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Martes 09 de Febrero de 2016

La batalla de Bernie Sanders

El aspirante del Partido Demócrata a la Casa Blanca no solamente enfrenta en las primarias a Hillary Clinton, sino que también se planta de cara al mercado en defensa de la clase media estadounidense.

Según cuenta el periodista y escritor canadiense Daniel Estulin en su libro "La historia definitiva del Club Bilderberg" (Booket-Planeta, 2011), con el paso de los años el Club Bilderberg dejó de ser un lugar de análisis de la realidad global para convertirse en un centro de decisiones que opera asistido por las comunicaciones y la tecnología. Estulin opina que el club acaricia la idea de una suerte de monopolio planetario que, al igual que las empresas a las que emula, pretende perpetuarse para controlar gobiernos, el sistema monetario e incluso la propiedad. Si bien la idea puede parecer digna de un argumento de ficción, por lo extrema, los movimientos financieros que están conmoviendo al mundo en la última década parecen avalar la hipótesis de la investigación de Estulin.

"Así —escribe Estulin—, no debería sorprendernos que lo que los financieros internacionales favorecen en la formación de una "compañía mundial" de cárteles es su capacidad de controlar las finanzas, los mercados, los recursos naturales y, en última instancia, la población de todo el mundo". De esto se deduce la ambición de una gobernanza que busca el control de la población y, por sobre todas las cosas, la competencia.

En la reunión del año 2008, el del inicio de esta gran crisis, se evaluaron en el seno del club las líneas maestras para una eventual ecoguerra con China. En ese encuentro se afirmó, según afirma en su libro Estulin, que "las guerras del futuro se librarán principalmente por medios económicos" y se consideró de gran relevancia estratégica las medidas económicas para ganar la guerra.

La ecoguerra a la que se refiere no es una entelequia. En la serie para televisión Malas noticias (Too big to fail), que reconstruye cronológicamente los hechos que provocaron el crash económico de 2008 desde la perspectiva de Henry Paulson, secretario del Tesoro durante el gobierno de George W. Bush. En la serie Paulson, interpretado por el actor William Hurt, se reúne en Pekín con su homólogo chino que le pide explicaciones por las pérdidas que están sufriendo los bonos de Freddie Mac y Fannie Mae, dos empresas de crédito hipotecario intervenidas por el Estado estadounidense. El gobierno chino poseía una gran cantidad de bonos de ambas compañías y mostraba su preocupación. Paulson le responde que el mercado se estabilizará y que sólo necesita tiempo. El funcionario chino le replica con una amenaza: "Rusia nos está presionando para que soltemos al mercado cientos de millones de bonos". Paulson empalidece y murmura que eso sería el caos. El chino sonríe, lo contiene y suelta una ironía: "Parece que en tu país tampoco es tan simple la relación entre el gobierno y la empresa privada".

En el documental Inside Job —que analiza la crisis desde sus orígenes y pone como una de sus cotas de inicio de la misma el año 1981 cuando Ronald Reagan nombra como secretario del Tesoro a Donald Regan y da comienzo a la desregularización— es entrevistado Andrew Sheng, titular de la autoridad bancaria china en quien está inspirado el interlocutor de Paulson en Malas Noticias. Sheng declara: "Los físicos y los matemáticos dejaron de desarrollar nuevas tecnologías para la guerra fría y ahora trabajan para aplicarla en los mercados financieros: crean armas financieras". El multimillonario Warren Buffet las llama armas de destrucción masiva. Andrew Sheng también opina que en los mercados no se busca otra cosa que obtener enormes ganancias privadas con pérdidas públicas. Visto de esta manera el entramado económico, es entendible cómo se somete al poder político desde el mercado financiero. Si el disparo de salida lo ejecutó Reagan nombrando a Donald Regan, ex presidente de Merrill Lynch, como secretario del Tesoro, si Henry Paulson, que ocupó el cargo con Bush e inyectó 700.000 millones de dólares públicos para salvar la economía, fue presidente ejecutivo de Goldman Sachs, si Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, fue vicepresidente también de Goldman Sachs, si Mario Monti, primer ministro y titular de la cartera económica de Italia, fue director europeo de la Comisión Trilateral, miembro del Club Bilderberg y asesor de Goldman Sachs (durante el período en que el banco ayudó a ocultar el déficit del gobierno griego de Kostas Karamanlis); si el ministro de Economía de España, Luis de Guindos, ha sido asesor europeo de Lehman Brothers hasta su quiebra y el ministro argentino de Hacienda y Finanzas, Alfredo Prat Gay fue director de estrategia de J.P. Morgan, y tantos funcionarios se desplazan desde el corazón del mercado financiero al centro del poder político, cuesta mucho pensar, por una parte, que la tesis de Daniel Estulin es peregrina, y por otra, que es efímera. "Este desastre nos va a dar mucho dinero", afirma Jeremy Irons en la película Margin Call, encarnando a Richard Fuld, el presidente de Lermahn Brothers­ llevó el banco a la quiebra.

Para Ralf Dahrendorf el economicismo es pensamiento económico como ideología política. Son los tecnócratas, entonces, quienes diseñan las estrategias y no los políticos. Vivimos en un mundo cuyo eje está en el encuentro de los primeros en Davos y en el desencuentro habitual de los segundos en Naciones Unidas.

Gobiernan los CEO's. Lo dice con ironía Beatriz Sarlo del actual gabinete del gobierno nacional: tienen un CEO para cada área de gestión menos para la esencial: la política.

Ante el fallo del Tribunal Supremo estadounidense que da vía libre a la financiación privada de las campañas electorales, James Carter ha dicho hace unos días que "los millonarios puedan aportar cantidades ilimitadas de dinero permite al soborno legalizado la oportunidad de prevalecer. Porque todos los candidatos, sean honestos o no, sean demócratas o republicanos, dependen de que los muy ricos inyecten cantidades masivas de dinero para poder lanzar su campaña".

Bernie Sanders, el aspirante demócrata a la Casa Blanca, en las primarias no sólo se enfrenta a Hillary Clinton, Sanders planta cara al mercado: "La avaricia, la arrogancia, el fraude y la deshonra son las palabras que describen a los negocios de Wall Street, que sólo se preocupa por complacer a las corporaciones bancarias y destruye la clase media estadounidense".

Carter y Sanders no son sólo demócratas por filiación partidaria, lo son en el sentido de que interpretan a la democracia como ámbito en el que el mercado debe ajustarse a una regulación y no viceversa.

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