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Viernes 30 de Abril de 2010

"La aldea": un mundo para sentirse seguros

Por Darío Barriera (*) / Las primeras imágenes de La Aldea (2004) hablan de una pequeña comunidad rural cuya vida parece transcurrir a fines del siglo XIX. El paisaje es bucólico: una pradera verde, suavemente ondulada, apenas salpicada por cabañas con chimeneas, sugiere interiores cálidos y exteriores apacibles. Una propaganda actual que promociona la vida en un country en los alrededores de una gran ciudad sigue estos cánones.

Las primeras imágenes de La Aldea (2004) hablan de una pequeña comunidad rural cuya vida parece transcurrir a fines del siglo XIX. El paisaje es bucólico: una pradera verde, suavemente ondulada, apenas salpicada por cabañas con chimeneas, sugiere interiores cálidos y exteriores apacibles. Una propaganda actual que promociona la vida en un country en los alrededores de una gran ciudad sigue estos cánones.

Enseguida sabremos que este paisaje está territorialmente delimitado, está habitado por campesinos que se gobiernan por un consejo de familias que ha elaborado reglas claras y que esta comunidad tiene miedo. Este miedo lo encarnan otros que, como el diablo, son innombrables y se refleja en prohibiciones sobre "lo rojo", en la interdicción más absoluta de atravesar un perímetro; y sobre todo está prohibido entrar al bosque.

Una situación extrema —la vida de un joven está en juego— obliga a los guardianes del orden a tomar la decisión: alguien debe atravesar el bosque —territorio de lo prohibido por excelencia en el imaginario medieval— y llegar "afuera" para conseguir una medicina. La elegida es una muchacha ciega. Su salida revela que la aldea del siglo XIX era una decisión tomada por un grupo de vecinos acobardados por la "inseguridad".

M. Night Shyamalan es el director de esta joya cinematográfica. Las metáforas de la creación de un mundo seguro a partir de la autorreclusión y del gobierno de la mentira y el miedo hacen de La Aldea una película útil para reflexionar sobre la particular manera en que se presenta mediáticamente "la inseguridad" y, sobre todo, para pensar cuidadosamente ciertas soluciones mágicas que algunos ofrecen para construir un mundo que suponen seguro.

(*) Historiador, UNR-Conicet

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