Acoso sexual
Sábado 22 de Octubre de 2016

La banalidad de la política

En foco. Hillary Clinton busca votos en la clase media norteamericana. Donald Trump entre los afroamericanos y latinos que siempre despreció. El último debate entre los candidatos presidenciales no arrojó nada nuevo. Es una de las peores campañas de las últimas décadas con acusaciones que van más allá de lo ideológico. .

Si en la Argentina la última campaña electoral presidencial dejó un sabor amargo porque las imputaciones cruzadas entre Mauricio Macri y Daniel Scioli fueron más allá de los estrictamente político, el escenario de los Estados Unidos, donde en dos semanas se elegirá al sucesor de Barack Obama, ha traspasado lo imaginable.

La principal temática de las divergencias entre Donald Trump y Hillary Clinton ha virado hacia la actividad sexual de ellos mismos o de sus parejas, con lo que el verdadero enfrentamiento en el campo de las ideas ha quedado reducido a la peor basura. Un electorado de millones de personas es sometido diariamente a revelaciones que han permanecido ocultas, o tapadas por los medios de comunicación, y ahora resurgen en favor o en contra de los candidatos.

El pico máximo de tensión se originó hace unos días cuando The Washington Post, muy ligado al establishment, difundió una grabación donde se lo escucha a Trump hablar con un presentador televisivo sobre su frustrada intención de irse a la cama con una mujer casada. Lo que se escuchó de Trump ("Cuando eres una estrella ellas te dejan hacerlo. Uno puede hacer lo que quiera") no debería sorprender a nadie porque a lo largo de su ascenso político pronunció frases peores que esa y no sólo en el campo de las relaciones entre hombres y mujeres sino sobre el desprecio al inmigrante y a todo lo que represente lo que ahora se denomina la "otredad", que incluye el sexo, el color de piel, el origen étnico y la condición social. Es decir, un discurso propio del anacronismo más profundo. ¿El diario que difundió el video contribuyó a elevar el tono de la campaña o simplemente se lo ofreció al público para golpear a Trump y favorecer a Clinton? ¿En una sociedad machista ese diálogo lascivo perjudicó o favoreció al candidato republicano? El 8 de noviembre, cuando se abran las urnas, se sabrá.

El contraataque. Tras pedir perdón y señalar que el comentario subido de tono ocurrió hace once años (como si ahora no pensara lo mismo), Trump incurrió en una estrategia similar, ya no atacando directamente a Hillary, sino enfocando en las acciones en materia sexual de su marido Bill Clinton.

Los asesores de Trump le han recomendado hablar de las infidelidades del ex presidente norteamericano, especialmente con la ex becaria Monica Lewinsky. También de una mujer que demandó a Clinton por acoso sexual cuando era gobernador de Arkansas y de una artista de cabaret con la que tuvo alguna relación amorosa. Lo insólito de la situación es que Bill no es el candidato, sino su esposa Hillary.

No sería extraño que la estupidez del enfrentamiento, que ya dejó ser de político y en torno a las ideas, si aún quedan algunas, derive en una presentación televisiva de último momento de Monica Lewinsky donde relate con detalles inéditos lo que ocurrió en el salón Oval de la Casa Blanca mientras Hillary se ocupaba de la cocina y de su hija. Todos los protagonistas de estas historias están al acecho de obtener beneficios económicos, de los cuales hay gran abundancia en tiempos electorales.

Sin embargo, quienes no especulan con la actividad sexual de los candidatos o sus parejas sino que ven un escenario plagado de incertidumbre y en donde se banalizan profundas problemáticas actuales, han salido a reaccionar con fuerza, incluso trayendo a la actualidad historias dramáticas de vida que habían permanecido ocultas por décadas. Ese fue el caso de Michelle Bowdler, miembro de la organización Rape Kit Action Project, que lucha contra el abuso sexual de las mujeres. En un artículo de opinión que publicó en The New York Times, con su foto, y que tituló "Por qué las palabras de Trump son importantes", reveló aspectos privados de su juventud. "Mientras que la mayoría de mis amigos y colegas saben que fui violada durante un violento ataque en mi casa en mis veinte años y casi me matan, ellos no conocen la historia. Ellos no conocen esta historia porque era un momento de vergüenza y terror para mí que sólo se lo he dicho a dos personas en más de 30 años —mi marido y un terapeuta— y sigue siendo la cosa más difícil de la que he hablado en voz alta. Se mantiene hasta hoy en día como lo más difícil de decir, pero debido al intento de reducir al mínimo las palabras de Donald Trump (el diálogo que filtró el diario) como un "locker room banter" (algo así como bromas de vestuario), es el momento de hablar de lo que antes era indescriptible para mí. Por eso los exhorto a votar como si su vida dependiera de ello", escribió.

La lamentable campaña política también giró en torno a un tema crucial en la sociedad norteamericana: el consumo de drogas. Y en ese aspecto Trump no podía fallar a la hora de enarbolar lo peor de su estrategia al sugerir que Hillary había consumido alguna sustancia antes del segundo debate televisivo. Trump pidió que ambos sean sometidos a exámenes para determinar si consumen drogas, prueba que seguramente no pasaría la mitad de los asesores de ambos candidatos. Es absolutamente conocido cómo en todos los niveles de la sociedad el consumo de estimulantes está generalizado y la política es un lugar donde el estrés, la excitación o la depresión y la permanente demanda de energía promueven la utilización de distintas drogas.

El último. En el tercer y último debate del miércoles pasado ambos candidatos bajaron un poco el tono de las acusaciones, pero repitieron una y otra vez lo que ya han venido diciendo desde el lanzamiento de las primarias. Hillary pareció enfocar su discurso en la clase media al repetir varias veces que los más ricos deben pagar más impuestos, una verdad más que obvia pero que se cumple en pocos países, incluido la Argentina, donde aún el sistema tributario no ha logrado recaudar fondos para el impuesto a las ganancias entre los miembros del Poder Judicial.

Trump increíblemente dijo ser la persona que más respeta a las mujeres (causó hilaridad entre el público) y también les prometió a los afroamericanos y a los latinos que bajo su gobierno vivirían mejor. El magnate republicano sabe que si no obtiene votos de esas franjas sociales su elección estará en peligro. Y no tuvo problemas de mentirles con hipocresía después de meses de sostener un discurso xenófobo. Tampoco en anunciar que no sabe si aceptará el resultado electoral, con lo que abrió una grieta más en un país con histórico respeto (interno, no así en otras parte del mundo) por la democracia.

El mundo espera. Mientras los norteamericanos asisten a la campaña más baja intelectualmente en décadas, el establishment de los países industrializados, sobre todo el ligado a las grandes corporaciones industriales y financieras, se mantiene en alerta y espera el resultado con ansiedad. Clinton les ofrece garantía de previsibilidad y por eso recibe el apoyo de un amplio espectro de la sociedad que incluye a conservadores y también votantes de los republicanos, que escuchan de Trump un discurso peligroso para sus intereses.

Algunas encuestas predicen un amplio triunfo de Clinton, otras que ambos están parejos. Como se ha comprobado en el plebiscito de Colombia a principios de este mes, las predicciones fallan y sobre último momento podría también haber sorpresas. Se espera que no sucedan.

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