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Viernes 04 de Diciembre de 2009

La autonomía de Rosario

¿Quién le teme a la autonomía municipal de Rosario? Si bien públicamente todos dicen estar de acuerdo ésta nunca se concreta. Es que hay poderes tradicionales que evidentemente buscan frenar cualquier aspiración en este sentido de la ciudad más grande de la provincia. La corporación política, empresaria, sindical y judicial de la ciudad de Santa Fe no quiere ni hablar del tema. Incluso, el socialismo, gran impulsor del proyecto de autonomía durante todos los años de gobiernos provinciales justicialistas, ahora parece haber guardado el asunto en el cajón de los recuerdos...  

¿Quién le teme a la autonomía municipal de Rosario? Si bien públicamente todos dicen estar de acuerdo ésta nunca se concreta. Es que hay poderes tradicionales que evidentemente buscan frenar cualquier aspiración en este sentido de la ciudad más grande de la provincia. La corporación política, empresaria, sindical y judicial de la ciudad de Santa Fe no quiere ni hablar del tema. Incluso, el socialismo, gran impulsor del proyecto de autonomía durante todos los años de gobiernos provinciales justicialistas, ahora parece haber guardado el asunto en el cajón de los recuerdos.

¿En qué quedó la audaz ofensiva del intendente Lifschitz allá por marzo de 2004 cuando convocó a un plebiscito donde los rosarinos iban a tener la posibilidad de pronunciarse sobre la necesidad de que la Municipalidad de Rosario tuviera autonomía política y económica con respecto al Estado provincial? La consulta popular, luego “suspendida provisoriamente”, buscaba presionar al gobierno justicialista para que acceda a una reforma constitucional que incluya la autonomía de los municipios. Ahora, con un gobierno santafesino del mismo color político, Lifschitz ya casi ni habla del tema y mucho menos se le ocurre hablar de plebiscito.

Rosario ha sido perjudicada históricamente por la administración provincial con sede en la ciudad de Santa Fe. Sólo basta hacer un análisis de la distribución geográfica del presupuesto provincial para comprobarlo una vez más. Y esta situación continúa sin modificarse hasta el día de hoy con el gobierno de Binner.

Por todo ello existe en los rosarinos un fuerte reclamo de antaño por la autonomía municipal, que por otra parte está contemplada en el artículo Nº123 de la Constitución nacional reformada en 1994, justamente en la misma ciudad de Santa Fe.

¿Por qué una ciudad de las dimensiones de Rosario tiene que pedir permiso a la provincia para solicitar un crédito a organismos internacionales? ¿Por qué Rosario no se puede hacer cargo de sus servicios públicos (electricidad, provisión de agua potable y tareas de saneamiento) y de las obras de infraestructura? ¿Por qué no puede tener una policía comunitaria cercana al vecino que resuelva los pequeños delitos? ¿Por qué no podemos tener una Justicia comunal? ¿Por qué las habilitaciones de industrias, comercios y emprendimientos también dependen de regulaciones provinciales? ¿Por qué no podemos los habitantes de Rosario decidir nuestra forma de gobierno, tener nuestra constitución, un sistema tributario propio? ¡Hasta para expropiar un inmueble el municipio tiene que pedir permiso al Estado provincial!

Hablar de autonomía municipal en la provincia de Santa Fe afecta los intereses de sectores tradicionales, ya que plantearía un nuevo reparto del poder y redefiniría geopolíticamente el territorio provincial.

En una de las últimas encuestas de opinión sobre el tema, los rosarinos expresaron que no les basta con reclamar la autonomía, la mayoría ya desea separarse de la provincia de Santa Fe. Más que una manifestación racional (básicamente se trata de algo impracticable), esto es una genuina expresión de un estado de bronca. ¡Y atención!, este sentimiento sigue latente más allá de que ahora en Rosario y en la provincia haya gobiernos del mismo color político.

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