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Sábado 05 de Octubre de 2013

Kazi, el sin gracia

Por Rosa María Torres / Un niño, una historia y muchas preguntas que quedan sobre las realidades en que viven las infancias

Como parte de la visita a la escuela, los profesores han preparado un conjunto de actividades a las que denominan "co-curriculares". Uno por uno los alumnos van pasando adelante a cantar, recitar, bailar, hacer acrobacias y demostraciones de atletismo. Un trío de niñas canta una canción típica de Bangladesh. Una pareja de niño y niña baila al son de la música cantada por el resto. Varios niños nos muestran sus habilidades para la gimnasia. Un niña pequeña hace contorsionismo. Otra me entrega una flor. En el fondo de la clase percibo a un niño que no se ha movido de su asiento. Le invito a acercarse.

"El es muy tímido y no sabe hacer ninguna gracia", me susurra al oído la profesora. Terminada la visita a la escuela, expreso al director y a los profesores mi deseo de recorrer brevemente el barrio. Barrio marginal en las afueras de Dhaka, capital de Bangladesh. Barrio extremadamente pobre, maloliente, sin agua potable, luz ni alcantarillado, repleto de basura por todas partes, asentado sobre el río, literalmente flotando sobre el río. Casas difíciles de ser llamadas tales, apretujadas unas contra otras y alineadas en hileras a ambos costados del camino de tierra. En vez de calles, troncos flotantes. Cada paso es una posibilidad de resbalar en el tronco y meter el pie en el agua, agua sucia, empozada, a la que van a parar desperdicios y excrementos.

Al pasar por una de estas casas diviso, adentro, al niño tímido que no sabe hacer ninguna gracia. Papá y mamá se me unen enseguida; los vecinos se agolpan a nuestro alrededor. A una voz todos empiezan a contarme que Kazi —ese es su nombre— está enseñando a leer y escribir a su familia y a todo el vecindario. Los ha distribuido por grupos de edad —niños, adultos y ancianos— y les enseña en su casa, desde que llega de la escuela hasta la noche. Kazi es el primer y único miembro de su familia que va a la escuela, y el único en todo el vecindario que sabe leer y escribir.

"El es un buen alumno y un buen hijo", dice la madre.

"El es nuestro orgullo", dice el padre.

"El es nuestra salvación", dice una señora mayor. "Gracias a él he aprendido a escribir mi nombre".

"Kazi no aprende sólo para él; aprende para todos nosotros", agrega un señor de mediana edad.

"El dice que nos va a sacar un día de aquí, que para eso tenemos que estudiar, aprender a leer y escribir", dice emocionada una mujer joven.

Pequeño, escuálido, débil, tímido, sin gracia conocida o aparente, Kazi es en verdad un dechado de gracia, un niño especial, un héroe, un líder en su vecindario, un personaje extraordinario. Sus profesores y yo jamás lo habríamos sabido de no haber salido ese día a explorar su barrio, a reconocer sus territorios.

Artículo del blog otra-educacion.blogspot.com publicado con autorización de su autora.

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