Ovación
Viernes 11 de Noviembre de 2016

La abismal diferencia que terminó en desastre para Argentina

La selección argentina dio todas las ventajas, cometió un sinfín de errores y sufrió la efectividad de Brasil

El desastre comenzó con un minuto bien diferente. En un arco y otro. Con los protagonistas máximos como asistidores, la diferencia fue el remate. El de Lucas Biglia, potente, encontró las manos del arquero Allison. El de Coutinho, con categoría, infló la red. El 1-0 de Brasil, sin merecerlo. Pero gol al fin, y es lo que más vale. Pero no quedó ahí, que a la luz de lo que sucedió hubiese sido bárbaro. Después la diferencia fue abismal y el 3 a 0 de Brasil se quedó cortísimo porque Argentina fue un equipito, esperanzado en que tiene al mejor del mundo, pero ese lugar ayer fue ocupado por otro: Neymar.

Hasta ese gol desequilibrante estaba mejor parada Argentina, moviendo la pelota, jugando en campo adversario, y con un dueño de casa esperando sin desesperar, apostando a una pelota, a una contra. Un sistema que impuso el técnico Tite, que no es el del conocido Brasil pero que le da resultado. Y todos contentos.

Sí, los dueños de casa. Por estos lados, a remarla contra la corriente. A esperar que una genialidad de Messi pudiera llevar peligro al frente de ataque. No estaba lejos el resultado, podía aparecer un tiro libre como el de los 35', pero chocó con la barrera. Pero también podía venir una contra, como la que se dio un par de minutos después y el palo izquierdo ayudó a devolver el remate de Neymar, en una gran jugada por derecha.

El tema era no caer en la tentación de pensar sólo en ofensiva. Evitar los errores innecesarios. Como no dejar una jugada de lateral en los pies de un brasileño. Pero pasó. Y el equipo del Patón lo pagó carísimo.

En la última jugada, cuando el cartel ya marcaba un minuto adicional, el pibe Jesús asistió como los dioses a Neymar y listo: 2-0 con una definición a lo Valdano en el Mundial 86 contra los alemanes, mano a mano con Romero y a llenarse la boca de gol, el número 50 de la estrella brasileña con la amarilla.

Bauza ya había mandado a calentar a todos los del banco a los 38'. Se venían variantes. Y hubo. Debía ser por partida doble, para ver si también alcanzaba para marcar los dos goles para empatar. Obviamente, un resultadazo si se daba. Pero el entrenador sólo cambió a Enzo Pérez (bien hasta el primer gol, mal después) y metió al Kun Agüero para atacar más. Pero uno de los tantos cuestionados no aportó nada.

Y lo malo fue que el reloj avanzó rápido, enseguida se hicieron ocho minutos y sólo hubo una amarilla a Marcelo por falta al Kun, pero sin efecto. Encima, la mejor había sido de Neymar en una corrida que Jesús no pudo conectar con precisión a los 2'.

Para peor, el tercer gol se veía venir. Zabaleta la sacó en la línea impidiendo la conquista de Paulinho, Dani Alves asustó con un tiro libre y la yeta (13') cayó con todo: Marcelo la cruzó, Renato Augusto la puso al medio y ahí Paulinho sentenció.

Partido liquidado. Y quedaba más de media hora. Y el reloj parecía tener un tiempo eterno. Entonces, a rezar para no recibir más goles, que son valiosos para la diferencia de goles con la que se definen las posiciones igualadas, hoy empeorada considerablemente y en el sexto puesto.

Y con el equipo descontrolado todo podía pasar. Si hasta Higuaín le fue a pegar a Neymar porque gozaba.

A los 33' Brasil no metió el cuarto porque Neymar lo quiso hacer entrando con pelota y todo, y en cada intento local hubo olor a gol. Ni hablar cuando la tocó el 10.

¿Y el otro 10? ¿Messi? Habrá dicho... "¿qué hago en el medio de esto?". Y la respuesta tendrá que encontrarla con Bauza. Solo no puede.

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