los internos (434 en total) “son jóvenes, pobres y muy poco escolarizados”. “Con suerte tienen la primaria y hablar de secundario es palabra mayor”, describió. Por eso insistió con el pedido que hizo público el año pasado, cuando se inauguró la biblioteca, de contar con una escuela primaria y otra secundaria en el penal. Un reclamo amparado en el derecho a la educación en contextos de encierro, contemplado en la ley de educación nacional (26.206).
  En esa historia de abrirse a la educación, junto al “Yo, sí puedo” surgió el proyecto “Mi primer libro”, con la consigna de que la lectura sea una oportunidad, una esperanza a nuevos horizontes. Así se armó la primera biblioteca con unos 500 ejemplares donados por distintas organizaciones y particulares. Fue a fines del año pasado. Y creció: hoy tiene 1 200 libros, encontró su lugar físico en el pabellón 6 del penal y desde entonces Juan Nobile y Walter Gutiérrez son los internos que ofician de bibliotecarios. Van con un carrito de supermercado por los pabellones y ofrecen libros prestados. La idea de hacer una especie de “Biblio móvil” se las dio la Biblioteca Popular Cachilo, que al igual que otras bibliotecas populares estuvo dando una mano en este armado del espacio de lectura. Otra fue la Biblioteca Popular Alberdi, que les enseñó cómo catalogar, ordenarlos y registrar el movimiento de lecturas.

Más historias. “Lo que más piden son poesías, cuentos, libros de historia”, dice Walter Gutiérrez sobre los perfiles lectores. Ya en el patio del pabellón, otros cuatro internos, Francisco Ramón, Edgardo Fernández, Luis Delgado y Brian Villalba valoran que existan en la cárcel estos espacios, a la vez que piden más libros de novelas, de biografías, de relatos y también “con cosas prácticas, de oficios, laborales”. Un rápido recorrido por los textos cuidadosamente ordenados en los estantes muestra que si bien hay bibliografía abundante para comenzar, faltan más lecturas de ficción, de buenos autores, actuales, novelas, cuentos y biografías.
  El programa alfabetizador, la biblioteca y el trabajo de voluntarios que ofrecieron talleres escriben un mensaje de inclusión a través de la educación para quienes cumplen una condena. Bien expresaba la invitación a la actividad que circuló los días previos: “Este acto constituye una propuesta de inclusión en una ciudad que está atravesada por hechos frecuentes de inseguridad y, en la que a menudo, se insiste en eliminar focos de pobreza y exclusión, a los que se visualiza como parte de los causantes de uno de los problemas más acuciantes que aquejan a Rosario”.

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