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Domingo 27 de Abril de 2014

La bendición de Cristina

Las acusaciones a la prensa de precipitar la danza de nombres han quedado desautorizadas con todos y cada uno de los precandidatos que ya no ocultan sus intenciones.

La campaña presidencial está absolutamente lanzada. Las acusaciones a la prensa de precipitar la danza de nombres han quedado desautorizadas con todos y cada uno de los precandidatos que ya no ocultan sus intenciones. Y eso no es nada malo. Estamos a un año más unos pocos días de la internas abiertas y sería deseable que los aspiren a manejar el país empiecen a concretar de qué forma piensan hacerlo. Aquí el problema. Muchos se han subido a las aspiraciones. Pocos presentan ideas a no ser los que hablan amparados por campañas marketineras plagadas de lugares comunes, sonrisas ensayadas y desconocimiento de fondo sobre los temas.

¿Tiene Cristina Kirchner un candidato favorito? “La jefa hubiera deseado que fuese Axel”, dice un alto asesor de la Casa Rosada. “O si no, el Chino”, concluye. Afortunadamente tal deseo es expresado en tiempo pasado porque de otra forma sería inexplicable que en los pasillos de la sede del gobierno se pensase en una hipótesis tan alejada o refractaria con la realidad. ¿Alguien en serio cree que el ministro de Economía puede aspirar con deseos de una performance aceptable a ser candidato a presidente? ¿O que el secretario Carlos Zanini tiene alguna posibilidad de competir? No hay que bucear demasiado en las encuestas (en ambos casos, fueron “medidos” con resultados paupérrimos) para darse cuenta de que eso es imposible. Basta con asomarse a la calle y auscultar lo que pasa de primera mano. Lo grave no es la idea en sí sino que su formulación pueda representar lo alejado de la realidad que se está en las más poderosas áreas del poder K.

Despejadas estas propuestas oníricas, las opciones que quedan tampoco son del gusto completo de la primera mandataria. “Scioli no pasa por el colador kirchnerista”, dice la misma fuente en absoluta reserva. “No es ideológico ni metodológico: le temen a la traición”, explica el asesor. Es raro que el gobierno siga pidiéndole pruebas de lealtad del gobernador de Buenos Aires que soportó desplantes y humillaciones en su cargo y cuando fue vicepresidente. Nadie olvida, por ejemplo, la felpeada que le propinara desde su banca la entonces senadora Cristina Fernández recibida con cara de póker por el presidente de la cámara, Daniel Scioli. O los aprietes con la caja desde Balcarce 50 que paralizaron la provincia. Sin embargo, el temor es que una vez retirada la presidenta de su cargo, el ex motonauta no detenga la andanada de juicios sobre los principales actores de estos años de gobierno.

La justicia ya está calentando motores para darle energía a los procesos que por temor, por la admonición de la Afip o por lo que fuera duermen en cajones especiales a salvo de la prescripción. Las causas contra Ricardo Jaime y los pedidos contra el número dos de Zanini, Carlos Liuzzi, son apenas la punta de un explosivo iceberg que espera paciente el 10 de diciembre de 2015. De paso, las declaraciones de esta semana del ex secretario de Transporte respecto de que no tiene cargo de conciencia por lo actuado y que todo lo hecho respondía a expresas directivas de Néstor y Cristina Kirchner sonaron más a amenaza que a estrategia defensiva. Otros, más maquiavélicos, vieron en el procesamiento dispuesto por el juez de buenos vínculos con la juventud camporista una advertencia a Jaime para que deje de hablar. Todo, en su caso, muy transparente y republicano.

Sergio Urribarri ya casi está fuera de carrera. Ni como gobernador entrerriano ni como el beneficiado de tanta publicidad oficial en medios nacionales logró despegar. Aníbal Fernández juega a la pirotecnia dialéctica con su candidatura y nadie toma en serio su postulación. Florencio Randazzo se consolida como una opción seria. Desde su cargo, gestiona. Al menos en transporte, porque su cartera política ha quedado sumida en un segundo plano. Y fue bien recibida por el electorado su posición contraria a demonizar el Frente amplio Unen, como hizo Jorge Capitanich y su realista y contundente visión de que la inseguridad es un hecho inocultable. Algunos creen que la propia Cristina lo mandó a desmarcarse. Eso no es cierto. Randazzo piensa en serio lo que dijo y asume el costo de decirlo aunque contradiga nada menos que a su jefa.

Por fin, en el espectro kirchnerista queda el jefe de gabinete. “No va a renunciar salvo que ocurra algo tremendo. Si lo hace, termina su aspiración de ser presidente”, confiesa con igual reserva el asesor consultado en la Casa Rosada. Capitanich tuvo muchas ganas de irse de su despacho hastiado de consensuar decisiones con la presidenta que luego se cambian por visiones de último momento del entorno familiar de Cristina.

En suma, la primera mandataria no tiene “in péctore” a nadie. Esperará a que lleguen las internas abiertas (algún gobernador puede sumarse a la carrera) porque eso le ayudará a estirar su capacidad de gobierno y un eventual gesto de bendición al candidato con más votos. La gran pregunta es saber si un abrazo de la doctora Kirchner suma votos por fuera del electorado duro kirchnerista o espanta a los indecisos.

¿Y el resto? El reflector político más luminoso de esta semana se posó sobre el Frente Amplio Unen. Por un lado, es saludable que estos ocho partidos converjan en un espacio de trabajo común. ¿O no se ha reclamado tanto por la insostenible fragmentación partidaria? Por el otro, no se puede evitar decir que falta aún mucha amalgama entre los dirigentes de la agrupación para pensarla como tal. El radicalismo, el socialismo y el resto se enteraron por los diarios que Elisa Carrió quiere ser gobernadora de Buenos Aires. La candidata natural a ese puesto Margarita Stolbizer (una gran dirigente con propuestas serias) ya había dicho que Lilita tiende a dinamitar los puentes que ella misma construye. Hermes Binner tiene un diálogo difícil con los radicales, especialmente con Ernesto Sanz y Gerardo Morales, quienes lo miran en privado con desconfianza. Y a Julio Cobos le gustaría tener como compañera de fórmula a Gabriela Michetti, del PRO, cosa anatematizada de movida como causal de disolución del FAU. El movimiento de unidad luce precario. Habrá que dejarlo andar.

Mauricio Macri, repuesto del disparatado elogio al trasero femenino con una disculpa que se agradece por lo infrecuente en la política, tiene muchos problemas internos en su partido. La Capital Federal está plagada de aspirantes del PRO que lo tironean de todos los lados. Y Macri, se sabe, no es de los que invierten sus 24 horas en la contienda política. Sergio Massa empezó a recorrer el país y se sigue escudado en los trabajos de focus group que le preparan sus asesores, respondiendo de manera muy articulada a cada tópico que se le presenta. No siempre decir lo que se espera es lucrativo, porque las mayorías esperan muchas cosas. Inclusos contradictorias. Un dirigente en serio no debe provocar con su egocentrismo pero tampoco ser esclavo de los sondeos y de las encuestas. Claro que si se miran los números actuales en las preferencias electorales, el ex intendente de Tigre cosecha con su estrategia mucho más de lo que pierde. Y la única verdad suele ser la realidad. Al menos hasta ahora.

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